Algunos sectores de la derecha gritan “socialismo” ante nueva propuesta de Trump
Análisis de Aaron Blake, CNN
La Cámara de Representantes, controlada por los republicanos, adoptó la semana pasada una resolución que denunciaba el socialismo “en todas sus formas”.
Pero ahora el Gobierno de Trump intenta hacer algo que, según incluso muchos miembros de la derecha, se parece mucho a una de esas formas de socialismo.
Y no es más que el ejemplo más reciente.
De hecho, Trump quiere convertir el socialismo en el gran cuco del Partido Republicano para las elecciones de mitad de témino de 2026. Pero tanto él como su Gobierno han debilitado repetidamente ese mensaje al hacer cosas que a sus aliados les resulta cada vez más difícil presentar como algo distinto de, bueno, bastante socialista.
La iniciativa, promovida por el vicepresidente J. D. Vance, permitiría que los padres que se quedan en casa reciban subsidios para el cuidado infantil usando fondos de un programa que ayuda a los padres que trabajan, según The New York Times. Así que, básicamente, el Gobierno pagaría a los padres unos US$ 9.000 anuales por cada hijo para que se queden en casa y los críen. CNN se comunicó con la Casa Blanca y el Departamento de Salud y Servicios Humanos para consultar sobre el proyecto de norma, que todavía tendría que ser finalizado.
La propuesta tuvo una recepción mixta el lunes por la mañana en “Fox and Friends”, el programa matutino de Fox News.
La copresentadora Rachel Campos-Duffy (quien está casada con el secretario de Transporte de Trump) la calificó como su “política favorita, de toda la vida, que ha presentado el presidente Trump”. Pero su compañero de programa Lawrence Jones discrepó tajantemente.
“Entiendo lo que está haciendo el presidente, pero creo que es una idea terrible. Es socialismo”, dijo Jones. Añadió en X que “si vamos a derrotar al socialismo, debemos cortarlo de raíz por completo”.
Y no es el único.
“¡De acuerdo con LJ!”, publicó en X Marc Thiessen, columnista conservador de The Washington Post.
“Ojalá ofreciéramos un contraste con los socialistas demócratas en lugar de ser un eco de ellos”, añadió Marc Short, asesor del exvicepresidente de Trump Mike Pence.
“Tengo edad suficiente para recordar una época en la que los republicanos se oponían a los programas gubernamentales de prestaciones sociales”, dijo Meghan McCain.
“Esto es asistencia social”, afirmó la comentarista conservadora Dana Loesch. “Probamos muchas veces este programa socialista y fracasó. Fracasó de forma total y absoluta cuando Viktor Orbán intentó algo similar también en Hungría”.
(Orbán, el ex primer ministro de Hungría, intentó aplicar políticas similares para elevar las decrecientes tasas de natalidad de su país, pero el proyecto finalmente fracasó y él perdió la reelección este año).
El exrepresentante republicano Bob Good, de Virginia, calificó a Vance de socialista. El representante Chip Roy, de Texas, advirtió al Gobierno que “no se meta” en el tema. Y Bo French, candidato del Partido Republicano a comisionado de Ferrocarriles de Texas, coincidió.
Ahora bien, sí hay defensores de la medida.
Pero, reveladoramente, en lugar de argumentar que es una buena política conservadora de Gobierno limitado, han sostenido en gran medida que es una mejor manera de administrar un programa de asistencia social ya existente.
“El principio aquí es simple: el Gobierno no debería inclinar la balanza en contra de los padres que crían a sus propios hijos”, dijo el senador Eric Schmitt, de Missouri.
El comentarista conservador Michael Knowles dijo que la elección era entre reformar el programa y dejarlo intacto, porque abolir el Estado de bienestar es un objetivo que “nadie siquiera finge creer que sea posible”.
Y en la que quizás sea la respuesta más reveladora, Kevin Roberts, presidente de la Fundación Heritage —cuya organización alguna vez enarboló la bandera del conservadurismo de Gobierno limitado al estilo de Reagan—, dijo que los republicanos deberían hacer lo posible para usar el dinero con fines que él presentó como conservadores.
“El Estado de bienestar ya existe. Los subsidios ya existen. Y los conservadores no tienen los votos para desmantelar ninguno de los dos”, aseguró Roberts. “Hasta que eso cambie, el dinero de los contribuyentes debería recompensar la formación de familias, no subsidiar su declive. Esa es la opción conservadora”.
Defensas como esta son muy reveladoras porque dejan al descubierto un movimiento conservador que, en gran medida, ha dejado de lado sus ideales para favorecer el uso de un Gobierno grande con el fin de promover sus objetivos.
Una y otra vez, Trump ha impulsado ideas y políticas que una versión anterior y relativamente reciente del partido —es decir, la versión del Tea Party— seguramente habría rechazado. Pero como Trump ha dominado de tal manera a su base, las críticas internas han sido acalladas.
Algunos de los ejemplos más destacados:
- La administración de Trump ha hecho que el gobierno federal adquiera participaciones accionarias en 30 empresas privadas, como Intel, Nvidia y Nippon Steel, según una recopilación del libertario Instituto Cato.
- Trump ha intentado crear un fondo soberano federal.
- Consideró rescatar y nacionalizar Spirit Airlines.
- Rescató a los agricultores durante su primer mandato y les otorgó pagos provisionales durante el segundo.
- Ha impulsado lo que sus críticos han calificado de “controles de precios” para los medicamentos recetados.
- Ha ofrecido cuentas de ahorro para niños llamadas “Cuentas Trump”, con un depósito inicial de US$ 1.000.
- Ha tomado medidas para limitar las tasas de interés de las tarjetas de crédito, lo que le valió elogios del senador socialista democrático Bernie Sanders.
- Ha intentado reiteradamente utilizar al Gobierno para reprimir expresiones desfavorables y coberturas de medios que no le agradan.
- Recientemente ha intentado obligar a las petroleras a reducir los precios, al afirmar que han ganado demasiado dinero durante la guerra de Irán e instarlas a producir más diésel.
La semana pasada se produjo una escena reveladora sobre todo esto durante una audiencia de la Comisión de Reglas de la Cámara de Representantes.
Mientras debatían la resolución antisocialista de los republicanos de la Cámara de Representantes, el representante demócrata Joe Neguse, de Colorado, preguntó al presidente de la Comisión de Administración de la Cámara, Bryan Steil, si sería socialismo que el Gobierno adquiriera participaciones accionarias en supermercados.
“Eso sería una forma de socialismo, sí”, respondió el republicano de Wisconsin.
Pero luego Neguse preguntó si sería socialismo que Trump adquiriera una participación accionaria del 20 % en la cadena de supermercados Kroger, y Steil fue menos categórico.
“Querría conocer los detalles”, dijo.
Era un ejemplo hipotético, pero justificar las acciones de Trump —o ignorarlas por completo— se ha convertido en un mecanismo de supervivencia dentro de un Partido Republicano en el que Trump ha demostrado ser muy eficaz a la hora de atacar a sus críticos.
El problema es que, con cada provocación que sus aliados conservadores partidarios de un Gobierno pequeño le dejan pasar, él avanza. Repetidamente le conceden unos centímetros y él toma un kilómetro.
Esa es la situación en la que se encuentra el Partido Republicano. El hecho de que incluso la Fundación Heritage defienda una política como esta lo dice todo.
Y a medida que Trump ha perdido su brillo —y sus excesos han puesto en peligro las aspiraciones republicanas para las elecciones de mitad de término—, parece que algunos conservadores llegan tardíamente a la conclusión de que Trump no es precisamente el gran conquistador del socialismo, sino que, según puede argumentarse, se involucra en él.
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