¿Acaba de cometer un error grave la Reserva Federal?
Análisis por David Goldman, CNN
El costo de vida es la principal preocupación de los votantes que acuden a las urnas y, sin embargo, ante el persistente problema de la inflación en Estados Unidos la Reserva Federal optó este miércoles por no tomar ninguna medida al respecto.
Al menos durante las próximas seis semanas.
A pesar de que los precios al consumidor han aumentado un 3,7% en el último año y de que el indicador de inflación preferido por la Reserva Federal se mantiene, de forma obstinada, un 50% por encima del objetivo fijado por el banco central, la decisión de mantener estables las tasas de interés era algo ampliamente esperado.
Esto se debe a que la modificación de las tasas es una herramienta poco precisa que, si se aplica en el momento equivocado o de manera inadecuada, puede causar graves daños a la economía.
“Las tasas de interés se filtran por todas partes”, señaló el miércoles Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal, durante una rueda de prensa. “Afectan a todo”.
Apenas el mes pasado, los responsables de la política monetaria aumentaron las tasas por primera vez en más de tres años. Ahora prefieren esperar un tiempo para observar cómo reacciona la economía antes de volver a golpearla con una nueva subida de tasas.
“Garantizar la estabilidad de los precios y vigilar la inflación no depende de una fecha fija en el calendario ni de un dato aislado”, afirmó Warsh. “Se trata de asegurar que contemos con objetivos claros y con la política monetaria adecuada”.
Warsh se mostró optimista ante la reducción de las expectativas de inflación registrada desde que la Reserva Federal subió las tasas en septiembre.
No obstante, al optar por la espera la Reserva Federal asume un riesgo considerable. Se expone a repetir un error similar al de 2021, cuando asumió que el monstruo de la inflación que acechaba directamente a la economía podría derrotarse simplemente ignorándolo. (La Reserva Federal se equivocó de forma desastrosa).
Quizás esta vez sea realmente distinto, y no actuar con precipitación podría resultar una decisión acertada.
O bien podría obligar al banco central a someter a la economía a una “terapia de choque” en diciembre que, tal vez, se habría podido evitar con un aumento de las tasas en octubre.
El empleo. Un aumento de las tasas de interés eleva los costos de endeudamiento para las empresas, lo que les deja menos recursos para realizar contrataciones.
El momento actual podría ser delicado para intervenir en el mercado laboral: la economía estadounidense generó solo 29.000 empleos en septiembre, una cifra muy por debajo de las expectativas. Además, el informe de septiembre reveló que, durante los dos meses anteriores, la economía había creado 60 000 puestos de trabajo menos de lo que se creía inicialmente.
Si bien el mercado laboral no está en una mala situación, se encuentra en un terreno inestable. La economía estadounidense perdió 10.000 empleos en julio, una tendencia que se ha repetido en siete de los últimos 16 meses. Aunque la tasa de desempleo se mantiene en un nivel saludable del 4,2%, los economistas describen la situación actual como un escenario de “pocas contrataciones y pocos despidos”.
En otras palabras, puede que tu puesto no corra peligro, pero si dejas tu empleo, es posible que te cueste encontrar uno nuevo.
Mercados. Los rendimientos de los bonos del Tesoro han subido desde la última alza de tasas de la Fed. De hecho, en un momento dado alcanzaron niveles no vistos en décadas. Desde entonces han retrocedido ligeramente, volviendo a los niveles de mediados de septiembre. No obstante, el hecho de que sigan siendo relativamente elevados ofrece cierto margen de maniobra a la Fed, ya que ejercen un efecto similar al de la tasa de fondos federales: ralentizan la economía y la inflación.
A la Fed tampoco le gusta tomar a los inversores por sorpresa, ni siquiera en esta nueva etapa con Warsh. Según la herramienta FedWatch de CME, el mercado descontaba una probabilidad del 91% de que la Fed mantuviera las tasas sin cambios y una subida habría podido provocar un reajuste doloroso en los mercados.
El factor tiempo. Es posible que la decisión de la Fed se haya visto influida, al menos en parte, por las próximas elecciones. Narayana Kocherlakota, expresidente de la Reserva Federal de Minneapolis, comentó a mi colega Matt Egan que la Fed evitó subir las tasas el miércoles para protegerse de las críticas del presidente Donald Trump. Sin embargo, como señala mi colega Elisabeth Buchwald, a lo largo de su historia la Fed ha modificado las tasas en numerosas ocasiones justo cuando los votantes acudían a las urnas.
El error de lo “transitorio”: Por lo general, la Reserva Federal no interviene cuando se producen crisis de oferta —como la crisis energética provocada por la guerra de Irán— que generan inflación. Estas crisis son notoriamente temporales, difíciles de predecir y poco sensibles a los cambios en las tasas de interés.
No obstante, los choques de oferta pueden derivar en problemas mayores que la Fed sí puede ayudar a resolver. La Fed debería saberlo bien: acaba de pasar por una situación así.
Cuando la economía comenzó a recuperarse de la pandemia, la Fed cometió un error respecto a la inflación al calificarla como un choque de oferta “transitorio” vinculado a la guerra entre Rusia y Ucrania y a graves interrupciones en las cadenas de suministro. Aquello terminó convirtiéndose en el problema inflacionario más importante de toda una generación. La Fed se vio obligada a subir las tasas a un ritmo histórico: tres incrementos consecutivos de tres cuartos de punto porcentual. En última instancia, la Reserva Federal logró reducir una inflación descontrolada a niveles más manejables, aunque no sin antes permitir que los precios al consumidor alcanzaran un pico con una tasa anual del 9,1%, la cifra más alta en cuatro décadas.
Es posible que esta vez no sea diferente: la inflación ya se está extendiendo a otros sectores de la economía.
Un aspecto especialmente preocupante del informe sobre la inflación al consumidor de septiembre fue el sorprendente repunte en los costos de la vivienda y los alquileres, un factor que contribuye significativamente a la inflación y que, sin embargo, se había moderado durante la primavera y el verano. Asimismo, el costo de otros servicios aumentó más de lo previsto; se trata de precios que tienden a subir (y a mantenerse elevados) a medida que negocios como los estudios de yoga, los servicios de mantenimiento de jardines y otros similares trasladan sus propios incrementos de costos a sus clientes.
Otro factor que impulsa la inflación es la inversión en centros de datos y tecnología para la inteligencia artificial, que ha acelerado la economía a un ritmo frenético, posiblemente hasta el punto de sobrecalentarla. Como consecuencia, han subido los precios de la electricidad, los materiales de construcción, la mano de obra y los dispositivos tecnológicos personales, como teléfonos inteligentes y computadoras portátiles.
¿Más guerra? Este repunte en los precios de la energía podría empeorar antes de mejorar. Donald Trump ha dejado entrever con claridad —y CNN así lo ha reportado— que Estados Unidos e Israel podrían intensificar el conflicto con Irán tras las elecciones de mitad de mandato, lo que podría elevar aún más los precios del petróleo.
Sería una imprudencia que la Fed tomara decisiones basadas en rumores. Además, los precios de la energía pueden caer con rapidez. Por ejemplo, el anuncio de una “tregua energética” en Rusia, promovido por la administración Trump, se ha mantenido sorprendentemente bien, y esto ha permitido un aumento considerable en la producción de diésel en Rusia durante las últimas semanas, lo que podría reducir notablemente los precios globales de este combustible, siempre y cuando Ucrania siga absteniéndose de atacar refinerías rusas con drones.
No obstante, el prolongado aumento en los precios de la energía ya está encareciendo los costos en toda la economía y esperar demasiado para volver a subir las tasas podría dejar a la Fed rezagada frente a la realidad económica.
La metáfora de la rana en agua hirviendo resulta pertinente: las alzas en las tasas de interés tienen un efecto retardado, y cambios bruscos pueden resultar perjudiciales para el sistema financiero, los mercados y la economía en general. Al igual que la rana, la economía tiende a permanecer en la olla cuando la temperatura aumenta de forma gradual.
Si se intensifican los conflictos con Irán o la guerra entre Rusia y Ucrania, la Fed podría verse en una situación complicada, obligada a subir las tasas más de lo previsto en su próxima reunión de diciembre —quizás en medio punto porcentual—, a modo de medida correctiva.
Las sucesivas y drásticas subidas de tasas a lo largo de 2022 provocaron la mayor caída anual del mercado bursátil desde la crisis financiera y paralizaron el mercado inmobiliario. Sin embargo, la economía no entró en recesión, un logro poco común para la Fed cuando aplica políticas de endurecimiento monetario.
Es una apuesta que pocos economistas estarían dispuestos a repetir.
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