Skip to Content

El lugar de retiro en el Ártico rodeado de silencio y secretismo al que solo se accede por invitación

Por Barry Neild, CNN

Para noviembre, un frío que cala hasta los huesos ya se ha instalado en los confines septentrionales de Finlandia. Las primeras nevadas intensas llegan hacia finales de mes y, a principios de diciembre, el sol se oculta bajo el horizonte durante semanas, transformando la región en un paraje salvaje, oscuro y gélido.

Es el escenario perfecto para crear uno de los refugios más lujosos y reservados del mundo. Un lugar donde personas adineradas, famosas y poderosas están dispuestas a desembolsar decenas de miles de dólares para instalarse, durante días o incluso semanas, en una meseta expuesta a la intemperie, contemplando la inmensidad invernal.

Ese es, al menos, el concepto detrás de Octola III, un complejo turístico cuya apertura está prevista para el 1 de diciembre en el extremo noroeste de Finlandia, cerca de las fronteras con Suecia y Noruega; una zona donde se extienden, hasta donde alcanza la vista, vastas extensiones de pinos achaparrados por la nieve.

A primera vista no parece un lugar espectacular. Si bien hay vistas, carece de las imponentes montañas árticas que ofrecen los países vecinos de Finlandia. En agosto, apenas unos meses antes de recibir a sus primeros huéspedes, Octola III no era más que una obra llena de barro: montones de piedras sueltas, rollos de tuberías de plástico amarillo esparcidos por el suelo y un pequeño grupo de operarios con ropa de alta visibilidad trabajando metódicamente con martillos, sierras y taladros.

Sin embargo, Janne Honkanen, el empresario finlandés impulsor del proyecto, sabe exactamente lo que hace. No es de extrañar, dado que dirige un equipo con una larga trayectoria en la creación de refugios de ultralujo que, según afirma, resultan demasiado exclusivos incluso para algunas celebridades de renombre.

Acostumbrados a trabajar bajo plazos estacionales estrictos, los contratistas locales de Honkanen lograron cumplir con el cronograma a medida que el otoño se desvanecía rápidamente. Antes de la llegada de las primeras nieves, el exterior del edificio fue acondicionado para resistir la intemperie, mientras el interior iba tomando forma. Se completaron una hermosa sauna y una piscina de inmersión al aire libre, así como una gigantesca sala de recreo, equipada con una galería de tiro y un divertido juego de lanzar lazos a astas de reno.

Para cuando llegue el plazo límite en diciembre, Octola III habrá experimentado una transformación total. No solo gracias a los artesanos que han erigido columnas a partir de árboles kelo —pinos silvestres secos—, conservando intactas sus ramas retorcidas, sino también debido al clima invernal: el exterior del edificio, revestido de piedra, está diseñado para que la nieve se adhiera a él, dando la impresión de que sus muros han sido esculpidos a partir de acumulaciones de nieve helada.

Con sus enormes ventanales y un jacuzzi orientados hacia un paisaje salvaje y resplandeciente, bajo un cielo con muchas probabilidades de iluminarse con auroras boreales, Octola III recordará inevitablemente a la guarida de un villano de las películas de James Bond.

A este ambiente contribuye el hecho de que, durante décadas, el lugar fue una instalación militar secreta que no aparecía en ningún mapa; una condición clandestina que Honkanen pretende mantener.

En la década de 1950, a medida que la Guerra Fría comenzaba a intensificarse, Finlandia utilizó un terreno en Enontekiö —una franja de territorio que constituye su frontera noroeste— para establecer una base de vigilancia por radar. Desde allí, el país equilibraba la observación de la Unión Soviética con la escucha de sus vecinos occidentales. Para ello, se construyó una carretera de acceso a través del bosque y se instalaron suministros de agua y electricidad.

La base secreta fue renovada en la década de 1980, pero, con la llegada del siglo XXI, los avances tecnológicos la dejaron obsoleta. Precisamente en ese momento, Honkanen buscaba un enclave septentrional para expandir su imperio de lujo. Motivado por el calentamiento climático en latitudes más meridionales, quería encontrar un lugar donde pudiera garantizar a sus huéspedes una larga temporada invernal, rodeados de uno de los aires más puros del planeta.

Con esta iniciativa, Honkanen espera aprovechar una tendencia creciente entre las personas de gran patrimonio. Ante la inestabilidad de las nevadas y la masificación en las estaciones de esquí europeas —sumado a las olas de calor que asolan los destinos estivales tradicionales—, los viajeros de alto poder adquisitivo están cambiando sus lugares de vacaciones habituales por refugios más extremos. Buscan rincones remotos del planeta, resilientes al cambio climático, donde la privacidad sea absoluta y el entorno permanezca intacto.

Inicialmente, Honkanen se propuso rehabilitar la base existente. El lugar, rebautizado como “Aurora Radar Station”, ya ha servido como alojamiento de alta gama para visitantes de gran poder adquisitivo; además, con la apertura de Octola III podrá albergar también al personal que acompañe a los huéspedes (lo que da una idea del nivel de riqueza del que estamos hablando). Posteriormente comenzó la construcción de nuevas instalaciones de alojamiento más arriba en la colina. Una vez terminada, las paredes interiores de Octola III, revestidas de madera de pino, albergarán dos suites principales que podrán reservarse de forma conjunta o individual, a modo de apartamentos. El espacio contará con una cocina donde preparar las comidas de los huéspedes, baños en suite, una sala de estar con chimenea de leña y enormes ventanales por todas partes, que permitirán contemplar la inmensa extensión vacía que se despliega a kilómetros a la redonda. Los suelos y el techo están construidos con madera de roble recuperada, y el edificio aprovechará la energía geotérmica.

Para garantizar un nivel de privacidad que sus clientes más exclusivos sabrán valorar, no se les revelará la ubicación exacta con antelación. Asimismo, durante su estancia se les pedirá que eliminen las etiquetas de geolocalización de cualquier fotografía que compartan en sus redes sociales.

Aquí no hay nada que hacer en apariencia: para las personas cuya rutina diaria implica adquisiciones hostiles y reuniones de juntas directivas, pagar cinco cifras por noche para contemplar los árboles durante seis horas representa el descanso definitivo. Sin embargo, Honkanen señala que existen numerosas distracciones para quienes las necesiten. Motonieves eléctricas, esquí de fondo, pesca en hielo y caza forman parte del amplio abanico de actividades invernales que se pueden ofrecer.

“El concepto original de Octola es como el de un superyate navegando bajo la aurora boreal, equipado con todos los ‘juguetes’ que uno esperaría”, comenta.

Un elemento fundamental de la experiencia, añade, es el contacto con la cultura sami —pueblo nativo de Laponia dedicado al pastoreo de renos y último pueblo indígena de Europa—. Aunque el lujo y las comodidades puedan parecer muy alejados de las duras condiciones a las que se enfrentan estos grupos seminómadas en las inhóspitas regiones árticas de Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia, los sami ven con buenos ojos la llegada de visitantes de alto poder adquisitivo.

“Ya existe algo de turismo aquí, y nos ha preocupado un poco que pudiera extenderse demasiado”, afirma Janne Näkkäläjärvi, pastor de renos de Enontekiö y gestor de desarrollo en el Instituto de Educación Sami, una institución de la región dedicada a la enseñanza de la cultura sami.

Esta cautela no carece de fundamento. En noviembre y diciembre, oleadas de visitantes llegan en avión a Rovaniemi, la capital de la Laponia finlandesa, que desde hace tiempo se promociona como el hogar de Papá Noel. Han surgido preocupaciones sobre el exceso de turismo, que podría desbordarse y afectar al frágil entorno natural del Ártico.

“Por supuesto que la gente quiere venir aquí”, dice Näkkäläjärvi. “Pero no queremos turismo de masas, porque la naturaleza es muy vulnerable y debemos proteger nuestros bosques. Necesitamos turistas, sí, pero los que necesitamos son los ricos”.

Es difícil encontrar personas más adineradas que aquellas que ya están haciendo fila para visitar Octola. Los precios en Octola III comienzan en 20 000 euros por noche —unos 22 000 dólares— por la propiedad completa, a lo que se suman otros 20.000 euros si se desea alquilar la “Estación de Radar”. Para garantizar que sus huéspedes sean personas capaces de valorar uno de los últimos grandes entornos salvajes de Europa, Honkanen explica que los interesados ​​pasan a una lista de espera y son sometidos a un proceso de selección en el que se evalúa si son adecuados.

“Los analizamos”. comenta, añadiendo que en el pasado ha tenido que rechazar a posibles clientes en sus otras propiedades de lujo, situadas más al sur. “A veces tenemos que declinar reservas porque queremos huéspedes que sepan apreciar la naturaleza ártica y que cuenten con un perfil apropiado”.

“No queremos a estrellas de programas de telerrealidad. He rechazado reservas solicitadas por la productora de las Kardashian, porque ese tipo de figuras televisivas buscan algo que nosotros no queremos ofrecer”.

Los huéspedes que logran superar este filtro suelen pertenecer a los estratos más altos del 1% más rico. Aunque Honkanen no revela nombres, los libros de visitas, los objetos olvidados y diversas anécdotas sugieren que entre ellos figuran fundadores de imperios empresariales y miembros de la realeza; uno de ellos, incluso, utiliza el aeropuerto de Rovaniemi para su Boeing 747 privado. El sitio web de Octola incluye testimonios del príncipe Alberto de Mónaco y de la estrella del cine indio Anushka Sharma.

Según Honkanen, los clientes ideales son aquellos que valoran la oportunidad de conectar con los paisajes árticos de Laponia, de disfrutar del aire puro, el silencio y la “luz blanca” —ese resplandor etéreo reflejado en la nieve que impregna la atmósfera gélida en pleno invierno, incluso cuando el sol apenas se deja ver—. También son personas dispuestas a interactuar con el pueblo sami, su cultura, su gastronomía y sus actividades.

Näkkäläjärvi señala que, hasta ahora, Octola parece haber logrado el equilibrio perfecto: ofrecer a sus huéspedes un refugio de lujo, al tiempo que fomenta una interacción auténtica que beneficia a la comunidad local y colabora con ella, en lugar de explotarla.

“Es fundamental que la experiencia sea genuina; no se puede fingir”, afirma. “Resulta muy gratificante contar con un lugar así aquí. Cuando alguien nos escucha, quiere ayudar y nos pregunta qué es lo que necesitamos, es algo positivo”.

Aunque todavía es pronto para saber si Octola III será un éxito, Honkanen ya cuenta con un modelo de negocio próspero en los alrededores de Rovaniemi: Octola I y II, dos complejos de alojamiento enclavados en un extenso bosque en el que uno podría perderse fácilmente.

Este éxito supone un notable “tercer acto” para Honkanen, quien, según relata, vio truncada su carrera como piloto profesional de motos de nieve debido a una lesión, sufrió la quiebra de un negocio y, posteriormente, fue diagnosticado con un tumor cerebral —actualmente en remisión—. Gracias a la inversión inicial de su viejo amigo, el piloto de carreras finlandés Mika Häkkinen, dio el salto al sector del lujo y comenzó a construir un imperio floreciente.

Tras gestionar diversas operaciones inmobiliarias, adquirió 47 parcelas forestales contiguas a las afueras de Rovaniemi, creando un “espacio natural privado” de unas 600 hectáreas donde levantó sus exclusivos refugios. Hoy en día, se trata de un enclave sumamente discreto que ofrece tanto una vía de escape hacia la naturaleza como un entorno privilegiado para disfrutar de ella.

Eso sí, es una propuesta reservada para quienes cuentan con un presupuesto muy elevado.

Octola II consta de dos propiedades. Una de ellas, un “ultra-alojamiento” de casi 800 metros cuadrados situado en lo más profundo del bosque, cuesta hasta 40.000 euros —casi US$ 45.000— por noche; una cifra con la que uno podría alojarse durante siete meses en un hotel económico de la ciudad de Nueva York. Pero, mientras que en Manhattan te encontrarás con una cacofonía constante y apenas espacio suficiente para deshacer la maleta, en los bosques finlandeses tu dinero compra serenidad. Y una sala para fumadores de puros. Y cinco amplios dormitorios con baño privado. Y un salón con chimenea auténtica y enormes ventanales. Y una sala de juegos. Y dos dormitorios para tu personal, por si has traído a alguien contigo.

Ah, y un spa privado con tres —¡tres!— saunas.

Para quienes aun estando dispuestos a gastar mucho buscan algo más ajustado, existe una villa más modesta de unos 185 metros cuadrados con dos habitaciones a partir de 15.000 euros por noche. Aún más “económica” es una habitación en el alojamiento principal de Octola —un espacio suntuoso y relajado, articulado en torno a un gigantesco salón común y una cocina abierta—, por 3.500 euros.

Los huéspedes también pueden desembolsar grandes sumas en decenas de actividades, en un entorno que ofrece magia durante todo el año.

Escondidas entre los árboles hay más saunas donde los visitantes pueden empaparse del espíritu del löyly —el vapor de la sauna—, considerado un ingrediente clave de la felicidad nacional de Finlandia, que lidera los índices mundiales.

Una de ellas es una magnífica obra de artesanía en madera construida especialmente para un huésped habitual de la realeza. El personal no revela su identidad, pero se la conoce como la “Sauna de Mónaco”, así que ¡haz tus apuestas!

Otra es la sauna de humo. Esta experiencia tradicional que recuerda a la técnica de ahumar un salmón se logra encendiendo un fuego que arde durante cinco horas bajo un montón de piedras, que retienen un calor intenso mucho después de que las llamas se hayan apagado. A continuación, se ventila la estancia para eliminar los humos; sin embargo, sus paredes ennegrecidas por el hollín y el aroma a quemado crean una atmósfera primigenia que contrasta drásticamente con el lujo de una estancia que cuesta US$ 40.000 por noche.

En los meses más cálidos, cuando el sol apenas se pone, es posible practicar la pesca con mosca, conducir quads eléctricos, recorrer el río en kayak o disfrutar de los arándanos silvestres que cubren el suelo del bosque. En invierno, las opciones incluyen esquí de fondo, paseos en trineo tirado por perros, caminatas con raquetas de nieve, excursiones en motos de nieve y la observación de auroras boreales. Cerca del río, un prado se inunda deliberadamente y se deja congelar para crear una superficie de hielo donde es posible realizar maniobras de derrape al volante de un Toyota 4x4 de alto rendimiento.

En los alojamientos, el personal local prepara platos con ingredientes obtenidos del entorno, como moras de los pantanos, trucha, reno e incluso carne de oso —cuya caza está permitida en Finlandia bajo cuotas estrictamente limitadas—. Asimismo, las cocinas pueden adaptarse a las preferencias comunicadas con antelación o, como ocurre en ocasiones, quedar a disposición de los chefs que acompañan a los huéspedes.

Un elemento fundamental es el ambiente sumamente relajado de Octola; según Honkanen, esto es clave para los clientes que buscan una interacción personal y auténtica con el equipo que los atiende. “El servicio al cliente es genuino”, afirma Jessi Leivo, anfitriona principal de Octola —quien, como ella misma comenta con entusiasmo, es una apasionada de la caza—. “Podemos ser nosotros mismos, sin tener que adoptar el papel que la empresa nos imponga”.

Según Honkanen, algunos huéspedes se sienten tan a gusto que regresan con frecuencia; incluso dejan en la propiedad su ropa, equipo para deportes de invierno —y, en un caso, hasta un piano eléctrico— para utilizarlos en su próxima visita. Varios clientes que reservaron una estancia de pocos días terminaron prolongándola durante semanas. “Una familia de la India llegó hasta el aeropuerto para emprender el viaje de regreso a casa”, cuenta Honkanen, “pero dieron media vuelta y regresaron”.

Por supuesto, Honkanen sabe que lo que motiva a los huéspedes a volver no son necesariamente los lujos que pueden encontrar en cualquier otra parte del mundo, aunque sin duda ayudan, sino ciertos aspectos intangibles de la vida que contribuyen a la gran satisfacción de los finlandeses. En última instancia, estos momentos fugaces de reflexión, de tranquilidad, de contemplar un entorno salvaje, blanco y silencioso mientras suaves copos caen del cielo son cosas que no tienen precio y que cualquiera puede disfrutar, siempre que se encuentre en el lugar adecuado y en el momento oportuno.

Pero para quienes poseen una riqueza estratosférica, estos son los lujos más valiosos de todos.

“Es el aislamiento, el aire puro… todo eso”, comenta Honkanen. “Es difícil saber de dónde proviene la felicidad, pero siempre digo que el bosque tiene un poder sanador; cuando estás en plena naturaleza, puedes escucharte a ti mismo y solo entonces logras sentirte en armonía”.

The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.

Article Topic Follows: CNN - Spanish

Jump to comments ↓

Author Profile Photo

CNN Newsource

BE PART OF THE CONVERSATION

KVIA ABC 7 is committed to providing a forum for civil and constructive conversation.

Please keep your comments respectful and relevant. You can review our Community Guidelines by clicking here.

If you would like to share a story idea, please submit it here.