Skip to Content

Brasil llega a la recta final de las elecciones con las calles tomadas, poco debate y promesas de última hora

Análisis por Iuri Pitta

A menos de diez días de la segunda vuelta, Brasil finalmente tendrá la oportunidad de ver a los dos candidatos presidenciales en un debate cara a cara, en medio de una reñida campaña de segunda vuelta y con diferentes estrategias de movilización del electorado.

La recta final de la disputa entre el senador Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL) que terminó la primera vuelta a la cabeza, y el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que busca la reelección en su séptima candidatura por el Partido de los Trabajadores (PT), aún depara movimientos no solo para conquistar nuevos votos, sino también para conservar el apoyo que cada aspirante al Palacio de Planalto ha obtenido hasta ahora.

Entre las diversas situaciones inéditas que las elecciones de 2026 han producido hasta el momento, una de las más sorprendentes fue la definición de 21 de los 27 gobiernos estatales en disputa, incluidos los 13 más poblados del país. En total, el 92% de los electores tendrá que votar únicamente para presidente de la República y ya no para gobernador.

Por eso, tanto Flávio como Lula han recurrido a los candidatos victoriosos en los estados que los apoyan para mantener a los electores involucrados en la campaña. En la región Sur, por ejemplo, donde el PL eligió a los tres próximos gobernadores (dos nuevos y uno reelegido), el trío ha viajado junto para participar en actos de campaña, con o sin el candidato presidencial. Flávio estuvo en uno de esos actos en Porto Alegre, en Río Grande del Sur, la única capital de la región en la que Lula resultó vencedor en la primera vuelta, pero no debería hacer lo mismo en Florianópolis y Curitiba, donde el senador quedó por delante en la primera vuelta.

Por su parte, Lula cuenta con los tres gobernadores reelegidos por el PT en estados clave de la región Nordeste, bastión histórico del partido. Además de gobernar durante otro mandato Bahía, Ceará y Piauí, el partido del presidente aún disputa Río Grande del Norte, en la contienda estatal más reñida del país este año. Uno de esos gobernadores reelegidos, Rafael Fonteles, de Piauí, pasó a formar parte de la campaña de Lula con la misión de mejorar la comunicación del presidente en las redes sociales.

Fue precisamente a través de las plataformas digitales como los dos candidatos confirmaron su participación en el primer debate de esta segunda vuelta, programado para este domingo en TV Band. Un encuentro final en TV Globo, la cadena con mayor audiencia del país, debería celebrarse el próximo viernes 23 de octubre, dos días antes de la votación decisiva.

El primero en confirmar su asistencia fue Lula, quien en la primera vuelta rechazó las invitaciones de todas las cadenas y dio preferencia a entrevistas en pódcasts populares y en algunos canales de televisión abierta. En un primer momento, Flávio llegó a decir que no acudiría al debate de TV Band, pero cambió de opinión al día siguiente. Alegó que esperó la confirmación de su adversario para entonces sí declararse dispuesto a participar en el encuentro.

Además del carácter inédito en sí, los encuentros entre los dos candidatos generan expectación por tratarse de un enfrentamiento entre adversarios políticos de generaciones bastante diferentes. Lula, que tiene 80 años, tendrá la oportunidad de hacer valer su experiencia como un factor diferencial, pero deberá gestionar el riesgo de que su avanzada edad le pase factura en un momento de gran tensión como un debate en directo.

Flávio tiene 45 años y siempre ha ocupado cargos en el Poder Legislativo. Cuando se presentó a la alcaldía de Río de Janeiro, en 2016, Flávio llegó a ponerse a prueba en debates y sufrió un malestar en uno de esos encuentros. Diez años después, con más experiencia y con la ventaja de haber liderado la primera vuelta, el candidato del PL podrá mostrar personalidad propia y sus planes para formar un gobierno mejor que la administración del PT, cuya valoración negativa sigue siendo mayor que la positiva.

Antes de que se enciendan los focos de esos debates en la televisión, las campañas han medido fuerzas en las calles y en las redes. En un primer momento, incluso por la necesidad de lograr una inédita remontada entre la primera y la segunda vuelta en la disputa nacional, fue la campaña del PT la que consiguió sorprender, con manifestaciones de apoyo a Lula en las ciudades más grandes del país, como Sao Paulo y Río de Janeiro.

En el mismo período, Flávio mostró una mayor capacidad para sumar a otros partidos y a los excandidatos Augusto Cury (Avante), Ronaldo Caiado (PSD) y Romeu Zema (Novo), y tardó más en volver a movilizar al electorado en las plazas públicas. Paralelamente, protagonizó otro momento simbólico tras una decisión judicial, en una muestra más del protagonismo que el Poder Judicial ha tenido en esta campaña. Después de tres meses, Flávio volvió a ser autorizado a visitar a su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, que cumple arresto domiciliario tras haber sido condenado por delitos contra la democracia, en un juicio ante el Supremo Tribunal Federal (STF).

Las movilizaciones a favor de Lula contaron con la organización de sectores sociales más cercanos a la izquierda, como estudiantes y artistas. Los actos promovidos por los aliados de Flávio contaron con algunos campeones de votos en los estados, como el gobernador reelegido de Sao Paulo, Tarcísio de Freitas (Republicanos), y el diputado federal por Minas Gerais Nikolas Ferreira (PL), el más votado de Brasil por segunda elección consecutiva.

Antes de acudir al debate de este domingo, Flávio participará en un acto público en Sao Paulo, en el que sin duda buscará superar a su adversario en la multitud de simpatizantes vista desde lo alto.

La imagen de ocupar lugares emblemáticos de las grandes ciudades, como la Avenida Paulista o la playa de Copacabana, tiene un importante efecto simbólico, pero parece haber modificado solo tímidamente, y sin invertir posiciones, los índices de intención de voto de los candidatos.

La encuesta Datafolha divulgada el jueves muestra a Flávio con un 47% y a Lula con un 45%, dos puntos porcentuales de diferencia, dentro del margen de error y menor que la de la semana anterior (49% frente a 45%). Otra explicación para la reducción de la distancia es el llamado poder de la pluma, es decir, la capacidad que tiene un gobernante candidato a la reelección para promover medidas o hacer promesas en el ejercicio del cargo. Lula lo hizo como nunca antes se había visto en la historia del país, superando a su predecesor, Jair Bolsonaro, que había adoptado prácticas similares, pero con distinta intensidad.

Uno de los mayores triunfos de Lula fue lograr que el Senado aprobara esta semana una modificación de la Constitución brasileña que pone fin al esquema laboral 6x1 (seis días trabajados y uno de descanso) y al límite de 44 horas semanales, sin reducción de salarios. Según la asociación que representa a bares y restaurantes, cerca de 15 millones de trabajadores tienen jornadas de seis días por semana y deberían ser los más beneficiados directamente por la medida.

El sector empresarial, por su parte, se queja del poco tiempo para adaptarse y de un aumento medio estimado del 6% en los costos de producción. Argumentos poco escuchados en un momento de definición electoral. Anteriormente contrario a la propuesta y defensor de una alternativa que contemplara el pago por hora trabajada, Flávio Bolsonaro, que aún ejerce su mandato como senador, votó a favor de la propuesta que Lula hizo suya, aunque inicialmente el Gobierno se oponía, precisamente por temor a sus efectos en la economía.

En respuesta, la oposición volvió a enarbolar la bandera de la reducción de la edad de responsabilidad penal en Brasil: una enmienda del senador Rogério Marinho (PL), coordinador de la campaña de Flávio, a la Propuesta de Enmienda a la Constitución (PEC) en materia de Seguridad Pública fija la mayoría de edad penal en 16 años y prevé responsabilidad a partir de los 14 en delitos graves, un tema que cuenta con el apoyo de la mayoría de la sociedad, según las encuestas. Este movimiento llevó a Lula a revisar una postura histórica de la izquierda, contraria a la medida: pasó a declararse favorable a reducirla a los 16 años, pero solo para delitos atroces y sin debatir el tema en esa PEC.

En medio de poco debate —ya sea entre los candidatos, ya sea por medidas lanzadas bajo la emoción electoral— ningún elector brasileño parece saber decir con claridad qué Brasil saldrá de las urnas después del 25 de octubre. Ni siquiera el futuro presidente.

The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.

Article Topic Follows: CNN - Spanish

Jump to comments ↓

Author Profile Photo

CNN Newsource

BE PART OF THE CONVERSATION

KVIA ABC 7 is committed to providing a forum for civil and constructive conversation.

Please keep your comments respectful and relevant. You can review our Community Guidelines by clicking here

If you would like to share a story idea, please submit it here.