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Ha viajado sola por más de 50 países y ahora empodera a otras mujeres para viajar con confianza

Por Karen Esquivel, CNN en Español

Mayra Elestina Lázaro, originaria de Perú, comenzó a viajar sola hace 16 años, inspirada por otras mujeres que recorrían el mundo en solitario y motivada por el deseo de descubrir el mundo con sus propios ojos. En el camino desafió prejuicios, ganó confianza y descubrió en los viajes una fuente de autonomía y empoderamiento.

Su experiencia, sin embargo, no estuvo exenta de dificultades: recibió un diagnóstico de diabetes y contrajo malaria, circunstancias que transformaron su perspectiva y la llevaron a hacer una pausa. Más tarde, convirtió lo aprendido en una herramienta para ayudar a otras mujeres a viajar con mayor confianza, independencia y autonomía.

Lázaro, ahora de 41 años, cuenta a CNN que nunca viajó como una turista convencional, sino como nómada digital, siempre con una computadora a mano y el compromiso de cumplir con su trabajo a distancia.

Influenciada por su padre, quien le enseñó a no tener miedo y a confiar en sus anhelos, Lázaro dejó su ciudad natal a los 16 años para cursar sus estudios universitarios lejos de casa.

“Desde entonces comenzaron los desplazamientos con autonomía, y el mensaje que él me daba me empoderaba muchísimo y me hacía sentir capaz de lograr cada cosa que me proponía”, detalla.

Su primer acercamiento al mundo de los viajes ocurrió en 2007, cuando, tras terminar la universidad, comenzó a trabajar en la oficina de Información y Asistencia al Turista (IPerú). Allí atendía a viajeros de distintas partes del mundo, entre ellos mujeres que recorrían otros países solas y que la inspiraron a hacerlo de manera independiente, incluso sin la tecnología que existe actualmente.

Tres años después renunció a ese empleo tras realizar un viaje de dos semanas a Argentina, donde trabajó en una organización de voluntariado internacional. Más tarde recibió una oferta para ocupar un puesto de relaciones públicas completamente remoto, que le permitió realizar pequeños viajes.

Dejó Argentina en 2015 con el objetivo de recorrer Centroamérica y Sudamérica y, al mismo tiempo, continuar con su trabajo como si lo hiciera de manera presencial. Aunque la idea no fue bien recibida inicialmente por su jefe, dice, logró demostrar que podía cumplir con sus responsabilidades desde cualquier país.

“En ese punto me dije que quería explorar el mundo, me sentía preparada y motivada, y comencé por Colombia. Ahí viví una temporada, luego recorrí Centroamérica y llegué a México, donde viví durante un año”, detalla.

Su estilo de viaje era el de una mochilera: se alojaba en hostales o buscaba opciones de couchsurfing —una plataforma que conecta a viajeros con anfitriones locales que ofrecen alojamiento gratuito— y procuraba tener siempre acceso a internet, así como un espacio lo más cómodo posible para trabajar. Debido a esas responsabilidades, permanecía en cada destino un mes en promedio, aunque en ocasiones extendía su estancia por periodos más largos.

“Todo el tiempo viajaba con mi computadora”, indica. “Eso condiciona cómo te mueves: por un lado planeaba la logística del viaje y, por otro, la de mi trabajo. Porque no viajo solo para ver algo bonito, sino para descubrir la realidad del mundo desde mi mirada”.

Desde que inició su travesía por Centroamérica, Lázaro se enfrentó a diversos mitos y creencias sobre lo peligroso e inseguro que era recorrer algunos países, en particular los que no eran considerados turísticos.

“Cuando yo comentaba que mi ruta seguía por Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala, la gente se horrorizaba y me preguntaba qué iba a hacer ahí, si no había nada que ver y era peligroso. Me hicieron dudar por momentos, pero yo sentía que debía continuar mi viaje”, recuerda.

Sin embargo, al llegar a esos destinos se dio cuenta de que siempre hay zonas seguras, incluso en lugares o países conocidos por su peligrosidad. Preguntaba a los residentes por dónde podía transitar y qué sitios debía evitar, y descubrió que la gente era genuinamente amable.

Tenía planeado viajar a Europa y, pese a quedarse sin trabajo, siguió adelante, aunque con ajustes económicos. Llegó a Francia y, pocas semanas después, recibió una oferta laboral que le permitió retomar su plan inicial. Fue un recorrido que disfrutó, pero que también le enseñó a valorar la manera en que la gente local recibe y trata a los visitantes.

“En los destinos europeos famosos sentí que era una más entre los millones de turistas que reciben, así que me interesé por viajar a lugares menos populares”, indica.

De Europa pasó al norte de África y comenzó una nueva etapa, en la que se enfrentó a una cultura completamente distinta. Su primer destino fue Marruecos, un país donde descubrió sus propios prejuicios. Después continuó por Egipto, Jordania, Israel, los territorios palestinos, India y Turquía.

Durante su recorrido por India se sentía como una “niña exploradora” que cada día se sorprendía con lo que observaba. Mientras estaba en ese país asiático se declaró la pandemia de covid-19 y permaneció allí un tiempo, pero “la gente se volvió hostil con los turistas”, detalla. Entonces decidió ir a Turquía, donde pasó ocho meses debido al cierre de fronteras por la emergencia sanitaria.

La pandemia la llevó de vuelta a Perú, y decidió aprovechar ese tiempo para recorrer su país y conocer más de cerca sus paisajes y a su gente.

Cuando las fronteras reabrieron en 2022, viajó durante un año por la península de los Balcanes, en el sur de Europa. Luego volvió a Perú para planear un nuevo recorrido por África subsahariana, pero, tras someterse a una revisión general de salud, recibió un diagnóstico de diabetes tipo 2, una enfermedad crónica que provoca niveles elevados de azúcar o glucosa en la sangre.

Lázaro se sintió frustrada y deprimida, y se preguntó si sería posible continuar viajando con una condición de salud que exigía cuidados en la alimentación y el consumo de medicamentos.

“Me quedé unos meses en Perú para aprender a manejar esa nueva condición y, cuando me sentí preparada, compré el vuelo a Sudáfrica”, cuenta a CNN. “Fue un viaje que requirió mucha investigación en cuanto a la gastronomía, las conexiones a internet y la compra de medicamentos”.

Comenzó el recorrido en Johannesburgo y continuó por las islas del océano Índico, Madagascar, Mauricio, Botsuana, Zambia, Zimbabue, Tanzania, Ruanda y Uganda durante todo un año.

“Creo que ese viaje por África ha sido el más transformador, porque es un continente muy estigmatizado por la pobreza y, al viajar, te das cuenta de que no todo es eso, de que cada país tiene una realidad, una economía y niveles de seguridad distintos”, enfatiza.

También aprendió a llevar un ritmo de vida más lento, a ser más paciente y a comprender que, en algunas zonas rurales, la noción del tiempo no se basa en la productividad, sino en la vida comunitaria y el apoyo mutuo.

Durante su estancia en Uganda contrajo malaria —una enfermedad grave causada por parásitos que se transmiten a las personas mediante la picadura de mosquitos infectados— y pasó un mes en una unidad de cuidados intensivos.

“Ese momento de estar tan vulnerable, lejos de mi familia, me marcó. Me hizo reflexionar que, aunque este estilo de vida te da libertad, también te lleva a tomar decisiones, y una de ellas es saber cuándo parar. Pero esa siempre será la aventura más memorable y transformadora de mi vida”, añade.

Tras ese episodio regresó a Perú en 2023 para recuperarse física y mentalmente, reconectar con su familia y sus amigos, y compartir sus experiencias con otras mujeres.

Lázaro recuerda que, durante sus viajes, escuchaba comentarios de personas que la consideraban muy valiente por recorrer el mundo sola. Sin embargo, ella no sentía que hiciera algo extraordinario. Cuando conversaba con otras mujeres, le preguntaban cómo lo hacía, si era peligroso o si sentía miedo.

“Les contaba mis anécdotas y ellas me decían que también querían hacerlo, pero no se sentían capaces”, dice. “Entonces sentí la necesidad de decirles que existen prejuicios y creencias que nos limitan, pero que solo hace falta dar el primer paso”.

De esa experiencia nació su proyecto Mentora de Viajes, un espacio de educación viajera y empoderamiento dirigido a mujeres que quieren empezar a viajar solas y no saben cómo hacerlo.

Con ese proyecto comenzó a impartir talleres y seminarios web en los que habla de su experiencia, conversa con otras mujeres sobre las percepciones que existen en torno a quienes viajan solas y comparte consejos basados en sus vivencias.

“Estos tres años me han servido para conocer diferentes perfiles de mujeres y ayudarlas a formar un criterio para tomar decisiones sobre lo que quieren, fortalecer su confianza y abrir un mundo de oportunidades”, señala.

En esta nueva etapa, Lázaro también decidió retirarse de su trabajo en relaciones públicas y dedicarse por completo a su proyecto. Por ahora, no busca acumular destinos, sino transformar sus aprendizajes en herramientas para que otras mujeres se atrevan a explorar el mundo con autonomía.

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