Trump está preparando la ciudad de Washington para una invasión. Pero, ¿por parte de quién?
Análisis de Zachary B. Wolf, de CNN
La administración Trump está recurriendo a argumentos de seguridad nacional para remodelar partes de Washington según los caprichos del presidente y crear un perímetro de seguridad a su alrededor.
O bien la administración está genuinamente preocupada por una invasión armada —o nerviosa ante un ataque en un momento en que el presidente ha iniciado una guerra y ordenado el secuestro del presidente de otro país—, o está buscando justificaciones para gastar el dinero de los contribuyentes en proyectos personales del presidente Donald Trump.
La seguridad nacional es un concepto comodín para ejercer el poder presidencial. Trump ha intentado utilizarlo para justificar aranceles, deportaciones, ataques extrajudiciales contra embarcaciones presuntamente dedicadas al narcotráfico y sus pretensiones expansionistas sobre Groenlandia, entre muchas otras cosas.
Ahora, la seguridad nacional está convirtiendo la capital en una fortaleza.
En primer lugar, el proyecto de demolición en el Ala Este de la Casa Blanca pasó de ser una remodelación del salón de baile a convertirse en una enorme instalación militar subterránea. Las necesidades de seguridad sirvieron para justificar la solicitud de unos US$ 400 millones de los contribuyentes para el proyecto, a pesar de la promesa anterior de Trump de que este se financiaría con fondos privados.
El despliegue de tropas de la Guardia Nacional, que patrullan las zonas turísticas, se ha prorrogado hasta el final del mandato de Trump. Esto supondrá un coste adicional de US$ 1.400 millones, según una estimación facilitada por el Pentágono a los legisladores. Dicha cifra se suma a los cientos de millones que la medida ya ha costado.
Ahora, el arco del triunfo que Trump quiere erigir cumplirá una doble función: servirá como puesto de francotiradores, depósito de armas y base para drones, según una publicación del presidente en las redes sociales.
La seguridad nacional es también la excusa que utiliza Trump para expulsar a CNN, MSNBC y Politico de la Casa Blanca. Afirmó que combatir las “noticias falsas” (“fake news”) es una cuestión de seguridad nacional. Los medios de comunicación afectados han presentado demandas basándose en la Primera Enmienda, que protege la libertad de expresión y de prensa.
La residencia presidencial es uno de los lugares más seguros del planeta y cuenta con un refugio nuclear y un centro de mando desde la década de 1940.
Desde hace mucho tiempo, los presidentes invocan la seguridad nacional para justificar sus acciones y ampliar sus poderes, en gran medida porque los tribunales se muestran reticentes a obstaculizarlos en este ámbito.
Asimismo, los magistrados conservadores del Tribunal Supremo aceptaron la idea de que era necesario construir de inmediato una nueva Ala Este por motivos de seguridad. Argumentaron que un ciudadano preocupado por la historia no tenía motivos para emprender acciones legales, en parte debido a la amenaza de un ataque.
Según la decisión del tribunal:
“El Secretario del Ejército, por ejemplo, sostiene que ‘la altura y la masa’ del salón de baile proyectado sobre el nivel del suelo son ‘cruciales’ para proteger la instalación militar subterránea prevista frente a ‘impactos cinéticos’ y que, sin dicha altura y masa, ‘los ingenieros tendrían que excavar a una profundidad impracticable’”.
Sin embargo, el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, votó en disidencia junto a los magistrados progresistas al argumentar que la construcción probablemente era ilegal. Sin mencionar la seguridad nacional, señaló que el Congreso no había autorizado la obra ni los fondos para pagarla, tal como exige la ley.
Además del complejo militar bajo el Ala Este, la zona de seguridad que rodea el edificio se ha ampliado, al menos por el momento. El parque Ellipse, situado al sur del edificio, permanece cerrado desde el combate de la UFC celebrado en verano, aparentemente para replantar el césped dañado durante el evento y construir un helipuerto. Más allá del Ellipse, una gran parte del National Mall también ha sido cerrada hasta 2027 para reparar el césped y los árboles, según el Servicio de Parques Nacionales.
La plaza Lafayette, al norte del edificio, ha sido acotada con vallas para reparar una fuente. Sin embargo, el Servicio Secreto ha mantenido la zona cerrada mientras propone planes para instalar de forma permanente un vallado alrededor del parque, un espacio que, según los defensores de la libertad de expresión, debería seguir siendo un lugar de reunión y protesta.
El parque volvería a abrirse —según los planes del Servicio Secreto presentados ante la Comisión de Bellas Artes y la Comisión de Planificación de la Capital Nacional—, pero la instalación de puertas facilitaría su cierre futuro. Más recientemente, el Servicio Secreto declaró que la Ellipse y Lafayette Square deberían permanecer cerradas hasta finales de mes con motivo de la visita del líder chino Xi Jinping.
Presentar el arco del triunfo como una prioridad de seguridad nacional es la interpretación más extraña de la recurrente invocación de la seguridad nacional por parte de Trump para conseguir lo que quiere.
Poco importa que el emplazamiento previsto para el arco se encuentre en medio de una rotonda, situada a su vez en una autopista entre el río Potomac y el Cementerio Nacional de Arlington, y rodeada de numerosas instalaciones militares, como el Pentágono y la Base Conjunta Myer-Henderson Hall.
Cuando se presentaron los planes a la Comisión de Planificación de la Capital Nacional —organismo que ha sido copado por partidarios de Trump—, se describieron espacios públicos en lugar de una instalación militar. Al parecer, los planes están cambiando, al menos según la publicación de Trump en las redes sociales.
El domingo, Trump describió el arco como “un complejo militar y arco del triunfo de primer nivel, destinado a albergar, almacenar y permitir el despliegue rápido de un gran número de drones y francotiradores —tanto en la azotea como en la plaza—, así como a almacenar grandes cantidades de munición para francotiradores”.
Eso suena más al tipo de capacidad defensiva necesaria para repeler un ataque que a la requerida para mantener el orden público
John Miller, analista jefe de seguridad e inteligencia de CNN, señaló que la legislación estadounidense prohíbe el uso del ejército contra los ciudadanos del país. Entonces, ¿contra quién protegen exactamente la ciudad estos francotiradores?
La policía de la ciudad de Washington, el FBI y otras muchas agencias cuentan con equipos SWAT en la ciudad, señaló, lo que hace desconcertante la necesidad de un arco del triunfo repleto de equipamiento militar.
“No es realmente un caballo de Troya, ya que el secreto ha salido a la luz”, declaró Miller el lunes a Pamela Brown, de CNN. “Cualquier adversario extranjero que tuviera a Washington como objetivo sabría de qué se trata, qué contiene y dónde atacar”.
El arco tendría una altura de 250 pies (unos 76 metros), lo cual no supondría un riesgo para el tráfico aéreo con destino al cercano Aeropuerto Nacional Ronald Reagan de Washington, según la Administración Federal de Aviación (FAA). Dicho organismo aprobó recientemente la construcción del arco, aunque su autorización no mencionaba nada sobre drones militares ni francotiradores.
Esperemos que Estados Unidos nunca llegue al punto en que francotiradores militares apunten sus armas desde lo alto de un arco del triunfo hacia el otro lado del río.
La administración ha priorizado el gasto en seguridad nacional. Trump ha prometido un escudo de defensa antimisiles denominado “Cúpula Dorada” (Golden Dome) para proteger a Estados Unidos de un posible ataque con misiles. Este sistema se inspira en la “Cúpula de Hierro” (Iron Dome) de Israel, aunque la diferencia de escala entre ambos países complica la situación y eleva el coste a cifras astronómicas.
Dicho escudo defensivo es una de las razones por las que Trump también desea aumentar drásticamente el gasto militar hasta alcanzar aproximadamente US$ 1,5 billones —un incremento de cerca del 40 %—, si bien el Congreso aún no ha aprobado tal aumento.
La antigua finca del general confederado Robert E. Lee —situada justo al otro lado del río Potomac y confiscada por la Unión durante la guerra— fue adquirida por el Congreso y transformada en el Cementerio Nacional de Arlington; en las inmediaciones de este lugar, Trump pretende instalar el complejo de arcos, francotiradores y drones.
Trump y algunos de sus partidarios han calificado la llegada de inmigrantes a Estados Unidos como una invasión, pero no existen pruebas que sugieran que la ciudad e Washington corra peligro de sufrir un ataque. La cuestión de si la administración puede recurrir a la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 —promulgada en tiempos de guerra— para deportar a presuntos miembros de bandas criminales sin una audiencia judicial quedó sin resolver, ya que dichas personas fueron finalmente deportadas en virtud de otra normativa.
Trump ha sido objeto de intentos de asesinato y, en 2020 —durante su primer mandato—, fue trasladado de urgencia al búnker de la Casa Blanca en medio de tensas protestas en Lafayette Square.
La existencia de tales amenazas está permitiendo a Trump invocar la seguridad nacional para conseguir lo que desea ahora, aun cuando no utilizó ese argumento hasta que los planes para su salón de baile y su arco ya estaban muy avanzados.
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