El cohete más potente jamás construido está a punto de enfrentar su prueba más grande y arriesgada hasta ahora
Por Jackie Wattles, CNN
Las personas que viven cerca de las costas arenosas del extremo sur de Texas están acostumbradas al estruendo ensordecedor del cohete más potente jamás construido: desde 2023, varios prototipos del Starship de SpaceX han despegado desde la zona 13 veces, y casi la mitad de esos vuelos terminaron en algún tipo de explosión no prevista.
Pero lo que está en juego está a punto de ser aún mayor.
El lunes, SpaceX intentará lanzar Starship a órbita por primera vez, lo que le permitirá desplegar el primer lote de una nueva generación de satélites de internet Starlink. Se espera que el despegue ocurra durante una ventana de lanzamiento de 75 minutos que se abrirá a las 8:15 a.m., hora de Miami.
Si tiene éxito, el vuelo de prueba del lunes podría marcar un avance monumental y significar que Starship pronto podría dejar atrás su fase de vuelos de prueba y entrar en pleno funcionamiento.
A medida que Starship cruce ese umbral, se espera que las repercusiones para la industria espacial en general sean enormes.
Está previsto que Starship despliegue una serie de nuevas tecnologías espaciales, incluidos los satélites Starlink mejorados, diseñados para aumentar la capacidad del negocio global de internet de SpaceX, y centros de datos orbitales que el CEO Elon Musk espera que alimenten modelos de inteligencia artificial que consumen grandes cantidades de energía.
A partir de ahí, las promesas son aún más ambiciosas: Starship tiene un contrato multimillonario para llevar a astronautas de la NASA a la superficie de la Luna, quizás por primera vez desde el programa Apollo, en medio de una nueva carrera espacial con China. Y Musk sigue insistiendo en su improbable visión de utilizar el gigantesco vehículo de lanzamiento para crear una ciudad autosuficiente en Marte.
Desde que comenzaron los vuelos de prueba de Starship, que se remontan a breves pruebas de “salto” en 2019, esos objetivos han parecido muy lejanos. Pero el vuelo del lunes, si tiene éxito, marcará el comienzo de una nueva fase en el desarrollo del vehículo y traerá consigo una serie de nuevos riesgos.
Durante los últimos 13 vuelos de prueba, SpaceX colocó intencionalmente a Starship en una “trayectoria suborbital pasivamente segura”, reconoció la compañía en una publicación de blog. Esto significaba que “incluso si se perdía por completo el control de la nave espacial, ya estaba en una trayectoria para reingresar a la atmósfera y amerizar en un lugar predeterminado”.
Cuando Starship intente alcanzar la órbita por primera vez, el vehículo perderá esa red de seguridad. Viajará a velocidades tan altas y en una trayectoria tan precisa que entrará en caída libre alrededor del planeta, lo que significa que, si pierde el control, no será fácil hacerlo descender de nuevo a la Tierra.
Alcanzar la órbita ofrecerá a Starship una deslumbrante variedad de nuevas posibilidades, que quizás le permitan desplegar satélites funcionales por primera vez, además de allanar el camino para futuras exploraciones más profundas en el espacio.
Pero los errores plantean nuevas amenazas. SpaceX ha dicho que Starship volará muy por debajo de las estaciones espaciales tripuladas y señaló que la altitud de la nave será de unos 275 kilómetros, mientras que la Estación Espacial Internacional orbita a unos 400 kilómetros y la estación china Tiangong opera por encima de los 340 kilómetros. Sin embargo, si Starship pierde el control mientras está en órbita, el cohete podría chocar con satélites activos u otros equipos valiosos.
Por eso, dijo la compañía, podría abortar un encendido previsto de los motores —manteniendo a Starship en una trayectoria de vuelo suborbital— si hay algún indicio de falla en los primeros minutos del vuelo del lunes.
“Hay muchísimas cosas que pueden salir mal”, dijo Joseph Gonzalez, profesor asociado de práctica de ingeniería aeroespacial en la Universidad de Illinois. “Con los sistemas de propelente, quizás haya una fuga, podría congelarse una de las válvulas, así que tal vez los motores no enciendan. Entonces, básicamente, tienes un objeto inerte en órbita que puede representar un riesgo”.
Mientras tanto, SpaceX enfrenta una serie de desafíos de ingeniería, incluso mientras prepara el terreno para que este vehículo sin precedentes transforme la industria de los lanzamientos y, posiblemente, el futuro de la humanidad en el cosmos.
La misión del lunes, aunque se espera que despliegue satélites operativos por primera vez, todavía se considera un vuelo de prueba. Y SpaceX pondrá a prueba activamente los cambios recientes que ha hecho al vehículo.
Durante la última misión de prueba en julio, el propulsor Super Heavy —que proporciona a Starship su primer impulso de potencia desde la plataforma de lanzamiento— solo pudo volver a encender ocho de sus 13 motores en los momentos previos a practicar un aterrizaje vertical en el Golfo.
Ese problema no afectó el éxito general de la misión, pero lograr un aterrizaje controlado y seguro es crucial para las capacidades de Starship a largo plazo, porque la compañía espera volver a capturar el cohete en su torre de lanzamiento para poder hacerlo volar repetidamente.
SpaceX dijo que hizo varios ajustes, incluidas “modificaciones de hardware para mejorar el filtrado hacia los motores y cambios de software para mejorar la fiabilidad del reencendido”, con el fin de solucionar los persistentes problemas de los motores del propulsor Super Heavy. Sin embargo, Super Heavy no regresará a tierra firme, sino que una vez más intentará practicar un aterrizaje sobre el océano.
Mientras tanto, la nave Starship superior, a la que también se hace referencia como la “nave”, encenderá sus propios motores y continuará volando en una trayectoria suborbital. Como medida de seguridad, SpaceX dijo que luego dedicará unos 20 minutos a evaluar la nave espacial para asegurarse de que los sistemas que pueden guiarla de regreso para un aterrizaje seguro funcionen, y que los sistemas de respaldo también estén operativos, antes de volver a encender los motores de la nave para entrar en órbita terrestre.
Hasta ahora, la mayoría de los vuelos de prueba de Starship han durado poco más de una hora y todos se realizaron en una trayectoria suborbital. Pero el lunes, la nave espacial podría permanecer en vuelo durante casi 10 horas, desplegar su lote de 26 satélites Starlink y completar seis vueltas alrededor del planeta.
Luego, la nave intentará guiarse de manera segura de regreso a través de la atmósfera y completar un aterrizaje vertical y controlado en el océano Pacífico frente a las costas de Chile.
Al igual que con el propulsor Super Heavy, el descenso controlado de la nave es crucial, ya que busca allanar el camino para futuros intentos de hacer aterrizar el vehículo nuevamente entre los brazos de su torre de lanzamiento para que después pueda volver a volar.
SpaceX nunca antes ha intentado esta maniobra. Musk había insinuado previamente que SpaceX podría intentar una maniobra de este tipo durante el vuelo de prueba del lunes, pero la compañía finalmente decidió no hacerlo.
“Lo que más nos preocupa es que la nave se desintegre sobre tierra y haga caer escombros sobre la gente”, dijo Musk durante una aparición este mes en el All-In Summit, una conferencia de tecnología. “Nuestra popularidad disminuiría muy rápidamente”.
(Las naves Starship explotaron abruptamente y dejaron caer escombros sobre zonas pobladas y cerca de ellas en Islas Turcas y Caicos y Bahamas, respectivamente, durante dos vuelos de prueba consecutivos en 2025. Algunos residentes estaban furiosos).
La parte superior de un cohete orbital de dos etapas nunca antes ha sido recuperada y utilizada de nuevo para volar, y aún quedan muchas incógnitas.
La nave debe soportar temperaturas extremas, quizás superiores a los 1.370 grados Celsius, mientras vuelve a ingresar a la atmósfera terrestre. Y SpaceX todavía está haciendo ajustes al revestimiento especial del exterior de la nave, llamado escudo térmico, que está diseñado para mantener intacto el vehículo durante el reingreso.
“Cuando vas a órbita, sometes el escudo térmico a temperaturas incluso ligeramente más altas que durante los vuelos de prueba suborbitales”, dijo Gonzalez. “Así que este próximo vuelo nos dirá mucho. El reingreso será una experiencia aún más extrema que la que tuvimos anteriormente en estos lanzamientos”.
Gonzalez señaló que las imágenes del escudo térmico de Starship de vuelos anteriores mostraban una carbonización preocupante, que SpaceX debe limitar para que Starship pueda sobrevivir más de una vez al reingreso a la atmósfera terrestre a velocidades orbitales.
Descubrir cómo aterrizar y volver a hacer volar tanto el propulsor Super Heavy como la nave Starship es fundamental para la visión a largo plazo de SpaceX para este vehículo.
Los ingenieros de SpaceX se refieren a esta capacidad como el “santo grial” de la cohetería. Por lo general, los cohetes completos o grandes partes de ellos se desechan después de cada vuelo, pero reutilizarlos puede reducir el costo por misión. Nunca se ha reutilizado un vehículo de lanzamiento completo, de principio a fin, y SpaceX considera que hacerlo reducirá en varios órdenes de magnitud el precio de llevar carga a órbita.
Solo un cohete de este tipo puede allanar el camino para el futuro que Musk —y otros visionarios del espacio— esperan, con colonias de personas viviendo y trabajando en el espacio.
Musk comenzó a desarrollar la idea de Starship a mediados de la década de 2010. Pasó por nombres que incluían “Sistema de Transporte Interplanetario” y BFR, por “Big F—ing Rocket” (“Gran p*to cohete”), mientras reconocía ocasionalmente que el concepto “es tan absurdamente difícil que hay momentos en los que me pregunto si realmente podemos hacer esto”, como admitió en una cumbre del CEO Council de The Wall Street Journal en 2021.
Y la idea ha evolucionado a lo largo de los años y solo se consolidó en una imponente estructura de acero cuando SpaceX comenzó los vuelos de prueba a gran escala en 2023. Pero incluso desde entonces, la compañía ha pasado por varias versiones de los vehículos.
Solo ahora, con la versión 3 de Starship, o V3, Musk cree que SpaceX ha dado con la versión correcta.
“El diseño tiene capacidad para una reutilización total”, dijo este mes, en una de las primeras ocasiones en que ha expresado una confianza tan contundente. “De eso estoy seguro”.
Aun así, quedan por delante enormes obstáculos de ingeniería.
Aunque Musk ha indicado que está satisfecho con el desempeño de la versión más reciente del escudo térmico de Starship, SpaceX todavía está recopilando datos. Algunos de los satélites Starlink a bordo del vuelo del lunes estarán equipados con cámaras, lo que les permitirá observar el exterior de Starship mientras son desplegados y analizar las placas resistentes al calor.
Además de la cuestión de la reutilización, SpaceX enfrenta otros problemas de ingeniería sin precedentes mientras busca preparar Starship para la exploración del espacio profundo.
Por ejemplo, para lograr un alunizaje para la NASA, Starship deberá reabastecerse de combustible mientras se encuentra en órbita cercana a la Tierra antes de dirigirse a la Luna. Para hacerlo, será necesario transferir propelentes superenfriados, que deben mantenerse a temperaturas inferiores a los -162 grados Celsius, entre varias naves Starship en el espacio.
Una hazaña de este tipo nunca se ha intentado en la historia de los vuelos espaciales. SpaceX tendría que realizar esta transferencia de propelente quizás una docena de veces o más para una sola misión a la Luna.
A medida que Starship comience a entrar en operaciones, si la visión de Musk se cumple, podría significar cambios drásticos para algunas comunidades aquí en la Tierra.
Los residentes cerca de Starbase, la localidad empresarial de SpaceX en el sur de Texas, ya están lidiando con el impacto de ver al cohete más grande jamás construido despegar desde sus patios unas cuantas veces al año. Los estampidos sónicos pueden ser tan fuertes como disparos y las vibraciones pueden registrarse como pequeños terremotos.
Aunque algunos residentes locales aceptan la presencia de SpaceX, un grupo presentó una demanda en abril en la que alega que los vuelos de Starship causan daños a la propiedad. (La compañía ha argumentado que, incluso si los residentes pueden demostrar que los daños estuvieron relacionados con Starship, el impacto no fue intencional).
“Tengo familiares que viven en Brownsville, Texas, y dicen: ‘Nuestras paredes tiemblan cada vez que ocurre uno de estos lanzamientos’”, dijo Gonzalez, en referencia a la ciudad del sur de Texas que se encuentra al oeste de Starbase, de SpaceX.
“Me encanta”, dijo Gonzalez sobre los lanzamientos, “pero ellos no son tan aficionados”.
Y Musk prevé aumentar drásticamente la frecuencia de lanzamientos de Starship. Su objetivo es que el vehículo pronto comience a despegar una o dos veces al mes y, con el tiempo, hasta una vez por hora.
Para alcanzar esa frecuencia, SpaceX está ampliando sus operaciones a otros dos lugares: primero, a la Costa Espacial de Florida, que ya alberga los puertos espaciales más activos del mundo, en el Centro Espacial Kennedy de la NASA y la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral. Luego, SpaceX pretende construir un complejo de lanzamiento de US$ 100.000 millones en el sur de Louisiana, un estado que nunca ha albergado el lanzamiento de un cohete orbital.
“¡Starbase Louisiana tendrá finalmente más de una docena de torres de lanzamiento, lo que permitirá más de 30 vuelos de Starship al día y lo convertirá en el sitio de lanzamiento más grande de la Tierra!”, dijo Musk en su plataforma de redes sociales, X, poco después del anuncio de agosto.
Aunque los objetivos pueden parecer extravagantes —y Musk con frecuencia subestima cuánto tiempo le tomará a SpaceX alcanzar ciertos hitos—, los expertos en ingeniería suelen señalar la gran reserva de talento de la compañía y su historial demostrado de resolución de enormes desafíos técnicos como prueba de que algún día hará realidad sus ambiciosos objetivos.
Las dudas expresadas por los críticos de SpaceX a menudo no han envejecido bien. Hace una década, expertos de la industria se mostraban escépticos de que la compañía pudiera descubrir cómo reutilizar partes de su cohete Falcon 9. Ahora es, por mucho, el cohete que se lanza con mayor frecuencia en el mundo y ha transformado la forma en que otros fabricantes de cohetes abordan el diseño y el desarrollo.
Sin embargo, SpaceX ha dejado claro que, a medida que aumenten los vuelos de Starship, los lanzamientos de sus cohetes Falcon 9, su principal vehículo de trabajo, disminuirán.
Se espera que el resultado tenga amplias repercusiones para la industria espacial en general, y no se comprenden bien todos sus efectos.
Este período de transición ya está generando “pánico”, como lo describió un analista, ya que la desaparición del Falcon 9 podría crear un cuello de botella para las compañías espaciales comerciales que buscan llevar cargas útiles a órbita.
Y no hay garantía de que Starship vaya a llenar ese vacío, ya que SpaceX no ha hablado públicamente sobre vender espacio a bordo del cohete a clientes comerciales.
Robert Sproles, CEO de Exolaunch, una compañía con sede en Alemania que ofrece servicios de intermediación de lanzamientos e integración, dijo a CNN que cree que algunas reacciones al retiro del Falcon 9 podrían ser alarmistas, pero hay pocas dudas de que la demanda de lanzamientos está superando la oferta.
Esta demanda inevitablemente hará subir los precios, dijo Sproles, “y no veo que eso vaya a cambiar en el futuro previsible”.
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