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Las cámaras de Flock enfrentan una creciente ola de rechazo en todo Estados Unidos

Por T.M. Brown, CNN

En los últimos meses, personas han derribado con una sierra eléctrica cámaras de vigilancia propiedad de la empresa Flock Safety en el norte del estado de Nueva York, les han arrojado pintura en Oakland, California, y las han embestido con una camioneta en Idaho. En Florida, un hombre se sienta en una silla de jardín sosteniendo un cartón sujeto a un poste para bloquear el campo de visión de una de las cámaras. Gobiernos municipales también se han sumado al rechazo al desactivar las cámaras o cancelar sus contratos con Flock en Fort Collins, Colorado; Eugene, Oregon; Madison, Wisconsin; Knoxville, Tennessee; Syracuse, Nueva York, y Walla Walla, Washington.

Flock comercializa sus servicios como una herramienta para combatir el crimen, basada en una red de cámaras que registran y analizan todo lo que pasa frente a ellas. Las agencias policiales que tienen contratos con la empresa utilizan sus enormes bases de datos de matrículas observadas y otra información sobre vehículos para rastrear o reconstruir los movimientos de automóviles durante investigaciones criminales.

La empresa afirma que tiene desplegadas 120.000 cámaras de lectura automática de matrículas (ALPR, por sus siglas en inglés) y cámaras con funciones de paneo, inclinación y zoom (PTZ, por sus siglas en inglés) en todo Estados Unidos, que capturan decenas de miles de millones de datos cada mes. Los sistemas ALPR escanean automáticamente todas las matrículas que pasan frente a ellos, mientras que las cámaras PTZ graban imágenes en tiempo real que luego pueden revisarse y analizarse. Como todas las cámaras de Flock están conectadas entre sí, el resultado es una red nacional de actividad registrada. Un policía en Los Ángeles puede recibir una alerta si el vehículo que busca aparece en Chicago y avisar a las autoridades locales.

Sin embargo, durante las últimas semanas y meses también ha comenzado a tomar forma otra red: un patrón de oposición a la empresa que se extiende de costa a costa. Entre quienes rechazan el sistema hay desde funcionarios públicos hasta vigilantes por cuenta propia, tanto en grandes ciudades como en comunidades rurales. En un país profundamente dividido en términos políticos, la oposición a las cámaras de Flock se ha convertido en uno de los pocos temas capaces de unir a personas de distintos sectores ideológicos.

“Es una violación de la privacidad de las personas”, dijo Caleb Williams, de 24 años, residente de una zona rural de Carolina del Sur, quien se describió como políticamente independiente.

“Las personas razonables saben que, al final, todo se reduce a una violación de las libertades individuales”, afirmó Adrien Kaiser, quien se define como un conservador constitucional y vive al noroeste de Houston.

“Creo firmemente que el Gobierno puede hacer cosas para mejorar la vida de las personas, pero un Estado de vigilancia es el primer paso hacia un Estado policial”, dijo Jon Dendy, un progresista que vive en Massachusetts.

“Con frecuencia, nuestros críticos dicen que debemos elegir entre seguridad o privacidad. Y creo que eso está mal”, dijo recientemente el director ejecutivo de Flock, Garrett Langley, en una entrevista con Eric Levenson, de CNN. “Como país, como sociedad y como especie, hemos demostrado una y otra vez que podemos tener seguridad y privacidad al mismo tiempo”.

En los últimos meses, Flock ha acaparado titulares por motivos poco favorables. Se descubrió que agentes policiales utilizaron el sistema para acosar a exparejas y colegas, y periodistas informaron que, pese a que la empresa sostiene que únicamente registra vehículos, las cámaras también pueden utilizarse para rastrear personas.

Estas revelaciones han alimentado una creciente mentalidad de resistencia entre ciudadanos comunes. En las últimas semanas, decenas de cámaras de Flock han sido inutilizadas de manera deliberada y muchas personas han expresado su apoyo a quienes las destruyen. En junio, un hombre de Virginia Occidental acusado de destruir varias cámaras de Flock fue arrestado. Debajo de una publicación en Facebook de la filial local de NBC que informaba sobre su detención aparecieron decenas de personas ofreciendo proporcionarle coartadas.“Estuvo pescando conmigo ese día; arrestaron al hombre equivocado”, escribió un usuario.

“Lo único que nos está uniendo a todos, que es exactamente lo que ellos no quieren”, escribió una mujer en Facebook. “Las dos mayores pruebas de que realmente podemos llevarnos bien son: 1) la Copa del Mundo y 2) nuestro rechazo colectivo a las cámaras de Flock”, agregó otra persona.

En Houston, cerca de donde vive Kaiser, hay casi 4.000 cámaras de Flock, lo que convierte a la ciudad en uno de los despliegues más amplios de la empresa. Kaiser dijo que apoya a las fuerzas del orden, pero considera que eso no debe hacerse a costa de los derechos y la privacidad de las personas. “Los derechos individuales siempre han sido un tema importante para la izquierda y los conservadores ven estas cuestiones desde la perspectiva de los derechos constitucionales. Ahí es donde encontramos un punto en común”, dijo Kaiser. “Vemos el mismo problema desde dos ángulos diferentes”.

Al igual que Kaiser, Dendy cree que estadounidenses de distintos sectores políticos están llegando a la misma conclusión por caminos distintos. “Los conservadores están preocupados por el crecimiento del Gobierno”, dijo. “Y para los progresistas, el problema es el potencial de abuso por parte del Gobierno”.

Williams agregó que ha visto varios casos en los que los datos de Flock fueron utilizados de forma indebida por agentes policiales que recurrieron a las cámaras para rastrear a exparejas. “Incluso si Flock ayuda a resolver un delito, parece que no vale la pena mantener el sistema, considerando el rechazo que ha despertado entre los ciudadanos en todo el país”, afirmó.

Aunque Flock ha negado que sus cámaras también se utilicen para rastrear a personas que se desplazan a pie y asegura que no emplea tecnología de reconocimiento facial, también existen evidencias de que los datos pueden utilizarse para buscar individuos. El sitio especializado 404 Media informó que una función de Flock denominada “FreeForm” permite realizar búsquedas en los registros de las cámaras utilizando descripciones como la ropa que llevaba una persona, sus tatuajes o incluso su raza.

El medio también informó que, aunque Flock afirma que no comparte datos con organismos como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), algunos agentes policiales han realizado búsquedas para apoyar operativos migratorios. En un comunicado enviado a 404 Media, Flock señaló que FreeForm incorpora “medidas de protección” que alertan a los administradores del sistema cuando alguien utiliza términos de búsqueda relacionados con “raza, etnia, religión o nacionalidad”.

Comentaristas de tendencia populista que han identificado el creciente rechazo hacia Flock también se han sumado al debate. “Todos y cada uno de los estadounidenses están siendo vigilados en todo momento del día”, afirmó el youtuber de izquierda Hasan Piker durante una transmisión en vivo el año pasado. A principios de este mes, el comentarista conservador Tucker Carlson también abordó el tema y dedicó un episodio completo de su pódcast para explicar cómo empresas como Flock están creando un sistema de vigilancia permanente sobre los ciudadanos estadounidenses. “Si renuncias por completo a tu privacidad, ¿qué recibes a cambio? Seguridad, por supuesto. Ese siempre ha sido el intercambio. El problema es que no ha funcionado así, porque la seguridad nunca ha sido una prioridad para esta clase dirigente”, dijo Carlson.

Tanto Carlson como Piker sostienen que cada vez más personas perciben que las élites —incluidos políticos, cuerpos policiales y el sector tecnológico— están interesadas en limitar las libertades individuales. “No son jóvenes drogadictos los que derriban cámaras de Flock por diversión”, dijo Carlson. “Son estadounidenses sobrios, decentes y patriotas que todavía creen en las promesas de su país”.

Langley rechazó esa forma de protesta. “Creo que hay una forma efectiva de expresar tu opinión”, dijo Langley. “Se puede votar y debatir. Pero diría que no soy particularmente partidario del vandalismo contra ningún tipo de propiedad, ya sea de Flock, del Gobierno o de cualquier ciudadano”.

El siglo XXI ya ha sido testigo —literalmente— de una expansión sostenida de la vigilancia. Las cámaras son omnipresentes en las calles de Estados Unidos y en otros espacios públicos; la actividad en internet deja un registro de todo lo que las personas consultan desde sus dispositivos, y las empresas dedicadas a los datos publicitarios provenientes de teléfonos móviles han elaborado mapas sorprendentemente precisos de los lugares que frecuentan las personas con sus celulares. Entonces, ¿qué hace diferente a Flock?

Parte de la respuesta tiene que ver con otra de las grandes afinidades de los estadounidenses: sus automóviles. “Existe la idea de la carretera abierta, de la libertad para conducir”, dijo Dave Maass, director de investigaciones de la Electronic Frontier Foundation, una organización sin fines de lucro dedicada a la defensa de los derechos digitales. “Muchas personas consideran sus vehículos como una extensión de sus hogares”. La idea de que una empresa registre de forma constante todo lo que hace un automóvil, haya estado o no involucrado en un delito, termina vulnerando al mismo tiempo las expectativas de privacidad de las personas dentro de su espacio personal y su libertad de movimiento.

Maass también señaló que los estadounidenses ahora entienden mucho mejor cómo funcionan estas cámaras que en el pasado. Antes, la mayoría veía las cámaras instaladas frente a una tienda o en una esquina como dispositivos sencillos: grababan un video, este se conservaba durante un período determinado según las políticas de cada jurisdicción local y luego se eliminaba. La configuración predeterminada de Flock conserva los datos de sus cámaras durante 30 días, aunque los departamentos de policía locales pueden acortar o ampliar ese plazo de acuerdo con las normas estatales y locales. Sin embargo, la posibilidad de realizar búsquedas a escala nacional distingue al sistema de las generaciones anteriores de tecnologías de vigilancia. “Cuando las personas empiezan a comprender la enorme cantidad de datos que se recopilan y quiénes pueden acceder a ellos, comienzan a inquietarse”, dijo Maass.

Las noticias sobre el uso indebido de las cámaras de Flock por parte de algunos agentes policiales solo han aumentado el rechazo y la desconfianza hacia la empresa. Según un informe de 404 Media, se han registrado más de una docena de casos en los que policías fueron acusados o arrestados por utilizar Flock para acosar y perseguir a personas, incluidas exparejas. Langley afirmó que su empresa implementó recientemente un sólido proceso automático de auditoría mediante el cual las actividades sospechosas o cuestionables son señaladas a los administradores del sistema.

Las cámaras tampoco son infalibles cuando se utilizan para los fines autorizados. El 28 de junio, Joel Feder, periodista especializado en automóviles y crítico de The Drive, dijo que conducía un Range Rover de prueba en Plymouth, Minnesota, cuando de repente fue rodeado por cuatro patrullas policiales. Los agentes le dijeron que la matrícula del vehículo había sido reportada como robada.

“El vehículo pertenecía a Land Rover North America. Era imposible que hubiera sido robado”, dijo Feder.

Tras una larga conversación, Feder explicó que descubrió que una matrícula con una numeración similar había sido reportada como desaparecida en Los Ángeles varias semanas antes. Al parecer, una versión incompleta del número había sido ingresada en el Centro Nacional de Información sobre Delitos (NCIC, por sus siglas en inglés), una base de datos nacional administrada por el FBI de la que Flock obtiene información.

La tecnología de Flock pareció pasar por alto la combinación de números grandes y pequeños presentes en las placas temporales del concesionario de Nueva Jersey que llevaba el Range Rover. “La cámara de Flock captó mi matrícula completa, pero aun así la marcó como una coincidencia”, dijo Feder, quien revisó las fotografías tomadas por el sistema durante su conversación con los agentes.

En el pódcast de The Drive, Langley dijo a Feder que el incidente fue un “caso excepcional” y sostuvo que el mayor problema había sido la base de datos federal, a la que calificó de “arcaica”. En el artículo que escribió sobre el episodio, Feder señaló que los agentes le recomendaron mantener el vehículo estacionado en su casa por el momento, ya que podría volver a ser identificado erróneamente si otra cámara de Flock lo detectaba en otra ciudad.

Maass se apresura a señalar que, pese al creciente activismo contra Flock, esta no es la única empresa de seguridad que despliega redes de cámaras conectadas. Vigilant Solutions y Motorola también operan cámaras de lectura automática de matrículas (ALPR, por sus siglas en inglés), y existen indicios de que Axon, un importante proveedor de cámaras corporales para departamentos de policía, está comenzando a quedarse con contratos públicos de ciudades que anteriormente trabajaban con Flock.

Sin embargo, la población está prestando atención. La semana pasada, cuando la filial local de ABC en Syracuse informó que la ciudad pondría fin a su asociación con Flock y firmaría un nuevo acuerdo con Axon, la reacción fue contundente. Como escribió un usuario en Facebook: “Gente, tenemos que ponerles un freno a estos autoritarios al estilo Big Brother, no dejar que simplemente cambien la marca de las cámaras”.

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