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Espera de 30 años para obtener justicia por la muerte de Tupac termina con condena por asesinato en menos de 3 horas

Por Zoe Sottile

Tuvieron que pasar casi 30 años para que alguien fuera arrestado por el asesinato a tiros del legendario rapero Tupac Shakur, un lapso extraordinario que convirtió la muerte del joven cantante en 1996 en leyenda y en objeto de teorías conspirativas.

En cambio, un jurado compuesto por 12 residentes del condado de Clark, Nevada, tardó menos de tres horas en declarar culpable de homicidio premeditado a Duane “Keffe D” Davis, antiguo líder de la pandilla South Side Compton Crips, un tiempo inferior al que duraron los alegatos finales del juicio.

Mientras un secretario judicial leía el veredicto en voz alta, los familiares de Shakur estallaron en una emoción contenida; su hermana, Sekyiwa “Set” Shakur, lloraba en silencio.

Otros miembros de la familia Shakur se tomaron de las manos y se abrazaron. Al otro lado de la sala, el hijo de Davis, Duane Davis Jr., se llevó una mano a la cara.

Davis, de 63 años, quien en los últimos años se ha declarado a sí mismo como experto en el asesinato de Shakur, mantuvo un semblante serio al escuchar el veredicto.

Sin embargo, alzó el puño al salir de la sala y solicitó al juez una apelación, lo que indica que la búsqueda de justicia por el asesinato de Shakur, que se ha prolongado durante décadas, podría no haber terminado.

El condenado permanece detenido sin derecho a fianza y su sentencia se dictará el 13 de octubre. Podría pasar el resto de su vida en prisión sin posibilidad de libertad condicional.

El punto central del juicio de cuatro semanas fue la credibilidad de Davis. La fiscalía presentó, entre otras pruebas circunstanciales, las declaraciones del exlíder de la pandilla a la policía y en sus memorias de 2019, “Compton Street Legend”, donde se situaba en Las Vegas en el coche con el tirador y afirmaba que el asesinato estaba justificado.

Según los fiscales, Davis no disparó los tiros que mataron a Shakur, pero sí fue quien orquestó el asesinato como venganza por un ataque a su sobrino, Orlando “Baby Lane” Anderson.

Y vender sus memorias, dijo el fiscal adjunto principal del distrito, Binu Palal, durante su alegato final el lunes, equivalía a que Davis “se lucrara con un asesinato”.

El abogado defensor de Davis, Michael Sanft, argumentó que su cliente es un mentiroso que publicó el libro por fama y dinero. Destacó las inconsistencias en las declaraciones de Davis, así como la corrupción dentro del Departamento de Policía de Compton, que fue disuelto en el año 2000.

Sanft también hizo hincapié en la falta de pruebas directas que vincularan a Davis con el crimen, llegando incluso a plantear la posibilidad de que su cliente ni siquiera estuviera en Nevada cuando Shakur fue asesinado.

No se recuperó el arma homicida ni se encontraron rastros de ADN o huellas dactilares que vincularan a Davis con la escena del crimen. Además, a pesar de figurar en una lista de posibles testigos proporcionada por la fiscalía, ni Marion “Suge” Knight, quien conducía el coche en el que viajaba Shakur cuando fue asesinado, ni Sean “Diddy” Combs prestaron declaración.

Al final, nada de eso pareció importar. El jurado, cuyo miembro más joven, de 21 años, había nacido casi una década después del asesinato de Shakur, llegó a un veredicto unánime, convirtiendo a Davis en la primera y hasta ahora única persona legalmente responsable de la muerte de Shakur.

El lunes en el juzgado del centro de Las Vegas comenzó como cualquier otro día laborable de las últimas semanas: con una sala llena de fans de Tupac, periodistas y curiosos residentes de Las Vegas echando sus nombres en una urna metálica para tener la oportunidad de sentarse en la sala del tribunal donde se decidiría el destino de Davis.

El juzgado se encuentra a menos de 11 kilómetros del lugar donde Shakur fue asesinado y a menos de 3 kilómetros del hospital donde falleció tras pasar varios días conectado a un respirador artificial.

En otra sorprendente coincidencia, el jurado emitió su veredicto exactamente dos semanas antes del trigésimo aniversario de la muerte de Shakur.

El rapero superventas, que se convirtió en una superestrella internacional reconocida por sus letras poéticas cargadas de profundos temas políticos, recibió varios disparos mientras conducía con el director ejecutivo de Death Row Records, Knight, en Las Vegas, y una de las balas le destrozó un pulmón.

Anderson, sobrino de Davis y miembro de los South Side Compton Crips, era sospechoso desde hacía tiempo del tiroteo.

Horas antes, Shakur y su séquito habían atacado a Anderson en el vestíbulo del MGM Grand, una pelea que quedó registrada por las cámaras de seguridad del hotel y que, a su vez, fue una represalia por otra pelea.

La disputa era la manifestación de las tensiones de larga data entre los Crips y los Mob Piru, una facción de Compton de la pandilla Bloods con algunos vínculos con Death Row Records.

Pero Anderson negó cualquier implicación y nunca fue acusado del asesinato de Shakur. Murió en un tiroteo entre bandas dos años después, sin relación con este caso, y los demás hombres que supuestamente iban con él en el coche —además de Davis— también fallecieron.

El tío de Anderson fue arrestado en 2023, más de una década después de haber declarado a la policía, mediante un acuerdo de colaboración, que había estado en el Cadillac con el asesino de Shakur cuando se produjeron los disparos.

El asesinato de un rapero legendario en la plenitud de su carrera, y la aparente incapacidad de las autoridades para dar con el culpable, desconcertaron a los fans del hip hop.

Surgieron numerosas teorías conspirativas: ¿Seguía Tupac realmente vivo? ¿Estaba Biggie Smalls, el enemigo de Shakur en la Costa Este —al menos en sus letras—, quien murió a tiros pocos meses después, involucrado de alguna manera?

Durante años, una serie de documentales, podcasts y videos de YouTube han analizado el caso en profundidad.

Al presentar su refutación al alegato final de la defensa el lunes, el fiscal de distrito del condado de Clark, Marc DiGiacomo, calificó el caso contra Davis como una victoria aplastante a pesar de la falta de pruebas directas.

“El señor Davis está intentando eludir su responsabilidad por un crimen que todo el mundo sabe que cometió, incluso él mismo”, declaró DiGiacomo, aumentando el énfasis en ciertos momentos al exponer el caso del estado contra el acusado.

“Lo admite siete u ocho veces a lo largo de 30 años, y no hay pruebas que lo contradigan”, señaló el fiscal. “Al final, que responda por el delito que cometió”.

Y no fueron solo las propias palabras de Davis las que, según los fiscales, demostraron su culpabilidad.

También hubo pruebas circunstanciales, como el polémico testimonio de James “Mob James” McDonald, quien trabajaba para Death Row en el momento del asesinato de Shakur y afirmó que la violencia era un aspecto habitual de la vida de las pandillas en aquel entonces.

“Fue una guerra de pandillas”, indicó McDonald, de 61 años, quien se identificó a sí mismo como un “testigo hostil”, durante su testimonio del 18 de agosto.

“¿Eran los únicos a quienes querían matar? ¿Soy el único involucrado en esto? No, no eran los únicos”, manifestó McDonald. “Pero eran los principales objetivos de una guerra de pandillas”.

Sanft, por su parte, en una declaración final que duró más que su propia defensa, dijo: “No tienen pruebas. No hay evidencia”.

Hizo hincapié en las declaraciones contradictorias de Davis sobre la noche en que Shakur fue asesinado, lo que, según él, demostraba que su cliente estaba “contando mentiras sobre cómo ocurrieron los hechos”. También cuestionó la integridad de los expedientes del caso en la investigación del asesinato.

Para cuando se leyó el veredicto el lunes por la tarde, la mayoría del público ya se había marchado de la sala. Pero algunos, entre ellos antiguos colaboradores del rapero, permanecieron allí.

Darryl Harper, exproductor de Death Row Records que viajó desde Georgia a Las Vegas para el juicio, declaró a CNN al comienzo del mismo que quería asegurarse de que las autoridades “tuvieran a la persona correcta”. Tras aproximadamente dos semanas de testimonio, se mostró satisfecho con la conclusión del jurado.

Pero dijo que, sobre todo, deseaba que el mundo hubiera conocido al Tupac que él conocía: un joven artista con un talento extraordinario, cálido y acogedor con sus colaboradores creativos, más divertido de lo que su imagen de gánster dejaba entrever, y profundamente afable a pesar de la fama meteórica que ya había alcanzado antes de ser asesinado con tan solo 25 años.

“Conocí a la que probablemente fue una de las mejores personas que he conocido, y todo terminó así de repente”, indicó Harper tras la condena del lunes. “Sin duda me sentí engañado, pero estoy seguro de que mucha gente en el mundo también se sintió así”.

A medida que los años se convertían en décadas sin que nadie rindiera cuentas por el asesinato, persistía una sensación de injusticia que “simplemente nunca desapareció”.

En el monumento no oficial a Shakur, una colección de recuerdos escritos con rotulador y pintados con aerosol en la intersección donde fue asesinado, han aparecido algunos nuevos homenajes en las semanas transcurridas desde que comenzó el juicio.

Hay un retrato de Shakur y un ramo de flores pegado con cinta adhesiva a un poste: una prueba vívida y multicolor de que el legado del rapero sigue vivo.

Con información de Andy Rose, Taylor Romine, Elizabeth Wolfe, Nic F. Anderson, Jack Hannah y Josh Campbell, de CNN.

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