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Los temores a una arremetida de Trump tras las elecciones intermedias desatan una “brutal” pugna interna

Por Adam Cancryn y Kristen Holmes, CNN

El presidente de EE.UU. Donald Trump todavía tiene dos semanas para salvar las mayorías republicanas en el Congreso y desafiar las expectativas de una derrota aplastante en las elecciones intermedias. Pero, a su alrededor, asesores y aliados se preparan para lo que ocurrirá si fracasa.

Los funcionarios del Gobierno están cada vez más convencidos de que las fuertes pérdidas republicanas causarán importantes cambios de personal en todo el Gobierno, mientras Trump busca asesores a quienes culpar y decenas de otros consideran abandonar una presidencia saliente en su punto más bajo.

La angustia ha convertido a una Casa Blanca que alguna vez se enorgulleció de su cohesión monolítica en el centro neurálgico de un resurgimiento de las luchas internas y las filtraciones en el entorno de Trump, dijeron varios funcionarios del Gobierno, asesores y aliados cercanos, quienes describieron una mezcla tóxica de pugnas por el poder y señalamientos preventivos en los cruciales últimos días previos a noviembre.

“Es más brutal que cualquier otra situación de los tiempos modernos en la Casa Blanca”, dijo un aliado de Trump. “Aquí no se puede confiar en nadie”.

Los extraordinarios enfrentamientos dentro del Gobierno y en el círculo más amplio de Trump han salido a la luz pública en varias ocasiones tan solo durante las últimas dos semanas, lo que ha profundizado el ambiente de desconfianza y alimentado las propias frustraciones de Trump con los asesores que lo rodean.

Trump destituyó a Kimberly Guilfoyle, su embajadora en Grecia y exprometida de su hijo, después de una serie de reportajes perjudiciales generados por la revelación de un donante republicano de que ella le había pedido US$ 100.000 para saldar su tarjeta de crédito. El presidente también ordenó al asesor jurídico de la Casa Blanca que investigara una disputa persistente entre dos aliados cercanos, Alina Habba Mildon y Ric Grenell, por acusaciones de que millones de dólares destinados al Centro Kennedy fueron asignados de manera incorrecta, según una fuente familiarizada con el asunto (Axios fue el primero en informar sobre la investigación).

Y Trump despidió a su nueva secretaria de Prensa, Katie Zacharia, después de solo cinco días, en medio de varios tropiezos y de un rechazo casi unánime a su desempeño, incluso entre aliados cercanos.

En medio de esas crisis, algunos de los asesores más cercanos de Trump —la secretaria general de la Casa Blanca Susie Wiles y los asesores políticos externos James Blair y Chris LaCivita— han sido objeto de una cobertura poco favorable que generó dudas sobre su posición dentro del círculo íntimo del presidente.

A su vez, sus defensores sostuvieron que los reportajes eran impulsados por rivales que buscaban mejorar sus propias relaciones con Trump. Desde entonces, Blair ha viajado dos veces con Trump a bordo del Air Force One durante la última semana, una señal de que el presidente aún confía en su equipo central.

“Un ataque contra James o Chris va dirigido a Susie”, dijo una fuente familiarizada con la dinámica.

La llamativa sucesión de incidentes ha generado esfuerzos contrapuestos en todo el entorno de Trump para descubrir quién está filtrando información contra quién y con qué propósito, dijeron dos personas familiarizadas con el asunto. Ahora hay especulaciones en todo el Gobierno sobre quién del entorno de Trump cargará con la culpa si las elecciones intermedias salen mal, qué altos funcionarios serán despedidos y cuántos asesores podrían optar por marcharse después, señalaron esas personas.

“Si perdemos tanto la Cámara de Representantes como el Senado, realmente no hay forma de saber qué ocurrirá”, dijo un asesor de Trump a CNN. “Nadie está a salvo”.

En un comunicado, el portavoz de la Casa Blanca Davis Ingle desestimó cualquier atención a la dinámica interna del Gobierno como “especulaciones sin fundamento”.

“El presidente Trump está plenamente concentrado en mantener las mayorías republicanas en el Congreso este noviembre, razón por la cual está recorriendo el país para destacar las victorias históricas que su Gobierno ha conseguido para el pueblo estadounidense”, afirmó.

Aun así, en una señal de las intensas maniobras, Wiles quedó bajo un aluvión de escrutinio después de que quedó claro que no estaba presente cuando Trump le ofreció a Zacharia el cargo de secretaria de Prensa. Algunos interpretaron el incidente como una señal de debilitamiento de su autoridad y una oportunidad para apartarla de un puesto que le ha permitido ejercer un amplio poder, dijeron dos asesores de Trump.

Circulaban rumores de que Wiles podría dejar pronto el cargo, especialmente tras una batalla de varios meses contra el cáncer y mientras se acerca a la marca de dos años, momento en que muchos altos asesores de la Casa Blanca tradicionalmente optan por marcharse. Trump tuvo cuatro secretarios generales durante su primer mandato y ninguno permaneció dos años en el puesto.

Pero ella no ha dado señales de que planee irse, y Trump recientemente le dio un respaldo rotundo al insistir en que hay una “posibilidad nula” de que la reemplace.

“No se va a ninguna parte”, dijo sobre Wiles un alto funcionario del Gobierno.

También se prevé que el resultado electoral determine si varios secretarios del gabinete dejan sus cargos en lugar de afrontar la perspectiva de meses de investigaciones por parte de unos demócratas recién fortalecidos. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien se prevé que sea uno de los primeros objetivos de los demócratas en el Congreso, lleva tiempo enfrentando especulaciones de que podría terminar en la cuerda floja. Pero Trump ha defendido reiteradamente a su fervoroso secretario, hecho a la medida de la televisión.

Algunos funcionarios también han especulado que el secretario de Energía, Chris Wright, quien ha sido encargado de gestionar algunas de las consecuencias económicas más perjudiciales de la guerra con Irán, podría optar por dejar el Gobierno para buscar un empleo más lucrativo en el sector energético.

Sean Parnell, el principal portavoz del Pentágono, dijo en un comunicado que Hegseth no estaba concentrado en las “noticias falsas ni el ruido de Washington”. Un portavoz del Departamento de Energía negó que Wright estuviera considerando marcharse y dijo que permanecería en el cargo “mientras el presidente quiera que siga desempeñándolo”.

Mientras tanto, otros se preparan ante la perspectiva de un amplio ajuste de cuentas tras las elecciones por parte de Trump o de sus aliados cercanos. Aliados de Jay Bhattacharya, director de los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés), han expresado temor de que pueda estar entre quienes corren mayor riesgo de ser despedidos tras un enfrentamiento de alto perfil con Russ Vought, jefe de presupuesto de la Casa Blanca, por el control del gasto en subvenciones de su agencia, dijeron dos personas familiarizadas con el asunto.

Los NIH declinaron hacer comentarios, aunque una persona familiarizada con la situación dijo que, en las últimas semanas, funcionarios han mejorado la relación de trabajo entre los NIH y la agencia de Vought.

Un funcionario de la Casa Blanca dijo que Trump y su equipo están concentrados exclusivamente en las elecciones intermedias.

Tradicionalmente, los gobiernos atraviesan cierto nivel de rotación después de las elecciones de mitad de periodo, que sirven a la vez como un punto natural de salida para muchos altos funcionarios y como una oportunidad para que el presidente reajuste sus prioridades de cara a los dos últimos años de su mandato.

Pero dentro de este Gobierno, donde el poder se mide principalmente por la cercanía de cada persona con Trump y las lealtades cambian constantemente, cualquier nueva vacante podría modificar drásticamente el equilibrio de poder dentro de la Casa Blanca y alterar la trayectoria de su agenda.

Trump aún no ha dado ninguna señal manifiesta de que planee hacer cambios de personal después de las elecciones, según personas que han hablado con él. Además, ha expresado optimismo en cuanto a que su reciente y frenética gira a favor de candidatos republicanos esté teniendo un impacto positivo en las probabilidades del partido de conservar el control del Congreso.

Pero muchos de los asistentes y asesores de Trump siguen siendo pesimistas sobre sus posibilidades. Creen que probablemente ya está perdida la mayoría republicana en la Cámara de Representantes y que, a estas alturas, la misión está más enfocada en limitar la magnitud de esas derrotas.

Aunque los asesores de Trump aún creen que pueden conservar el Senado, existe una preocupación generalizada de que la combinación de la reacción negativa de los votantes contra el Gobierno y un puñado de campañas deficientes para el Senado haya vuelto la tarea mucho más difícil de lo habitual.

Es un desafío que incluso Trump ha reconocido en privado en ocasiones, según las personas que han hablado con él. Ha cuestionado por qué el panorama político es tan desfavorable para el Partido Republicano y se ha quejado de la estrategia política del partido.

Si los republicanos sufren derrotas generalizadas el 3 de noviembre, añadieron esas personas, Trump sin duda encontrará a alguien a quien culpar, y no será él.

“El presidente siempre pierde, por la razón que sea, las elecciones intermedias”, lamentó Trump el martes. “Si logro que mis votantes, los republicanos MAGA, o como quieran llamarlos, salgan a votar, ganaremos por una mayoría abrumadora. Pero tienen que querer salir a votar, y si uno no aparece en la boleta electoral, es un poco más difícil”.

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