Lo que ha salido a la luz de la supuesta corrupción, cada vez más descarada, dentro de la administración de Trump
Análisis de Aaron Blake, CNN
Cada vez hay más indicios de que a los votantes les preocupa la corrupción de cara a las elecciones intermedias de 2026. Una encuesta de CNN publicada este miércoles mostró que el 19% de los votantes registrados considera que es su principal preocupación, solo por detrás de la economía y el costo de vida, considerados en conjunto.
Y, a dos semanas de las elecciones, el Gobierno de Trump los está inundando de repente con relatos bastante gráficos sobre presuntos casos de corrupción.
De hecho, aunque el tema de la corrupción ha perseguido durante mucho tiempo al presidente Donald Trump debido a su actitud permisiva frente al enriquecimiento personal, así como al aumento de su fortuna durante su presidencia, los ejemplos de posibles casos de corrupción en su Gobierno en las últimas semanas se han vuelto casi caricaturescos.
En poco más de un mes, ha salido a la luz la siguiente información:
- Una embajadora, que ya dejó el cargo, habría pedido US$ 100.000 para cubrir la deuda de su tarjeta de crédito a un hombre al que ayudaba a hacer gestiones de cabildeo ante el Gobierno, y le habría insistido repetidamente en que no dejara un rastro documental, según mensajes de texto obtenidos por The Wall Street Journal. Los abogados de la exembajadora han negado las acusaciones.
- El Departamento de Seguridad Nacional compró varios aviones a un donante de Kristi Noem, quien dejó recientemente el cargo de secretaria de ese departamento, aparentemente a precios inflados. La exsecretaria y el actual secretario se han señalado mutuamente como responsables de las compras.
- Un oligarca ruso habría pagado cientos de miles de dólares por algunos gastos de la celebración de la boda de Donald Trump Jr. La esposa de Trump Jr. restó importancia a la idea de que hubiera algo irregular en el acuerdo, pero posteriormente el oligarca dijo que Trump Jr. le había devuelto el dinero.
- Una misteriosa transferencia de varios millones de dólares, presuntamente realizada por un acaudalado inversionista turco, que, según reportes de Axios y The New York Times, un aliado de Trump (quien recientemente se casó con el inversionista) acusa a otro aliado del presidente de haber destinado indebidamente a otros fines. Más adelante se ofrecen detalles sobre este complicado asunto.
- Esa misma primera aliada de Trump, casada con el inversionista turco, aceptó un empleo remunerado con US$ 50 millones mientras se desempeñaba como asesora de alto nivel en el Departamento de Justicia de Trump, poco antes de que el banquero venezolano multimillonario que la contrató recibiera un indulto que llevaba tiempo buscando. Ella negó haber tenido algún papel en la concesión del indulto.
Este último caso es el más reciente.
Tyler Pager, de The New York Times, informó que Alina Habba consiguió un acuerdo laboral por US$ 50 millones con una empresa que se había creado hacía poco y que no tiene un perfil público conocido. Según el reporte, también cerró el acuerdo cuando todavía se desempeñaba como fiscal federal en Nueva Jersey y comenzó a trabajar para la empresa mientras era empleada especial del Gobierno y asesoraba a la entonces secretaria de Justicia Pam Bondi.
Dos semanas después de que Habba comenzara a trabajar, el banquero venezolano que la contrató, Julio Herrera Velutini, recibió el indulto, informó el Times.
Habba negó haber desempeñado algún papel en la concesión del indulto. En una declaración enviada al Times, afirmó: “Cualquier insinuación de que mi empleo, cuyos detalles fueron revisados y comunicados al Departamento de Justicia, tuviera algo que ver con conseguir un indulto es falsa”. No quiso hablar sobre su trabajo para la empresa Concord Partners.
Pero esa no es la única controversia en la que Habba se ha visto envuelta en los últimos siete días. Hace una semana, Axios y el Times también informaron sobre su acusación de que Richard Grenell, otro aliado de Trump, destinó indebidamente a otros fines millones de dólares que su ahora esposo, el acaudalado inversionista turco Turhan Mildon, había previsto donar al Centro Kennedy.
Según los reportes, el dinero se transfirió mediante una operación bancaria a una empresa de Texas dedicada a equipos de defensa y seguridad, para la que Grenell dice haber trabajado anteriormente como consultor. Mildon tiene amplios intereses comerciales en Venezuela, y el Times informó que presentó un mensaje de texto en el que Grenell supuestamente decía que quería convertirlo en la “cara estadounidense de la V”, en referencia a Venezuela.
Grenell calificó las acusaciones de absurdas y dijo al Times: “Nunca he pedido que se enviara ni un centavo a otro lugar fingiendo que era para el Centro Kennedy, y nunca he recibido ningún pago de su parte”.
La boda de Trump Jr. ha provocado críticas incluso entre los republicanos del Congreso, algunos de los cuales quieren que se investigue el asunto. Un senador lo calificó de “corrupción”.
La esposa de Trump Jr. dijo que el oligarca, Umar Kremlev, es un “querido amigo”. Sin embargo, cuando ProPublica informó por primera vez sobre la controversia, un portavoz de Eric Trump, hermano de Trump Jr., dijo que este no tenía “absolutamente ninguna idea de quién es esta persona ni había oído nunca su nombre”.
La compra de los aviones a un donante de Kristi Noem, exsecretaria del Departamento de Seguridad Nacional, ha llevado tanto al entorno de Noem como al actual secretario del departamento, Markwayne Mullin, a restar importancia a sus respectivos papeles y a señalarse mutuamente.
El equipo de Mullin dijo que “estos aviones se compraron antes de la llegada del secretario Mullin al Departamento de Seguridad Nacional”.
En cambio, el comunicado de Noem subrayó que “la compra se concretó bajo el liderazgo del secretario Mullin”.
Y la saga en torno a Kimberly Guilfoyle, quien dejó recientemente su cargo de embajadora en Grecia, llevó a Trump a despedirla. El caso no solo implicó que presuntamente solicitara en secreto US$ 100.000 a un hombre que buscaba obtener favores del Gobierno, algo de lo que el propio hombre, Eric Deters, ha hablado abiertamente, sino también una serie de mensajes que han despertado sospechas.
“No aparecerá en ningún lado si transfieres dinero a American Express”, habría escrito Guilfoyle en un momento dado en mensajes enviados por Signal.
“Eric, de verdad quisiera que dejaras de documentar todas estas cosas”, decía otro mensaje.
“Qué pesadilla. Literalmente me vas a costar mi embajada. Deja de escribir”, decía otro más.
Guilfoyle, quien anteriormente estuvo comprometida con Trump Jr., ha rechazado las acusaciones, las ha calificado de “falsas” y ha dicho: “Tengo la intención de defender enérgicamente mi nombre, mi reputación y mi integridad”.
Por supuesto, estos no son los únicos acontecimientos sorprendentes y llamativos para quienes han seguido los posibles casos de corrupción durante los últimos dos años. Trump ha ganado más de US$ 1.000 millones con las criptomonedas. Ha promocionado repetidamente empresas poco después de comprar acciones de ellas, según una investigación de CNN. Su empresa de redes sociales permite que firmas de Wall Street paguen para acceder más rápido a publicaciones capaces de mover los mercados. Además, aceptó como regalo un avión de Qatar para utilizarlo como Air Force One, que supuestamente será transferido a su biblioteca presidencial.
Pero hay indicios de que este asunto está cobrando fuerza últimamente. Eso no significa que vaya a convertirse en un gran lastre para Trump y el Partido Republicano, pero sin duda es un tema que conviene seguir de cerca.
Una reciente encuesta de Gallup mostró que un récord del 89% de los estadounidenses considera que la corrupción está muy extendida en el Gobierno de Estados Unidos.
Además de la encuesta de CNN, que mostró que el 19% de los votantes registrados considera que la corrupción es su principal preocupación, un sondeo reciente de Fox News reveló que el 88% de los votantes registrados dijo estar “extremadamente preocupado” (60%) o “muy preocupado” (28%) por la corrupción en el Gobierno. Esas cifras se acercan a las de 2006, cuando el extenso escándalo de cabildeo de Jack Abramoff alcanzó su punto álgido.
Una encuesta reciente de Reuters/Ipsos mostró que los votantes registrados desaprueban la gestión de Trump en materia de corrupción por un margen de 62% frente a 29%.
Y una encuesta de The Washington Post y ABC News mostró que casi dos tercios de los estadounidenses consideran que Trump está utilizando la presidencia para enriquecerse.
Hay un aspecto que favorece al Partido Republicano en este asunto: también existen indicios de que la corrupción podría no beneficiar a los demócratas tanto como esperan.
La encuesta de CNN mostró que los votantes registrados favorecen al Partido Demócrata frente al Partido Republicano en este tema por 7 puntos porcentuales, con un 33% frente a un 26%. Una encuesta de The New York Times y Siena College también muestra que los votantes con mayor probabilidad de acudir a las urnas favorecen a los demócratas por un margen de 50% frente a 39%. Sin embargo, la encuesta de Reuters/Ipsos mostró un empate virtual: el 31% favorece a cada partido y casi 4 de cada 10 votantes registrados no se inclinan por ninguno de los dos.
Y aunque una encuesta reciente de NBC News mostró que una ligera mayoría de los estadounidenses (52%) considera que el Gobierno de Trump es “más corrupto” que los Gobiernos anteriores, solo el 25% dijo que la corrupción suele ser un problema mayor en el Partido Republicano que en el Partido Demócrata. Además, el 56% afirmó que es un problema “por igual” en ambos partidos.
En otras palabras, las cifras no permiten determinar con claridad cómo influirá este asunto en las elecciones dentro de dos semanas. Pero, al parecer, el Gobierno de Trump no deja de darles a los demócratas más argumentos para utilizar en su contra.
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