Durante su visita en Dublín, el presidente Trump afirma que la reunificación de Irlanda “sería algo fantástico”
Por Kit Maher, Issy Ronald y Niamh Kennedy, CNN
El presidente Donald Trump afirmó este sábado que la reunificación de Irlanda “sería algo fantástico” durante una reunión bilateral con el Taoiseach (primer ministro) de Irlanda, Micheál Martin, y pronosticó que es algo que “terminará sucediendo”.
Cuando un periodista le preguntó su opinión sobre la reunificación de Irlanda del Norte —que forma parte del Reino Unido— y la República de Irlanda, Trump reconoció inicialmente que sus comentarios podrían avivar un tema políticamente delicado antes de expresar su apoyo.
“Bueno, no quiero causar problemas”, dijo Trump. “Pero le diré que me encantaría verla unificada”, argumentando que sería “un gran logro para todos”.
La reunificación de Irlanda ha sido considerada durante mucho tiempo un tema polémico que divide las opiniones entre los unionistas, que desean que Irlanda del Norte siga formando parte del Reino Unido, y los republicanos, que quieren verla reunificada con la República.
Durante casi 30 años, Irlanda del Norte se vio azotada por una importante violencia sectaria y disturbios, en un periodo conocido como “the Troubles” (el conflicto). Según el Acuerdo del Viernes Santo de 1997, mediado por Estados Unidos y que trajo la paz a la provincia, sería necesario que una mayoría de votantes en consultas fronterizas celebradas tanto en el norte como en el sur se mostrara a favor de la reunificación para que esta se produjera. Conscientes de estas sensibilidades, los presidentes estadounidenses han evitado por lo general pronunciarse explícitamente sobre el asunto, incluido el presidente Joe Biden, quien a menudo hacía referencia a su ascendencia irlandesa.
Los comentarios de Trump suscitaron casi de inmediato el rechazo del gobierno británico y de los unionistas. Downing Street remitió a CNN a las declaraciones realizadas en agosto por el recién nombrado primer ministro británico, Andy Burnham, quien restó importancia a la posibilidad de una consulta fronteriza inminente en Irlanda del Norte. Esa opción está actualmente “fuera de la mesa”, afirmó, confirmando más tarde que respetaría “al 100 %” el Acuerdo del Viernes Santo.
Gavin Robinson, líder del Partido Unionista Democrático, declaró que el futuro de Irlanda del Norte “será decidido por el pueblo de Irlanda del Norte, no por comentarios hechos en Londres, Dublín o Washington”.
Sin embargo, Trump se mostró convencido de que el proceso acabaría produciéndose y cuestionó cómo podría considerarse algo negativo.
“Terminará sucediendo… Creo que ocurrirá ahora. Aquí tienen al hombre adecuado para ponerlo en marcha”, dijo Trump, señalando a Martin. “Pero sí, creo que sería algo fantástico. Obviamente, el Reino Unido tendrá algo que decir al respecto, pero creo que sería algo estupendo. Es decir, ¿cómo podría ser algo malo?”.
Trump aterrizó en Irlanda el sábado por la mañana para mantener conversaciones con los líderes del país antes de asistir a un torneo en uno de sus campos de golf.
El hijo de Trump, Donald Trump Jr., y su esposa, Bettina, desembarcaron del avión poco después y también saludaron a las autoridades presentes en la pista.
Durante la visita, Trump escuchó a una banda irlandesa interpretar el himno nacional de Estados Unidos, seguido inmediatamente por el himno de Irlanda, mientras la presidenta irlandesa, Catherine Connolly, permanecía a su lado con semblante impasible. Trump respondió brevemente a un par de preguntas al regresar a “La Bestia” tras la visita de cortesía a Connolly, incluida una sobre el tráfico a través del estrecho de Bab el-Mandeb.
“Todo saldrá bien. Todo va a salir bien”, dijo Trump.
Esta visita lleva a Trump fuera de Estados Unidos en un momento políticamente crucial para él, apenas unas semanas antes de las elecciones de mitad de mandato y mientras el rápido avance de los hutíes —respaldados por Irán— en Yemen amenaza con abrir un segundo frente en la guerra con Irán.
Durante su estancia en Irlanda, Trump estará mayormente protegido del público y alejado de las protestas previstas. En su lugar, será trasladado en caravana directamente a tres residencias oficiales del gobierno en Phoenix Park —un enorme parque urbano en el centro de Dublín que las autoridades mantienen cerrado desde el viernes por la noche—.
Allí mantendrá una reunión bilateral con el Taoiseach Micheál Martin y se dirigirá a líderes empresariales en la residencia del embajador de Estados Unidos en Irlanda, Edward Walsh, según informó a CNN un funcionario de la Casa Blanca.
Las reuniones del presidente con los líderes políticos irlandeses abordarán la cooperación económica bilateral, la creación de oportunidades de negocio para la industria estadounidense y cuestiones internacionales de interés mutuo, señaló el funcionario.
La visita de Trump plantea un delicado equilibrio para el gobierno irlandés. Por un lado, las empresas estadounidenses —muchas de las cuales tienen su sede europea en Irlanda— son fundamentales para la economía del país; por otro, Trump sigue siendo impopular entre gran parte de la opinión pública irlandesa y se prevén algunas protestas.
Miles de personas participaron el sábado por la tarde en una marcha contra Trump por el centro de Dublín, muchas de ellas ondeando banderas palestinas, al tiempo que se registraban protestas en Doonbeg —la localidad del oeste de Irlanda donde se encuentra el campo de golf de Trump— y en el aeropuerto de Shannon.
A lo largo de los años, grupos de activistas antibélicos han llevado a cabo numerosas protestas en dicho aeropuerto para rechazar el uso de las instalaciones por parte del ejército estadounidense como escala de repostaje para sus tropas; asimismo, la visita del entonces presidente Ronald Reagan a Irlanda en 1984 también estuvo marcada por las protestas.
Al ser preguntado por las protestas previstas contra su visita a Irlanda, Trump dijo no estar al tanto de ellas.
“No sabía que hubiera una protesta”, dijo Trump. “No puede ser muy grande, porque ya hemos recorrido gran parte de Irlanda hoy”, aunque acababa de aterrizar en Dublín un par de horas antes.
“No he visto ninguna protesta. Es una protesta amistosa”, añadió. “Pero tenemos una gran relación con Irlanda”.
El fotoperiodista de CNN William Bonnett captó imágenes de un pequeño grupo de entre 20 y 30 manifestantes en Doonbeg y Shannon el sábado por la mañana. Una mujer sostenía una pancarta que decía: “No nos gustas aquí ni allá. ¡No nos gustas en NINGUNA PARTE!”. Otra persona portaba un cartel con las palabras “CRUEL, CORRUPTO, COBARDE” escritas en rojo sobre el rostro de Trump, y otro que decía “NO A UNA BIENVENIDA FALSA” (jugando con un juego de palabras en inglés que incluía un insulto).
Tras concluir sus reuniones en Dublín, Trump se dirigirá el domingo hacia el oeste, a su campo de golf en Doonbeg, donde asistirá al torneo Abierto de Irlanda.
Su hijo, Eric, declaró a la cadena pública irlandesa RTÉ que el campo de golf es el mayor empleador de la zona.
“Vayan a la taberna Morrissey’s en Doonbeg y escuchen a un irlandés de verdad decir si le gustan o no el presidente Trump y la familia Trump”, dijo. “Dejen que ellos den fe de lo que hemos hecho por el país, de lo que hemos invertido en él y del amor y respeto que nuestra familia siempre les ha demostrado”.
La presidenta Connolly figuraba entre quienes protestaron contra la visita de Trump en 2019, antes de ser elegida para el cargo ceremonial de presidenta de Irlanda en 2025. Durante una visita de Martin al Despacho Oval en marzo, con motivo del Día de San Patricio, Trump se refirió a Connolly en masculino cuando un periodista irlandés le preguntó por sus comentarios sobre las “violaciones del derecho internacional” en Medio Oriente.
“Mire, tiene suerte de que yo exista; eso es todo lo que puedo decir”, afirmó Trump. “Si se va a permitir que países enfermos y dementes —y lo son, están dementes— tengan armas nucleares… todo el mundo debería estar muy agradecido”.
Si existía alguna tensión entre Connolly y Trump, él no lo dejó traslucir; de hecho, la calificó de “fantástica” durante sus declaraciones posteriores en la embajada. En un comunicado emitido por su oficina, Connolly adoptó una postura algo más firme, afirmando que “trasladó la firme opinión del pueblo irlandés de que nunca se puede aceptar la normalización de la guerra y el genocidio”.
Trump parecía consciente de que su visita inevitablemente generaría titulares. Más tarde, ese mismo sábado, bromeó sobre cómo el periodista que le preguntó por la reunificación de Irlanda lo había puesto en un aprieto, sabiendo que su respuesta había sido noticia.
“Creo que leeremos sobre ello mañana. Es una de esas preguntas en las que, digas lo que digas y por muy bien que lo digas, no hay una buena respuesta, ¿verdad?”, comentó Trump durante su intervención en la embajada de Estados Unidos.
“Pero, en realidad, dije que sería algo genial. Para ser sincero, creo que sería genial”, dijo Trump, provocando risas mientras la mitad de los asistentes abandonaba la sala.
Aunque Trump afirmó detestar “lo que está pasando en Europa” en materia de inmigración y comercio, elogió efusivamente al pueblo de Irlanda —la única nación de habla inglesa de la Unión Europea—, aunque con un cumplido algo ambiguo sobre su carácter duro.
“A la gente le encanta venir a Irlanda. ¿Saben por qué? Porque les quieren a ustedes. Quieren a la gente. Hay cordialidad. Hay… eh… también hay ferocidad y dureza”, dijo Trump. “Déjenme decirles: son de los cabrones más feroces que he visto jamás. Pero cuando quieren ser amables, no hay nadie más amable”.
Esta noticia está en desarrollo y será actualizada.
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