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Las veces que Trump dio marcha atrás con Irán pesan sobre su gran amenaza a Omán

Análisis por Aaron Blake, CNN

Este lunes debería ser un día muy inquietante para Omán, el pequeño país de Medio Oriente. El presidente Donald Trump le advirtió que no interfiera con los esfuerzos de EE.UU. en el estrecho de Ormuz y dijo a Fox News: “Si Omán se interpone, los bombardearemos hasta hacerlos mi**da”.

Pero se podría perdonar a Omán por no estar demasiado preocupado.

Esto se debe a que Trump, un presidente que alguna vez advirtió repetidamente sobre los peligros de que los mandatarios no cumplan sus amenazas, ha hecho muchas amenazas vacías en los últimos meses.

De hecho, Trump parece haber adoptado una política en la guerra con Irán centrada en lanzar amenazas que no parece demasiado dispuesto a cumplir, si es que alguna vez realmente tuvo intención de hacerlo.

El problema con eso, como habría señalado una versión anterior de Trump, es que hace que países como Omán sean menos propensos a cumplir sus exigencias, porque no necesariamente creen que Trump esté dispuesto a llevar a cabo sus amenazas.

Irán ciertamente ha adoptado esa postura.

A estas alturas, el historial de amagos de Trump en la guerra con Irán es innegable. Hace casi cuatro meses, escribí sobre cómo Trump, incluso en aquella etapa temprana, cuando habían transcurrido menos de dos meses de guerra, ya había hecho cinco amenazas contra Irán que no cumplió.

Todas incluían una exigencia específica y un plazo concreto. En cada ocasión, Trump desistió del ataque con el que había amenazado.

Pero no fue porque Irán realmente le diera lo que quería, sino porque Trump decía con frecuencia que había alguna otra razón para ser optimista sobre la posibilidad de que un acuerdo estuviera a la vuelta de la esquina.

Por supuesto, ese optimismo resultó injustificado en cada ocasión.

Al final, dio la impresión de que Trump simplemente quería una salida a sus propias amenazas, que han incluido acabar con la civilización de Irán o atacar su infraestructura —lo que podría constituir un crimen de guerra—.

Y desde entonces han seguido acumulándose los aparentes amagos.

Por ejemplo, Trump dijo el 22 de julio que por cada ataque iraní contra un barco en el estrecho de Ormuz, “Estados Unidos bombardeará y destruirá UN PUENTE O UNA PLANTA ELÉCTRICA”.

Desde entonces, Emiratos Árabes Unidos ha responsabilizado a Irán de repetidos ataques contra buques de la Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dhabi. Pero no hay indicios de que Trump haya atacado infraestructura iraní en represalia.

Trump también ha insinuado repetidamente la posibilidad de ataques masivos contra Irán sin plantear exigencias específicas. Pero esos ataques aún no se han materializado. Y hay dudas sobre si Estados Unidos siquiera puede permitirse llevarlos a cabo, dada la escasez en sus reservas de municiones.

También hay un aspecto estratégico que vale la pena considerar: aunque los estadounidenses no conocen todos los detalles de las negociaciones que se llevan a cabo entre bastidores, Irán sí sabrá mucho sobre hasta qué punto Trump realmente ha cedido respecto de estas amenazas. Ha habido pocas pruebas de que Irán estuviera realmente cerca de aceptar algo cuando Trump desistió de sus amenazas, pero Irán sabría hasta qué punto Trump exageraba los supuestos avances.

Incluso si le dieron a Trump algún motivo para ser optimista sobre un acuerdo, el hecho de que eso nunca haya conducido realmente a uno sostenible parecería aleccionador. En algún momento, sería lógico pensar que el presidente de EE.UU. exigiría algo concreto antes de dar marcha atrás.

(Trump ha mencionado ocasionalmente la posibilidad de que Irán le esté dando largas y que simplemente no se pueda confiar en su palabra. Pero no ha renunciado a las negociaciones).

La efectividad de las amenazas de Trump también se ve afectada por otro hecho sencillo: simplemente hace muchas, incluso fuera del contexto de la guerra con Irán.

Trump ha demostrado estar más que dispuesto a utilizar el poderío militar de EE.UU. durante su segundo mandato: hasta ahora ha lanzado ataques en siete países, el más reciente de ellos Irán.

Eso ciertamente podría preocupar a Omán sobre lo que podría ocurrir si no cumple su más reciente exigencia. Pero la mayoría de esos ataques no fueron contra los gobiernos en el poder, sino contra grupos terroristas.

Y Trump, de hecho, ha amenazado con atacar o ha dejado abierta la posibilidad de atacar a incluso más países. Omán es el séptimo país al que ha amenazado sin llegar a atacar, al menos hasta ahora, junto con Canadá, Colombia, Cuba, Groenlandia —que forma parte de Dinamarca—, México y Panamá.

En conjunto, eso significa que Trump ha atacado o amenazado a uno de cada 13 países durante su segundo mandato.

Y Omán ya estaba en esa categoría incluso antes de este lunes. En mayo, Trump dijo algo muy similar a lo que dijo este lunes.

“Omán se comportará como todos los demás o tendremos que hacerlo volar por los aires”, dijo Trump entonces.

Parece que esa amenaza no tuvo el efecto deseado. Así que Trump simplemente lanzó otra encima de la anterior.

Aunque ninguna de las dos estuvo vinculada a una acción específica de Omán, por lo que será difícil determinar si el país realmente le dio lo que quería.

Pero hay un presidente de EE.UU. que podría aconsejarle a Trump que, cuando haga este tipo de amenazas, más vale que hable en serio. Ese sería el Trump de otros tiempos.

Trump criticó regularmente al expresidente Barack Obama por haber trazado una línea roja —que Siria no podía utilizar armas químicas contra su propia población— y luego no actuar cuando Siria cruzó esa línea.

En su discurso ante la Convención Nacional Republicana de 2016, Trump lo calificó de “humillación”, porque “todo el mundo sabía que no significaba absolutamente nada”.

En 2017, lo calificó de “amenaza vacía” que nos perjudicó “en muchas otras partes del mundo”.

Y para 2018, Trump proclamó desafiante una nueva era en la política exterior estadounidense.

“La acción de hoy envía un mensaje crucial: Estados Unidos ya no hace amenazas vacías”, dijo Trump. “Cuando hago promesas, las cumplo”.

Trump hizo ese comentario cuando retiró a Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán. Desde entonces, no solo ha hecho un montón de amenazas vacías, sino que las ha convertido en una piedra angular de su política hacia Irán.

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