“En los huesos pero con sombrero francés”: la crítica que inspiró la creación de la Catrina
Por Paulina Nares, CNN en Español
La Catrina, símbolo internacional de México y de la celebración del Día de Muertos, tiene un origen menos festivo de lo que muchos piensan.
El ilustrador y grabador mexicano José Guadalupe Posada creó a este icónico personaje como una crítica social en 1912, sin saber que más de cien años después su arte seguiría vivo en el papel picado de las ofrendas, los disfraces de los niños que piden “calaverita”, concursos escolares, esculturas monumentales en el Zócalo capitalino e incluso en Times Square de Nueva York.
Otra forma en la que se ha popularizado esta figura es en los desfiles. Por ejemplo, en la capital del país, cada año se realiza la Megaprocesión de las Catrinas, que surgió gracias a un grupo de maquillistas que buscaban fortalecer y preservar las tradiciones, según la página oficial del evento.
El 25 de octubre, cientos de personas se dieron cita en algunas de las avenidas principales, como Paseo de la Reforma y el Zócalo para ver el recorrido de las personas que se caracterizaron de este personaje.
Para Covadonga Espíndola, que vino desde Dalton, Georgia, Estados Unidos, para ver el espectáculo, la Catrina “representa a nuestro pueblo, en su vestimenta y en su personalidad”, y destacó que “todo lo que hacemos los mexicanos, lo hacemos bien hecho”.
Muchas personas llegaron acompañadas de sus seres queridos, como Leonardo Florentino, quien asistía al desfile para pasar un rato en familia, destacando que las tradiciones mexicanas son algo que no podemos perder. “Como padres, nos toca inculcar esta cultura a nuestros hijos”. Respecto a qué piensa sobre la muerte, señala que “no hay que tenerle miedo, hay que tenerle respeto. Todos vamos para allá”, finaliza.
Daniela Olivares, quien es de la Ciudad de México y se disfrazó de Catrina, dice que es un evento muy bonito y expresa que, para ella, este personaje representa una imagen de lo que es la vida y la muerte: “Es un símbolo de los mexicanos”.
El capitalino Francisco cuenta que asiste cada año y que lo que más le llamó la atención del desfile de este año fue el sonido del huapango y que varios estados se hicieron presentes. “Me siento muy orgulloso de nuestras tradiciones que han cruzado fronteras”, dijo a CNN.
La Catrina fue creada en un taller de grabado en el barrio de Tepito, en la Ciudad de México, por José Guadalupe Posada, quien era originario de Aguascalientes, pero que se estableció en la capital del país.
Posada retrataba la vida cotidiana de los mexicanos —durante la época del porfiriato y la Revolución Mexicana— y criticaba la desigualdad social de una manera perspicaz a través de sus grabados, caricaturas e ilustraciones, para los que utilizaba a las calacas y la muerte, bajo el entendido de que al final todos moriremos.
“La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”, decía Posada.
Y entonces nació la que se convertiría en una de sus más grandes obras: la “calavera garbancera”, una sátira sobre los indígenas que dejaron de vender maíz para vender garbanzo porque querían ser como los europeos, lo que suponía que renegaban de su raza y cultura.
El artista mexicano inmortalizó a la “garbancera” con el grabado de un busto de una calavera portando un sombrero ostentoso con plumas, haciendo alusión a la frase que se le atribuye: “…en los huesos pero con sombrero francés con sus plumas de avestruz”. La obra original está expuesta en el museo que lleva su nombre en su estado natal.
En 1947, la “calavera garbancera” fue bautizada por Diego Rivera con el nombre con el que hoy en día la conocemos: “La Catrina”. La pintó con vestimenta elegante en su famoso mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”.
José Guadalupe Posada Aguilar nació el 2 de febrero de 1852 en el estado mexicano de Aguascalientes, en donde estudió en la Academia Municipal de Dibujo. A los 16 años, aprendió grabado y litografía. Fue maestro de litografía en una secundaria y posteriormente se adentró en el mundo del periodismo y la caricatura.
En 1888 llegó a la Ciudad de México, en donde aprendió técnicas de grabado en plomo y zinc y publicó en diarios como La Patria Ilustrada, Revista de México, El Ahuizote y Nuevo Siglo. Entre sus obras destacadas se encuentran: Calavera zapatista, El gran panteón amoroso, Las calaveras pulqueras y Remate de calaveras alegres y sandungueras.
José Guadalupe Posada es considerado uno de los artistas más influyentes de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, así como precursor del movimiento nacionalista de las artes plásticas.
Algunas de sus obras se conservan en el Inbal, el Museo José Guadalupe Posada en Aguascalientes y el Museo de Artes Gráficas en Saltillo, Coahuila. También hay una colección digital de más de 500 obras en el Instituto Iberoamericano de Berlín.
El grabador mexicano, que retrató la vida con la muerte, falleció en pobreza, a los 61 años, el 20 de enero de 1913 en la Ciudad de México, donde fue sepultado en una fosa común en el Panteón Civil de Dolores.
Después de más de cien años de su muerte, “Posada está más vivo que nunca y su obra sigue presente en las variadas formas en que se reproduce en México y el mundo”, afirma el historiador Agustín Sánchez.
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