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Si el estrecho de Ormuz está abierto, ¿por qué la gasolina y el diésel son tan caros?

Por Matt Egan, CNN

El estrecho de Ormuz ya no está bloqueado y, sin embargo, los precios del combustible siguen siendo dolorosamente altos. Es un problema complejo con profundas consecuencias financieras, políticas y económicas.

Los precios de la gasolina, con un promedio nacional de US$ 4,36 por galón, nunca habían estado tan altos en esta época del año, según datos de la AAA.

Incluso tras una serie de medidas de emergencia adoptadas por estados de EE.UU. y por Europa, el precio del diésel está a solo unos 20 centavos de alcanzar el máximo histórico registrado el mes pasado.

En resumen, lo que comenzó como una crisis de suministro de petróleo provocada por la guerra de Irán se ha transformado en una crisis energética más amplia que afecta a conductores, camioneros y agricultores de todo el mundo.

Desbloquear el estrecho de Ormuz ha sido útil, pero la zona sigue siendo increíblemente peligrosa y, por tanto, costosa. Además, las refinerías rusas están siendo destruidas por drones ucranianos y los ataques hutíes en el mar Rojo han perturbado una ruta marítima vital.

“Las guerras no se han resuelto. No hay paz. El sistema energético sigue bajo presión”, afirmó Jan Stuart, estratega global de energía de Piper Sandler.

Los desafíos de seguridad se ven agravados por el costo astronómico de sacar el petróleo crudo de Medio Oriente.

El año pasado, el costo diario de fletar un superpetrolero (conocido como VLCC, o buque cisterna de crudo de gran tamaño) para navegar desde el golfo Pérsico hasta China era de solo US$ 65.000, según Clarksons, una firma de investigación con sede en Londres.

Para cuando estaba a punto de comenzar la guerra de Irán, ese costo había ascendido a US$ 230.000 diarios.

¿Y ahora? Fletar un VLCC para esa ruta cuesta US$ 1,6 millones al día, según Clarksons.

“Es una locura”, dijo Tom Kloza, asesor principal de energía de Gulf Oil. “Si eres dueño de un petrolero, estás en una situación excelente, siempre y cuando el barco salga indemne de la guerra”.

Pero algunos petroleros no están saliendo indemnes.

Varios buques comerciales informaron haber sido alcanzados por proyectiles en el estrecho de Ormuz tan solo en los últimos días, incluidos al menos dos petroleros de crudo, según la organización de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido.

Pero no se trata solo del costo de fletar un petrolero.

También está el costo de convencer a los marineros para que realicen viajes peligrosos en zonas de guerra.

Algunas compañías navieras están ofreciendo a los marineros hasta US$ 25.000 por viaje, una cifra que podría equivaler a más de un año de salario, según The Wall Street Journal.

Los costos de los seguros también se han disparado, reflejando el riesgo que implica navegar por la región con una carga valiosa.

Los productores de petróleo pagan ahora entre 30 y 40 millones de dólares por un viaje de ida y vuelta a través del estrecho de Ormuz, informó el diario.

Todo esto —el costo de alquilar un petrolero, los pagos exorbitantes a los marineros y el aumento vertiginoso de las tarifas de seguros— encarece el producto para los consumidores y las empresas de todo el mundo.

Sacar crudo del golfo Pérsico solía costar apenas US$ 2 por barril. Ahora, ese costo se ha disparado hasta unos US$ 33, según Kloza.

“Estamos logrando sacar una cantidad razonable de crudo, pero eso es engañoso, ya que el costo de esa salida es increíble”, afirmó.

Esto ayuda a explicar la gran brecha entre el precio del crudo en los mercados financieros y su precio en el mundo real.

Cabe señalar que el precio del Dated Brent —el costo real de recibir barriles físicos de crudo de entrega inmediata— se situaba en US$ 135,74 por barril el jueves, según S&P Global Platts. Esta cifra es muy superior al precio de los futuros del Brent, que ronda los US$ 100, y no dista mucho del máximo histórico registrado en abril.

Y es precisamente ese precio del mundo real el que repercute en lo que pagan los consumidores en las gasolineras.

“Estados Unidos no vive aislado. Nos regimos por un precio global porque importamos gasolina”, señaló Stuart.

El sistema energético mundial no está viviendo una sola guerra, sino dos —o tal vez tres— de forma simultánea.

Además de la guerra entre Estados Unidos e Irán —un conflicto que se ha prolongado mucho más de lo que muchos imaginaban al comenzar—, existe la batalla entre Yemen y los rebeldes hutíes, respaldados por Irán.

Los ataques con drones y misiles de los hutíes han perturbado otro punto de estrangulamiento vital para el comercio mundial: el estrecho de Bab el-Mandeb.

A esto se suman los ataques con drones ucranianos, cada vez más eficaces, que están destruyendo refinerías en Rusia, uno de los principales exportadores de diésel del mundo.

Ante la escasez de combustible en su territorio, Rusia ha respondido limitando sus exportaciones. China, buscando evitar su propia escasez, ha restringido igualmente sus exportaciones.

Las refinerías estadounidenses son las únicas que permanecen operativas. Sin embargo, ya están produciendo la máxima cantidad posible de gasolina, diésel y combustible para aviones. Actualmente, algunas refinerías de EE.UU. están reduciendo su producción para realizar el mantenimiento rutinario habitual en esta época del año.

El huracán Isaías podría agravar la situación si la tormenta interrumpe la producción o daña las refinerías situadas a lo largo de la costa del Golfo de EE.UU.

Los precios de la energía serían mucho más elevados si el mundo no hubiera contado con una importante reserva acumulada para situaciones imprevistas al comenzar el año.

Las reservas comerciales y de emergencia actúan como amortiguadores durante las crisis.

Sin embargo, esos inventarios se han reducido drásticamente, dejando al mundo con un menor margen de maniobra. La disminución de estas reservas ha elevado la prima de riesgo incorporada en los precios actuales.

“Operamos con niveles de inventario muy, muy bajos. Ya no tenemos reservas de seguridad”, afirmó Stuart.

Todo esto explica por qué los precios se mantienen altos y los riesgos son elevados, incluso cuando el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz se ha recuperado hasta alcanzar niveles previos a la guerra.

“Es necesario poner fin a las tres guerras; o incluso terminar con dos de las tres no estaría nada mal”, señaló Kloza.

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