Qué ha cambiado en la industria petrolera venezolana en los casi ocho meses desde la caída de Maduro
Por Germán Padinger, CNN en Español
La era de una industria petrolera estatal y cerrada, y de las grandes nacionalizaciones de empresas ligadas a los hidrocarburos, al grito de “¡Exprópiese!” lanzado por el fallecido presidente Hugo Chávez, parece haber llegado a su fin en Venezuela.
O al menos eso parecen indicar los giros que han tenido lugar en el país desde la caída del presidente Nicolás Maduro, hace casi ocho meses, y que especialmente han afectado al sector petrolero, buena parte del cual habría pasado este viernes al control de Estados Unidos, según dijo el presidente Donald Trump.
“Bajo mis instrucciones, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Guerra, Pete Hegseth, trabajando estrechamente con la muy respetada presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, y mediante una alianza con empresas privadas, han asegurado el control mayoritario de Estados Unidos sobre más de 65.000 MILLONES DE BARRILES de reservas probadas de petróleo en Venezuela, sin costo alguno para el contribuyente estadounidense”, dijo Trump en redes sociales.
Las reservas totales de Venezuela están calculadas en 303.000 millones de barriles, según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés), por lo que el anuncio de Trump alcanza a aproximadamente un 21 % del total.
“Esta transacción histórica MÁS QUE DUPLICA las reservas petroleras estadounidenses, aumenta considerablemente nuestro suministro de petróleo y reducirá sustancialmente los precios de la gasolina para todos los estadounidenses durante muchos años”, continuó Trump.
El camino para este anuncio se allanó a finales de enero, cuando el Gobierno de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez (exvicepresidenta que asumió tras la captura de Maduro), logró que se aprobara una reforma de la ley de hidrocarburos que abrió el sector petrolero del país a inversiones extranjeras, rompiendo el control exclusivo de Petróleos de Venezuela (PDVSA).
PDVSA fue fundada precisamente tras la nacionalización del petróleo venezolano en 1976, que llevó a la salida de muchas petroleras estadounidenses en un país que posee una de las mayores reservas de petróleo del mundo.
Tras alcanzar un récord en la producción de petróleo en la década de 1990, cuando Venezuela bombeaba unos 3 millones de barriles diarios, en la última década la producción petrolera se derrumbó a menos de 1 millón de barriles, en medio de acusaciones de corrupción y falta de mantenimiento.
La reforma de la ley de hidrocarburos ocurrió poco menos de un mes después de que fuerzas especiales de Estados Unidos capturaran al presidente Nicolás Maduro, en una operación militar en Caracas que dio inicio a una ola de cambios en el país gobernado por el chavismo desde hace 25 años.
Maduro cayó el 3 de enero tras cinco meses de presión militar estadounidense, que movilizó frente a las costas de Venezuela a la flota más grande jamás vista en América Latina. La vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió el control apenas horas después de que los helicópteros cargados con fuerzas especiales —y con Maduro y su esposa, Cilia Flores, a bordo— abandonaron Caracas dejando un rastro de destrucción.
Ambos se encuentran ahora detenidos en Nueva York, donde han sido acusados de narcoterrorismo, narcotráfico y delitos relacionados con armas, cargos que rechazan.
En tanto, Rodríguez y los chavistas que siguen en pie, como el ministro del Interior, Diosdado Cabello, parecen haber tomado nota: desde aquella noche en Caracas el nuevo Gobierno entabló un diálogo con Estados Unidos, comenzó a liberar presos políticos, reformó una ley de hidrocarburos de 2001 (modificada en 2006) que fue emblema de la Venezuela estatista y petrolera de Chávez, y ahora firmó un acuerdo petrolero de gran escala precisamente con EE.UU., el histórico adversario del chavismo.
La presidenta encargada incluso recibió en febrero a Chris Wright, secretario de Energía de EE.UU., quien recorrió las instalaciones petroleras venezolanas dejando imágenes protocolares que hubieran sido impensadas meses atrás.
El año pasado, antes del derrocamiento de Maduro, Trump ya había dicho en reiteradas ocasiones que Venezuela le había “quitado” el petróleo a EE.UU. por medio de nacionalizaciones y leyes que cimentaron el control estatal, y que EE.UU. lo quería de vuelta.
En el centro de la reforma aprobada en enero está el artículo 22, que en la ley anterior establecía que la exploración, extracción, recolección, transporte y almacenamiento de hidrocarburos eran actividades primarias que solo el Estado venezolano y las empresas con participación estatal mayor al 50 % podían encarar.
En la nueva ley, ese mismo artículo fue modificado para habilitar a las empresas privadas sin participación estatal pero domiciliadas en Venezuela a realizar estas mismas actividades.
Este cambio permitió la llegada de más empresas extranjeras a Venezuela para extraer petróleo en el país, y habilitaría a las pocas compañías que ya se encuentran operando con licencias especiales a expandir sus operaciones.
Tal es el caso de la estadounidense Chevron, la más importante entre las que operan en proyectos junto a PDVSA gracias una licencia especial desde 2022, además de la española Repsol y la francesa Maurel & Prom.
En tanto, las británicas Shell y British Petroleum ya han mostrado interés en extraer gas de yacimientos en Venezuela y Trinidad y Tobago, según dijo el primer ministro de este país, Roodal Moonilal, a Reuters.
Por otro lado, un nuevo artículo de la reforma (el 36) establece que en las empresas mixtas donde la participación estatal sea mayor del 50 % los socios minoritarios no estatales podrán tener un rol preponderante en las actividades, incluso permitiendo por primera vez que empresas privadas comercialicen el petróleo.
Además, la nueva ley flexibilizó el esquema de regalías e impuestos y admite por primera vez que las dudas y controversias puedan ser resueltas mediante “mecanismos alternativos de resolución de controversias, incluyendo mediación y arbitrajes independientes”, además de la posibilidad de acudir a tribunales ordinarios.
Hasta enero, el principal comprador de petróleo venezolano era China, concentrando cerca del 68 % de las exportaciones de crudo del país sudamericano, seguido por EE.UU., Rusia, India y Turquía.
Era, sin embargo, una industria mermada: tras alcanzar un récord en la producción de petróleo en la década de 1990, cuando Venezuela bombeaba unos 3 millones de barriles diarios, en la última década la producción petrolera se derrumbó a menos de 1 millón de barriles, en medio de acusaciones de corrupción y falta de mantenimiento e inversión.
Desde enero, la producción ha empezado a crecer nuevamente (se encuentra ahora en los 1,25 millones de barriles diarios, según Reuters) y EE.UU. se ha convertido en el destino principal de las exportaciones de crudo venezolano, seguido por India y España, de acuerdo con estimaciones en junio del Council on Foreign Relations.
Mucho ha cambiado en estos ocho meses: desde quién controla al sector petrolero de Venezuela hasta quién compra su crudo. Caracas incluso está considerando abandonar la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), de la que fue miembro fundador en 1960 y la cual ha tenido diferencias con Estados Unidos.
Tal parece que a la industria petrolera venezolana solo le hacía falta un empujón.
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Con información de Sebastián Jiménez Valencia, de CNN.
