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Un huracán tras otro intensificándose rápido: qué está detrás de los numerosos ciclones que afectan al Pacífico mexicano

Por Uriel Blanco y Rocío Muñoz-Ledo, CNN en Español

El océano Pacífico está teniendo una temporada de ciclones tropicales 2026 sumamente activa. Desde su inicio hasta ahora, se han registrado 19 ciclones, cumpliendo con el pronóstico inicial (se estimaron de 18 a 21 ciclones esta temporada) y encaminándose a superarlo. Tan solo en el último mes, cinco de esos ciclones se intensificaron de tal manera que alcanzaron la categoría de huracán mayor (categoría 3 o superior).

Odalys, Polo, Rachel, Simon y Trudy. Todos ocurrieron uno tras otro en las aguas del Pacífico cercanas a la costa de México, causando lluvias muy intensas, oleaje elevado, inundaciones, desbordamiento de ríos, marejada ciclónica, deslaves y, en general, pérdidas económicas y materiales para comunidades costeras y no costeras del país.

¿Qué está detrás de todo esto? Especialistas señalan que, entre otros, hay dos factores especiales que están contribuyendo a la intensa temporada de ciclones 2026: el fenómeno meteorológico de El Niño y el calentamiento global.

Hasta antes de Odalys, la actual temporada de ciclones ya había registrado otros cinco huracanes en el Pacífico, tres de ellos mayores. Sin embargo, no ocurrieron de forma consecutiva.

Por tanto, con Odalys comenzó la racha. Se formó como tormenta tropical el 20 de septiembre en las aguas del Pacífico. Tres días después, alcanzó la categoría 1 como huracán. Un par de días más tarde, Odalys se intensificó a un poderoso huracán categoría 4. No llegó a tierra y se mantuvo relativamente lejos de costas mexicanas; pese a ello, su desplazamiento provocó lluvias en el norte del país.

El mismo día que Odalys, se formó la tormenta tropical Polo. Poco más de 30 horas después, Polo ya era un poderoso huracán de categoría 5, dejando a su paso lluvias y oleaje elevado en estados del occidente y sur de México. Para el 23 de septiembre, cuando ya había bajado a un categoría 4, volvió a tomar fuerza y alcanzó por segunda vez la categoría 5. Siguió su avance paralelo a las costas mexicanas, disminuyó de categoría nuevamente y, poco más tarde, llegó a la categoría 5 por tercera ocasión. Polo se mantuvo como un huracán mayor hasta que tocó tierra en Baja California Sur la noche del domingo 27 de septiembre.

Mientras Polo continuaba su camino a tierra, Rachel se originó como tormenta tropical el 27 de septiembre frente a costas del sur de México. Para el 1 de octubre, Rachel alcanzó la categoría 3 como huracán, pero desvió su camino en dirección opuesta a las costas, por lo que parecía que eso acabaría con el ciclón. No obstante, en un momento, dio un giro inesperado, con dirección hacia territorio mexicano, y se mantuvo activo. Rachel se convirtió en un ciclón “extraordinariamente longevo”: sobrevivió hasta el domingo 11 de octubre, cuando tocó tierra ya como un debilitado ciclón postropical en Baja California, en la frontera con Estados Unidos.

El 7 de octubre, al tiempo que Rachel avanzaba hacia Baja California, Simon se formó como tormenta tropical cerca de las costas del sur de México y rumbo a las costas del occidente. Tres días después, Simon se había convertido en un peligroso huracán categoría 4, el punto máximo que alcanzó. Pronósticos iniciales señalaban que tocaría tierra con esa intensidad en Jalisco, pero su trayectoria cambió antes del impacto y su camino se volvió casi impredecible. Simon se disipó este viernes, a unos 160 kilómetros de Baja California Sur. Aunque nunca tocó tierra, sus intensos efectos azotaron las zonas costeras y otras mucho más lejanas, sobre todo con precipitaciones, inundaciones, marejada ciclónica, desbordamientos y deslaves.

El más reciente ciclón en esta racha es Trudy. La tarde del 13 de octubre, se formó como tormenta tropical frente a las costas del sur de México, con una trayectoria estimada hacia las costas del occidente y norte del país. Para la madrugada del 15 de octubre, Trudy ya era huracán categoría 1. Menos de 24 horas después, tras una intensificación rápida, alcanzó la categoría 3 y, con ello, la etiqueta de huracán mayor. Sin embargo, un avión cazahuracanes de Estados Unidos confirmó este viernes que el huracán era más débil de lo previsto, por lo que Trudy bajó a categoría 1. Hasta este sábado, se mantiene como huracán categoría 1; su pronóstico actual muestra que no tocará tierra, pero causará duras afectaciones en las costas del sur y occidente de México por lluvias intensas y oleaje de varios metros de altura, entre otros efectos de clima extremo.

Entre octubre y diciembre, suele ser el punto más alto de la temporada de ciclones tropicales en el Pacífico. Por tanto, es normal que se estén registrando tormentas tropicales o huracanes durante esta época del año.

Lo que es “atípico” es la rápida intensificación de estos fenómenos meteorológicos, dijo Mexitli Eva Sandoval Reyes, doctora en Sistemas Sustentables de Energía y profesora-investigadora del Tecnológico de Monterrey.

“Estamos ante una realidad que se está volviendo normal y que vamos a ver cada vez con más frecuencia”, indicó Sandoval Reyes a CNN.

La especialista explicó que, principalmente, dos factores confluyen para que se den las condiciones ideales para más huracanes intensos: el fenómeno de El Niño y el calentamiento global derivado del cambio climático.

“Ni el fenómeno de El Niño ni el calentamiento global dependen uno del otro. Lo que sí sucede es que se exacerban entre ellos cuando suceden al mismo tiempo. Entonces, los efectos se ven mucho más fuertes”, comentó.

El actual fenómeno de El Niño, según los pronósticos, se está encaminando a romper todos los récords. Por esta razón, se le ha denominado como un “súper El Niño”. Este fenómeno ocurre en promedio entre cada dos o siete años, y suelen durar entre nueve o 12 meses, a veces incluso años. El Niño calienta las aguas del trópico ecuatorial, lo que corresponde a una franja específica del océano Pacífico. En este súper El Niño, las aguas se están calentando más que en otras ocasiones: para el 7 de octubre, el calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial central ya estaba en uno de los niveles más altos desde que se cuenta con registros.

Tener aguas más calientes en el Pacífico es como combustible para los ciclones, ya que se alimentan de esas aguas cálidas.

“Básicamente los huracanes son máquinas de calor, se alimentan de ese calor y eso es lo que lo que nos genera estas cosas que nos preocupan tanto como la intensificación rápida de estos huracanes”, explicó Francisco Estrada Porrúa, doctor en Economía Ambiental y coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en entrevista con CNN.

Estrada Porrúa dijo que El Niño no solo propicia más ciclones por el calentamiento de las aguas, sino que se trata de un fenómeno global porque genera las condiciones para que ocurran otros sucesos de clima extremo, como lluvias intensas en algunos lugares y sequías en otros. Los científicos llaman esto como “teleconexiones”.

“El calentamiento de las aguas por El Niño ocurre en una banda muy compacta del Pacífico, pero tiene efectos globales debido a estas teleconexiones que te cambian cómo llueve, los eventos extremos de precipitación, las sequías”, indicó el coordinador del PINCC.

Como el calentamiento de las aguas por El Niño ocurre en una zona específica, se generan más ciclones en el Pacífico y menos en el Atlántico. Para la temporada actual, se pronosticaron entre 18 y 21 ciclones en el Pacífico, lo cual ya se cumplió con 19 ciclones tropicales hasta el momento, de los cuales 10 han sido huracanes (ocho de ellos huracanes mayores). En tanto, en el Atlántico se pronosticaron apenas entre 11 y 15 ciclones para esta temporada; hasta el momento van nueve y solo uno ha sido huracán.

El fenómeno de El Niño es distinto al cambio climático generado por la humanidad. Su relación es objeto de activa investigación científica. Sin embargo, el calentamiento global derivado del cambio climático también es combustible para los ciclones tropicales, lo cual se suma a los efectos del actual súper El Niño.

La investigadora del Tecnológico de Monterrey mencionó que el calentamiento global ya alcanzó el incremento de 1,5 grados centígrados que se buscó evitar con el Acuerdo de París de 2015.

Sin un “cambio de estrategia”, comentó Sandoval Reyes, el mundo se encamina a seguirse calentando a más de 1,5 grados centígrados respecto a los niveles preindustriales, lo que llevará a más eventos intensos de clima extremo.

Estrada Porrúa señaló que, según la investigación científica actual, tener océanos más calientes no necesariamente significa que ocurrirán más huracanes, pero sí que se van a intensificar más rápido.

Ambos especialistas consideraron que un ejemplo de ello fue Polo, al pasar de tormenta tropical a huracán categoría 5 en unas horas.

Además, las aguas calientes ocasionan, agregó el investigador de la UNAM, que los ciclones tropicales sean más duraderos, como se vio recientemente: Rachel duró dos semanas en las aguas del Pacífico, mientras que los otros cuatro ciclones del último mes sobrevivieron poco más de una semana.

El calentamiento global —y el Niño también— provoca una atmósfera más cálida y, con ello, puede retener mayor cantidad de vapor de agua. Esto podría llevar a más lluvias en regiones específicas o formar parte de un ciclón tropical, dijo Estrada Porrúa.

Asimismo, con el calentamiento global llega el aumento del nivel del mar por el derretimiento de los polos. Un huracán puede tener efectos más intensos debido a ello.

“Entonces, no solamente son los vientos o la cantidad de lluvia que traiga un huracán, sino que, cuando llegan a tierra, con la marejada ciclónica puedes tener inundaciones mucho mayores que antes. Si tienes un nivel del mar más alto, pues va a empujar el agua más adentro en el continente”, detalló el coordinador del PINCC.

Ante esta “nueva realidad”, Sandoval Reyes dijo que es necesario que México reaccione cada vez con mayor antelación, con el fin de estar prevenido ante cualquier posible impacto de un ciclón o ante los efectos del clima extremo.

“Tenemos que estar preparados no solamente de manera reactiva o ya en ese momento de adaptación (previo a un impacto). Hay que tener alertas tempranas, mantener a la población informada, solicitarles que verifiquen el estado de los resguardos a nivel local”, que es algo que las autoridades mexicanas hacen constantemente, explicó la doctora en Sistemas Sustentables de Energía.

Igualmente, son necesarias “medidas sistémicas preventivas”, es decir, normas de prevención que se adapten a nivel comunitario en todo el país.

“Por ejemplo, que la capacitación para responder ante desastres naturales, y sobre todo ante desastres naturales cuya intensidad se incremente rápidamente, también sea para personas en niveles locales y no solamente para la Guardia Nacional o los militares”, declaró Sandoval Reyes.

Estrada Porrúa coincidió en estas necesidades, y añadió que también se requiere impulsar la financiación de la investigación en cambio climático “para entender más qué es lo que pasa en México con los huracanes”.

“Cuanto menos investigación tengas y menos datos tienes, más sorpresas vas a tener en el presente y en el futuro, porque no tienes manera de entender lo que está pasando. Eso a final de cuentas se traduce en impactos económicos, en impactos en desarrollo, en combate a la pobreza”, declaró el especialista de la UNAM.

No obstante, Estrada Porrúa alertó que el presupuesto en México para combatir el cambio climático se planea recortar para el año siguiente.

“En términos de administración de riesgos, tampoco estamos entendiendo muy bien ni el tamaño del problema ni su urgencia. Entonces, es una disonancia muy grande que, en un año que tenemos el calentamiento global alcanzando los 1,5 grados y un fenómeno de El Niño que no había ocurrido antes, nuestra respuesta sea reducir la cantidad de dinero que estamos invirtiendo en (el combate al) cambio climático”, criticó el doctor en Economía Ambiental.

Para 2027, el Gobierno de México planea recortar cerca de 25% los recursos para la adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático. Mientras el presupuesto federal 2026 asignó casi de 212.570 millones de pesos a este apartado, el proyecto para 2027 estima un presupuesto de poco más de 160.120 millones para estos fines.

“La realidad y la percepción de los tomadores de decisiones no concuerda”, finalizó Estrada Porrúa.

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