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La película de Nathan Fielder sobre Elizabeth Holmes cumple con creces las expectativas

Por David Mack, CNN

Aproximadamente a un tercio de la película “You Can See Everything”, el nuevo documental de Nathan Fielder sobre Elizabeth Holmes, vemos a la desacreditada fundadora de Theranos y estafadora convicta posar para la cámara; más de 200 de ellas, para ser exactos.

En los días previos a su ingreso en una prisión federal en 2023, Holmes permitió que capturaran y escanearan su imagen para poder reproducirla mediante video, holograma e inteligencia artificial mientras estuviera encarcelada. Es, en parte, una decisión empresarial: ella y su pareja, William “Billy” Evans —con quien tiene dos hijos—, están lanzando una nueva startup de salud (a la que llaman Theranos 2.0), y podría resultar útil contar con una versión de Holmes programable, por ejemplo, para realizar presentaciones de negocios. Y, sin embargo, vemos a Holmes llorar. Ya ha sufrido las consecuencias de exponer demasiado su imagen al público. “Tengo una relación extraña con las cámaras”, dice entre sollozos.

Gracias a “You Can See Everything”, esa relación se está volviendo aún más extraña.

La expectación previa al estreno de esta nueva película —realizada en secreto y revelada mediante un tráiler sorpresa el mes pasado— ha sido ensordecedora. Algunos críticos que conocían sus secretos la han calificado audazmente como “la película del año” o se han preguntado si podría llegar a ser el primer documental en recibir una nominación al Oscar a la mejor película. Con el estreno del filme en los cines de Estados Unidos este viernes, el público tiene ahora la oportunidad de descubrir a qué se debe tanto revuelo.

La película de Fielder es absolutamente única y revolucionaria. Gracias a un acceso sin precedentes a Holmes y a su familia en los días previos a su encarcelamiento (en un momento dado, incluso vemos a Evans duchándose desnudo), así como a decisiones creativas verdaderamente asombrosas que aparecen más adelante, el filme resulta fascinante e impactante. Es una búsqueda audaz —quizás imposible— de la verdad sobre alguien a quien Fielder compara con un mago. En un momento dado, se pregunta si ella podría ser, sencillamente, la persona más manipuladora que jamás haya existido.

Rara vez —o quizá nunca— se ha visto una combinación tan perfecta entre un documentalista y su protagonista. A través de sus programas “Nathan for You” y “The Rehearsal”, Fielder se ha consolidado como alguien obsesionado patológicamente con los planes elaborados, la incomodidad, las metanarrativas y las cosas que no son lo que parecen a primera vista. En estos programas, Fielder desempeña tanto el papel de hombre serio como el de agente del caos; a menudo parece un alienígena disfrazado de humano, enviado para estudiar nuestros comportamientos más inexplicables, incluso si eso implica que él mismo deba interferir en los asuntos.

Si bien Fielder interpreta aquí una versión de sí mismo, Holmes parece ofrecer versiones casi infinitas de su propia persona para ser examinadas, como una serie de reflejos de mirada fija en una sala de espejos deformantes. A medida que avanza la película, tanto Fielder como el público deben cuestionarse si están siendo engañados y de qué manera. ¿Es Holmes simplemente una persona rara, como insiste Evans, su pareja? ¿Una víctima de los hombres de su vida, como parece creer su padre? ¿Alguien que podría estar dentro del espectro autista e incapaz de comprender cómo perciben los demás sus palabras, tal como sugiere una secuencia reveladora sobre la reacción de Holmes ante el sketch «Who’s On First» de Abbott y Costello? ¿O es simplemente una mentirosa compulsiva que, de algún modo, ha logrado engañarse incluso a sí misma?

“El mundo cree una realidad sobre mí que no es cierta. Entonces, ¿cuál es la realidad?”, dice Holmes en la película. Es una pregunta que sobrevuela toda la producción y cuya respuesta no resulta sencilla.

Codirigida por Fielder y Lance Oppenheim —quien el mes pasado estrenó “Primetime”, también bajo el sello de A24—, “You Can See Everything” resulta a la vez visualmente hermosa y profundamente fea; casi de forma intencionada. Gran parte de la cinta está rodada en primeros planos extremos que muestran granos, arrugas y sudor en los rostros de Fielder y Holmes, como si los estuviéramos observando bajo un microscopio. Fiel al estilo de Fielder de abrazar el artificio, a menudo vemos al equipo técnico y sus micrófonos de pértiga mientras trabajan para crear algo que, en última instancia, mezcla realidad y recreación, hechos y ficción.

A mitad de la película aparece una persona sorpresa —cuya identidad se ha mantenido en secreto absoluto para el público y que no revelaremos aquí—, pero cuya presencia transforma la obra por completo, convirtiéndose tanto en codocumentalista como en coprotagonista. “Estamos trabajando en el País de la Ficción”, observa esta persona con agudeza en un momento dado. Tal afirmación parece quedarse corta.

Fielder actúa como un guía refrescantemente franco a través de este extraño territorio. Se muestra abierto sobre sus inseguridades respecto a por qué Holmes quería que él la retratara —¿acaso su falta de conocimientos científicos lo convierte en una presa fácil?—, y la película sugiere que tal vez haya desarrollado un vínculo demasiado estrecho o afectuoso con su protagonista. Cuando alguien comenta que Holmes podría estar sufriendo el síndrome de Estocolmo respecto a Evans, el espectador no puede evitar preguntarse si cabe decir lo mismo de la relación entre Fielder y Holmes.

Cuando finalmente Holmes se entrega en la prisión federal de Texas, lo hace después de que Fielder inyecte su característico toque de incomodidad en sus últimos momentos de libertad: sugiere dejar a Holmes y a Evans a solas para que tengan relaciones sexuales —y luego pregunta cómo fue el encuentro—, además de regalarle, frente a sus padres, un tinte para el cabello y unas gafas de sol para que pueda emprender la huida. Después, mientras ella se prepara para subir al coche y despedirse de Fielder, ambos se abrazan y se miran con torpeza hasta que finalmente escuchamos las palabras: “Tú puedes con esto”.

Pero no es Fielder quien le dice esto a Holmes para animarla. Es ella quien le da ánimos a él, como si fuera consciente de la tarea hercúlea que le espera al intentar comprenderla. Es una inversión de papeles sorprendente para captar ante la cámara, pero también resulta totalmente coherente en una película que ha reescrito las reglas del documental tal como las conocemos.

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