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Los peores instintos políticos de Trump están quedando plenamente al descubierto

Análisis de Aaron Blake, CNN

Está claro que muchos republicanos que aspiran a un cargo en las elecciones intermedias de 2026 preferirían tener al presidente Donald Trump lejos.

Y Trump sigue reafirmando exactamente por qué.

No solo es un presidente históricamente impopular de cara a las elecciones intermedias, sino que él y su equipo siguen insistiendo en los pésimos instintos políticos que los llevaron a esta situación.

Que Trump realice movimientos políticos desconcertantes no es nada nuevo. Sin embargo, parece haberse reservado algunas de sus ideas más profundamente impopulares para la etapa avanzada de la campaña de 2026.

Parece casi como si intentara hacer las cosas más impopulares posibles. Y luego sigue mencionándolas en sus mítines, a veces extensamente.

Dos de los ejemplos más reveladores son un par de iniciativas de las que la administración parece haberse retractado: el uso de millones de dólares de fondos públicos para emitir anuncios que promocionan a Trump y la transmisión en vivo de la ejecución de Nidal Hasan, el autor del tiroteo de Fort Hood. Desde entonces, Trump ha indicado que utilizaría fondos de campaña para pagar los anuncios y el jueves afirmó que la transmisión en vivo ya no se llevará a cabo.

Este último anuncio se produjo apenas unas horas después de que una nueva encuesta de The Washington Post y ABC News revelara el jueves que los votantes registrados se oponían a la transmisión en vivo de la ejecución de Hasan por un margen abrumador: 80% frente a 19%.

Por otro lado, una encuesta de Reuters-Ipsos realizada la semana pasada mostró que los encuestados consideraban inapropiados los anuncios políticos financiados con dinero público, con un margen de rechazo del 89% frente al 9%.

Incluso dentro del repertorio de las numerosas políticas impopulares de Trump, pocas cifras son comparables a estas. Quizás el caso más parecido sea el indulto a los acusados de violencia en los sucesos del 6 de enero, sobre el cual otra encuesta de The Washington Post mostró que la oposición de los votantes registrados era del 83% frente al 16%.

El hecho de que alguien considerara que estas iniciativas —ya descartadas— eran buenas ideas (y menos aún en octubre de un año electoral) dice mucho sobre cómo el Partido Republicano llegó a su situación actual. La transmisión en vivo de la muerte de Hasan no solo es una idea macabra —contra la que advirtieron incluso muchos republicanos—, sino que supondría una victoria propagandística para los extremistas islámicos al convertir a Hasan en un mártir muy visible.

Pero, al parecer, nadie estaba dispuesto a expresar sus dudas a Trump o al secretario de Defensa, Pete Hegseth, o bien esas dudas fueron desestimadas con demasiada rapidez.

Por si piensas que se trata de casos aislados, echa un vistazo a los temas de los que habló Trump en sus mítines del miércoles.

En Arizona, Trump sacó a relucir la guerra comercial con Canadá que inició recientemente y sus propuestas anteriores de convertir a Canadá o a Groenlandia en el estado número 51 de EE.UU.

“Son implacables, y ya no aguantamos esas porquerías”, dijo Trump refiriéndose a las políticas comerciales canadienses hacia Estados Unidos.

“Terminarán siendo el estado número 51, porque es la única forma en que funciona”, afirmó Trump, añadiendo después: “Igual que Groenlandia”. Luego divagó sobre Groenlandia, asegurando que nunca tuvo la intención real de invadir el territorio, a pesar de haberlo dicho públicamente.

Fue como un sándwich de tres pisos compuesto por iniciativas enormemente impopulares.

¿La gestión de Trump respecto a Groenlandia? El 72% la desaprobó en una encuesta de febrero.

¿Convertir a Canadá en el estado número 51? Entre el 75 y el 80% se opuso a ello el año pasado, dependiendo de la encuesta que se consulte.

¿Los recientes aranceles de Trump a Canadá? Los estadounidenses se opusieron a ellos por un margen de casi 3 a 1 (57% frente a 20%) cuando Trump los anunció.

Incluso hacer referencia a los aranceles en este momento es un error político grave. Las encuestas de Fox News, AP-NORC y CNN de las últimas semanas muestran que aproximadamente 7 de cada 10 estadounidenses o votantes registrados desaprueban la postura de Trump sobre este asunto. Todas ellas reflejaron sus peores cifras hasta la fecha en la materia.

Se podría argumentar que es mejor explicar la lógica detrás de los aranceles, pero existe una diferencia crucial respecto a temas como la guerra con Irán: los aranceles son una iniciativa que se decide impulsar y promover voluntariamente cuando faltan menos de tres semanas para el final de la campaña.

El miércoles, tanto en Arizona como en Montana, Trump volvió a sostener que a la economía le va de maravilla. Afirmó que “los aranceles no provocan inflación” y aseguró que Estados Unidos se estaba enriqueciendo gracias tanto a los aranceles como a los elevados precios del petróleo.

“Nuestro país está ganando más dinero que nunca debido a que el precio del petróleo está tan alto”, declaró Trump en Bullhead City, Arizona. Añadió que le importa “más la gente común que los grandes empresarios”, pero que, en los estados productores de petróleo, “estamos ganando una fortuna”.

Trump lleva más de un año insistiendo en este discurso: básicamente diciendo a la gente que no hay inflación y que la economía atraviesa una “época dorada”.

Y sigue haciéndolo a pesar de que el argumento claramente no convence a los votantes. Incluso podría decirse que ha tenido el efecto contrario al deseado.

Una encuesta del Pew Research Center realizada el mes pasado reveló que el 42% de los estadounidenses calificaba la economía como “mala”, y que 8 de cada 10 la consideraban “regular” o “mala”. Ambas cifras representan máximos para el segundo mandato de Trump.

En todo caso, este discurso optimista parece haber logrado únicamente que los estadounidenses perciban a Trump como alguien desconectado de la realidad e indiferente a sus preocupaciones sobre el costo de vida. Al fin y al cabo, esta misma semana se han registrado dos días consecutivos de indicadores de inflación negativos, incluidos los datos publicados el jueves que muestran que la inflación mayorista en Estados Unidos se disparó en septiembre hasta alcanzar su nivel más alto en más de cuatro años.

Todo resulta bastante sorprendente. Los analistas suelen buscar un cálculo político oculto tras las acciones de Trump. Sin embargo, cada vez parece menos probable que exista una estrategia política real que guíe sus actos durante este segundo mandato. Todo parece reducirse a impulsos y soberbia, sin apenas frenos derivados de consideraciones electorales o políticas.

Y solo cambia de rumbo cuando las encuestas confirman que 8 de cada 10 personas opinan que una idea pésima es, efectivamente, una idea pésima.

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