Algunos propietarios llevan años esperando un alivio en sus hipotecas. Muchos de ellos están perdiendo las esperanzas
Por Samantha Delouya, CNN
Cuando el hijo de Patrice De La Ossa fue admitido en la Universidad de Arizona —la misma en la que ella se graduó— quiso ofrecerle algo que ella misma no tuvo: un título universitario sin deudas estudiantiles. Por eso, vendió su casa en Phoenix y se mudó con él a Tucson, más cerca del campus, para ahorrar en gastos de alojamiento y manutención.
La mudanza implicó cambiar una hipoteca con un interés del 2,25 % por un préstamo al 6,8 %. Sin embargo, De La Ossa pensó que sería algo temporal. Creía que las tasas bajarían pronto y que podría refinanciar la deuda para obtener una cuota mensual similar a la que pagaba anteriormente.
Más de cuatro años después, su hijo ya se ha graduado, pero De La Ossa sigue pagando un interés del 6,8 %.
No es la única en esta situación. Durante los primeros años de la pandemia, las tasas hipotecarias cayeron por debajo del 3 % y muchos propietarios refinanciaron sus préstamos para reducir sus cuotas mensuales. Sin embargo, a finales del año pasado —y por primera vez desde el inicio de la pandemia—, el número de propietarios con una tasa hipotecaria superior al 6 % superó al de aquellos con una tasa inferior al 3 %, según un análisis de Redfin basado en datos de la FHFA.
La tasa promedio de las hipotecas a tipo fijo a 30 años —el préstamo hipotecario más común en Estados Unidos— se ha mantenido mayoritariamente por encima del 6 % durante cuatro años, llegando incluso a superar el 7 % en algunos momentos. Es posible que quienes contrataron hipotecas durante ese periodo esperaran que, a estas alturas, las tasas hubieran bajado lo suficiente como para refinanciar sus préstamos a un costo menor. En cambio, el alivio que esperaban sigue sin materializarse.
De La Ossa, que trabaja para una empresa del sector educativo, paga casi US$ 900 más al mes por esta hipoteca que por la de su casa en Phoenix, a pesar de que ambos préstamos son prácticamente idénticos.
La diferencia entre una tasa hipotecaria del 3 % y una del 6 % se traduce en cientos de miles de dólares en concepto de intereses a lo largo de la vida del préstamo, una cantidad que se suma al importe del capital prestado.
A ella le frustra que una parte tan grande de su cuota mensual se destine a pagar intereses, sobre todo teniendo en cuenta que sigue pagando los préstamos de sus estudios de doctorado. De La Ossa afirma que, si las tasas hipotecarias no bajan lo suficiente como para permitirle refinanciar pronto, es posible que tenga que plantearse una mudanza.
“Son US$ 900 al mes que no estoy ahorrando para que mi hijo tenga una casa algún día; ni siquiera puedo permitirme ir de vacaciones ya. Ahora tengo un segundo empleo solo para llegar a fin de mes. Y esa empresa está ganando US$ 900 más en intereses”, comentó sobre su intermediaria hipotecaria.
Hubo un breve rayo de esperanza este año. Las tasas hipotecarias, que tienden a seguir el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años, bajaron ligeramente a medida que la inflación parecía encaminarse de nuevo hacia el objetivo del 2 % de la Reserva Federal. Para los propietarios que esperaban refinanciar, parecía la oportunidad que tanto habían aguardado.
Pero entonces, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques conjuntos contra Irán, y las tasas cambiaron de rumbo.
El jueves, la tasa promedio de las hipotecas a 30 años alcanzó el 6,71 %, un nuevo máximo anual según Freddie Mac. CNN habló con media docena de propietarios que esperaban refinanciar. Casi todos compartían la misma frustración: ante los recientes movimientos de las tasas, temían que sus planes de refinanciación pudieran retrasarse años.
Muchos asesores financieros afirman que refinanciar un préstamo hipotecario vale la pena si se logra reducir la tasa de interés al menos un punto porcentual.
Para la mayoría de los titulares de hipotecas, no tiene sentido refinanciar a las tasas actuales a menos que se encuentren en situaciones muy específicas, como la necesidad de consolidar deudas de tarjetas de crédito o financiar una reforma en el hogar, señaló Daryl Fairweather, economista jefe de Redfin.
Las solicitudes de refinanciación se han mantenido bajas durante los años en que las tasas hipotecarias volvieron a superar el 6 %, según la Asociación de Banqueros Hipotecarios (Mortgage Bankers Association).
Al principio, David Belmonte, un emprendedor propietario de una empresa de albañilería en East Moriches, Nueva York, creía tener su hipoteca bajo control. La tasa era elevada, del 7,2 %, y la cuota mensual rondaba los US$ 6.000, pero pensó que no sería así para siempre.
Cuando compró la casa hace tres años, su intermediario hipotecario le dio un consejo muy común entre los profesionales del sector inmobiliario en aquel entonces: “Sal con la tasa, cásate con la casa”.
La idea era sencilla: una casa es un compromiso a largo plazo, pero la tasa hipotecaria inicial no tiene por qué serlo. Si las tasas bajaban, los propietarios podían refinanciar. Ahora, la frase parece anticuada.
“Ya no es así”, declaró a la CNN Mary Lee Blaylock, presidenta de Coldwell Banker Affiliates. Los compradores deberían afrontar la adquisición de una vivienda contando con que tendrán que asumir la tasa hipotecaria que obtengan, señaló.
Para Belmonte, esa tasa se ha vuelto aún más difícil de sobrellevar, ya que su negocio se ha visto duramente afectado por la incertidumbre que rodea a las medidas enérgicas contra la inmigración. Tres de sus seis empleados han dejado de trabajar para él; entre ellos, uno que fue detenido brevemente por agentes de inmigración. Belmonte comentó que, aunque los empleados contaban con documentos legales, temían que se produjeran nuevas redadas migratorias.
Al haber perdido a la mitad de su plantilla, señala que los trabajos tardan más en completarse y sus ingresos se han vuelto menos predecibles.
“Los proyectos se ralentizan y el calendario se atasca”, dijo Belmonte. “Menos trabajo, menos dinero”.
Él contaba con poder refinanciar la hipoteca una vez que bajaran los tipos de interés. Sin embargo, ahora se encuentra luchando para pagar el préstamo que ya tiene.
“Realmente pensaba que los tipos bajarían; al menos ese era el plan. Ahora me siento atrapado con una tasa tan alta”, comentó. “Si bajara al 5 %, ahorraría muchísimo dinero”.
Mudarse no es una opción realista, ya que necesita espacio suficiente para su esposa, su hija y los tres hijos de ésta, quienes viven todos con él.
A sus 59 años, suele bromear diciendo que tal vez pueda jubilarse a los 97.
“Ya casi no salimos. Intentamos no conducir si no es necesario debido a los altos precios de la gasolina. Hacemos lo que podemos, pero la situación es pésima”, dijo. “Antes ganaba bien”.
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