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“No puedo creer que vivamos aquí”: esta pareja cambió Florida por Grecia y no miró hacia atrás

Por Tamara Hardingham-Gill, CNN

Hace dos años, Jeffrey Davidson y Walter Zak ni siquiera habían pisado Grecia. Sin embargo, la pareja que anteriormente residía en Orlando, Florida, ahora está felizmente establecida en la región del Peloponeso y no se imagina marcharse nunca.

Ya jubilados, Jeffrey y Walter disfrutan estar rodeados de la rica historia de Grecia y de lo que describen como la “maravillosa energía caótica” de este país europeo.

Pasan sus días relajándose en su casa de la localidad costera de Akrata, donde viven desde abril, explorando los lugares de interés de la zona o haciendo excursiones de un día a ciudades cercanas, como Atenas, la capital griega.

“Vivíamos en un mundo de fantasía”, comenta Jeffrey, de 62 años, a CNN Travel sobre su anterior residencia cerca de Walt Disney World y otros parques temáticos de Estados Unidos.

“Ahora, en cualquier dirección, nos topamos con ruinas de hace miles de años”.

La pareja se conoció hace unos 32 años.

“Sabíamos que éramos almas gemelas”, dice Jeffrey. “Y hemos estado juntos desde entonces”.

Ambos trabajaban en el sector de la hostelería y habían construido una vida feliz en Florida, donde vivieron juntos durante tres décadas; sin embargo, al acercarse a la etapa de su jubilación, la pareja estaba lista para una nueva aventura.

“Siempre habíamos pensado en mudarnos al extranjero”, comenta Walter, de 57 años. “No por querer irnos de Estados Unidos, sino simplemente por vivir algo diferente”.

Explica además que habían viajado mucho juntos y que les encantaba conocer a personas de diversas culturas y procedencias.

De hecho, en un principio tenían la ilusión de trasladarse a uno de sus destinos vacacionales favoritos: la isla caribeña de San Martín, famosa por albergar la playa de Maho, donde los aviones sobrevuelan la arena a una altura increíblemente baja.

Sin embargo, el coste del traslado y la amenaza de los huracanes acabaron llevándoles a descartar esa opción.

“Aquí también tenemos problemas con terremotos e incendios forestales”, admite Walter. “Pero al menos tienes adónde ir; cuando estás en una isla, la situación es un poco distinta”.

Aunque Walter es de ascendencia griega, Grecia no figuraba realmente entre sus planes como posible lugar de retiro hasta que realizaron su primer viaje al país europeo en 2024 para celebrar su 30.º aniversario.

La pareja hizo un crucero de diez días por las islas griegas y visitó también Salónica, la ciudad donde nació el abuelo de Walter.

Pese a que solo estuvieron dos semanas en Grecia, ambos se enamoraron del país y empezaron a preguntarse cómo sería vivir allí.

“Nos gustó el ritmo de vida”, dice Walter. “Nos gustó la gente. Nos gustó lo que vimos”.

Sin embargo, recalca que “un viaje no define una vida”, y querían asegurarse de que mudarse a Grecia realmente tuviera sentido para ellos antes de dar el paso definitivo.

Al regresar a Estados Unidos, Walter “empezó a investigar a fondo” para ver si la idea era financieramente viable. Descubrieron que cumplían los requisitos para obtener la “Golden Visa” de Grecia, que permite a ciudadanos de fuera de la UE obtener la residencia europea mediante inversiones inmobiliarias. Para ello, la inversión mínima oscila entre 250.000 y 800.000 euros, dependiendo de la ubicación, el tipo de propiedad y el tamaño.

Aproximadamente un año después de su visita, Walter le preguntó casualmente a un atónito Jeffrey si quería jubilarse anticipadamente y mudarse a Grecia.

“Me dijo que nos mudaríamos a Grecia en cuanto vendiera mi Corvette”, cuenta Jeffrey. “Y lo vendí en una semana. A partir de ahí, todo lo demás empezó a encajar”.

Por supuesto, el coche no era lo único que debían tener en cuenta. La pareja también decidió vender su casa adosada de tres plantas y “reducir considerablemente” sus pertenencias.

Aunque consideraron establecerse en Salónica, tras analizar otras posibles ubicaciones decidieron que Akrata —en la región del Peloponeso, una península de terreno accidentado situada en el sur de Grecia— era la opción que mejor se adaptaba a ellos debido a su clima más cálido.

Finalmente, compraron una casa en el pueblo de Platanos sin haberla visto previamente, por 400.000 euros (unos 461.000 dólares).

“Llevamos a Florida en la sangre. Así que en Grecia hará algo más de frío del que estamos acostumbrados”, admite Walter.

Una vez completada la compra de la casa y resueltos todos los asuntos pendientes, la pareja tuvo que comunicar la noticia a sus amigos y familiares, que en su mayoría desconocían sus planes.

“El aspecto emocional más importante es, sin duda, el relacionado con la familia y los amigos”, afirma Walter.

Afortunadamente, resultó que no tenían de qué preocuparse, ya que —según recuerda Jeffrey— les dijeron: “Vayan. Hagan lo que quieran. Lo que sea. Nos vemos pronto”.

En abril, la pareja se dirigió al aeropuerto con 10 maletas y envió el resto de sus pertenencias en un contenedor de carga.

Aunque tuvieron algunos contratiempos por el camino, Jeffrey y Walter llegaron a Atenas sanos y salvos y condujeron hasta su nuevo hogar con “grandes sonrisas” en el rostro.

Poco después de llegar a su nueva propiedad, Jeffrey cuenta que se sentó en el césped de fuera y exclamó: “No puedo creer que vivamos aquí. Es lo más increíble que he visto nunca”.

Aunque estaban encantados de estar en Grecia, también sentían “cierta inquietud” ante la idea de empezar de cero en un lugar que solo habían visitado brevemente.

Al recordar sus primeras semanas en Akrata, la pareja describe el inicio de un viaje interminable para “ir descubriendo cómo funcionan las cosas”.

Esto incluía conseguir teléfonos móviles nuevos, instalar conexión a internet en casa, comprar un coche nuevo e incluso averiguar dónde comprar gas propano.

“Cada día nos preguntábamos: ‘¿Qué hemos aprendido hoy?’”, comenta Walter. “Y seguimos haciéndolo”.

Mirando hacia atrás, sienten que se mudaron “a una buena edad”, cuando “todavía tienen mucho tiempo para aprender”, ya que las cosas habrían sido mucho más difíciles si hubieran tenido más de 70 años.

Compraron la casa totalmente amueblada, por lo que tenían la sensación de “vivir en el Airbnb de otra persona” hasta que llegó el contenedor con sus pertenencias y pudieron darle su toque personal.

Aunque su propiedad está aislada y prácticamente no tienen vecinos, cuentan que los lugareños los reciben con calidez siempre que bajan al pueblo; a la gente le encanta saber que residen en Grecia a tiempo completo y no son residentes temporales.

“A los lugareños se les ilumina la cara y piensan: ‘Vaya, realmente están abrazando la cultura griega’”, comenta Walter. “Y cuando se enteran de que tengo sangre griega, es como si dijeran: ‘Eres griego’”.

Aunque pasan mucho tiempo cocinando en casa, a la pareja también le encanta comer fuera y visita con frecuencia varios restaurantes locales “porque el servicio es increíble”, señala Jeffrey.

“Nos reconocen nada más cruzar la puerta”, añade. “Y nos dicen: ‘Vengan por aquí. Tenemos la mejor mesa para ustedes’”.

Jeffrey y Walter también valoran que los camareros “no te echan” y que la cena puede alargarse durante varias horas.

“Todo lo que te rodea te invita a bajar el ritmo”, dice Walter. “Es muy agradable; es una especie de relajación obligada que necesitábamos después de años de preguntarnos: ‘¿Qué tan rápido puedes cenar?’”.

Sin embargo, adaptarse a los horarios más tardíos de los restaurantes ha supuesto un reto.

Recuerdan cómo llegaban a los restaurantes a las 07:00 p.m. y el personal los miraba con extrañeza, ya que los griegos suelen cenar mucho más tarde.

La pareja también ha tenido que acostumbrarse a la siesta diaria griega, conocida como mesimeri —momento en que los comercios suelen cerrar entre las 02:00 p.m. y las 05:00 p.m.—, así como al hecho de que los domingos “todo está prácticamente cerrado”.

Aunque al principio se sentían como “alienígenas en otro mundo”, Jeffrey y Walter empezaron a sentirse más asentados al cabo de unos meses, sobre todo después de hacer amigos griegos. Hay pocos extranjeros en su pueblo, y a la pareja le parece bien; destacan que no querían vivir en un lugar con una “alta concentración de estadounidenses”, ya que sentirían como si nunca hubieran salido de Estados Unidos.

“Queríamos integrarnos en la cultura griega», dice Jeffrey, «y llevar un estilo de vida mucho más tranquilo aquí”.

Han intentado aprender griego y recientemente hicieron un curso de una semana. Sin embargo, el aprendizaje ha sido más difícil de lo que esperaban y se siente “como volver a la escuela primaria”, comenta Jeffrey.

Han logrado desenvolverse bien, ya que “casi todo el mundo habla inglés, especialmente las generaciones más jóvenes”, añade.

Jeffrey y Walter están decididos a mejorar e intentan practicar el griego tanto como pueden, sobre todo cuando salen a comer fuera.

Incluso después de cuatro meses en Grecia, afirman sentirse increíblemente afortunados de vivir allí. Pocas cosas disfrutan más que relajarse en su propiedad, que consta de una casa principal con un dormitorio y un baño, además de un apartamento de invitados con un dormitorio y todas las comodidades, todo ello con una “vista preciosa del golfo de Corinto”.

“Era la ubicación perfecta. El precio perfecto; todo ha salido de maravilla para nosotros”, dice Jeffrey.

Jeffrey y Walter no han vuelto a Florida desde que se marcharon en abril, pero ya han recibido visitas de seres queridos y han disfrutado de poder pasar tiempo con ellos sin prisas.

“Cuando estábamos en Estados Unidos, siempre parecía que vivíamos en un ajetreo constante, corriendo de un lado a otro”, comenta Jeffrey.

“O bien estábamos ocupados visitando a la familia, o intentando ir al supermercado, o tratando de quedar con amigos…”, cuenta.

“A veces era una locura. Aquí, en cambio, el ritmo de vida es mucho más tranquilo. Puedes ‘bajar el ritmo y disfrutar de los pequeños detalles’, como suele decirse”.

No se imaginan volviendo a vivir en Estados Unidos de forma permanente, aunque, como dice Walter, “nunca digas nunca”.

Jeffrey parece mostrarse menos abierto a esa posibilidad y bromea diciendo: “Él puede irse. Yo me quedo”.

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