Científicos afirman haber hallado la prueba más sólida hasta la fecha de presencia de glóbulos rojos en hueso de dinosaurio
Por Taylor Nicioli
Rastros de sangre prehistórica podrían revelar pistas sin precedentes sobre la biología de los dinosaurios, pero su confirmación ha resultado sumamente difícil. Ahora, investigadores que estudian un hueso de dinosaurio de 115 millones de años de antigüedad aseguran haber encontrado la prueba más contundente hasta el momento de la existencia de glóbulos rojos en un fósil.
Los tejidos, las células y otras muestras biológicas blandas rara vez sobreviven al proceso de fosilización, lo que convierte a tales hallazgos en objeto de controversia. Algunos estudios previos, que se remontan a finales de la década de 1990, ya habían descrito estructuras similares a los glóbulos rojos en fósiles de dinosaurios y otros reptiles; sin embargo, su autenticidad ha sido objeto de un intenso debate entre los investigadores.
El nuevo estudio, publicado el lunes en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, empleó una combinación de técnicas avanzadas de microscopía y análisis químicos. Los investigadores no solo hallaron estructuras microscópicas parecidas a glóbulos rojos preservadas dentro del hueso, sino también pruebas químicas de la presencia de hemo —una molécula que forma parte de la hemoglobina, la proteína de los glóbulos rojos encargada de transportar el oxígeno—. Según los autores del estudio, es la primera vez que se detecta hemo in situ —es decir, dentro de las propias estructuras— en un fósil de dinosaurio.
El hueso del Cretácico inferior, que se encuentra en buen estado de conservación, junto con un nuevo enfoque de investigación, refuerza el argumento de que las estructuras y moléculas biológicas pueden perdurar en los fósiles prehistóricos, señaló la autora principal, Kliti Grice, geoquímica orgánica y profesora distinguida en la Universidad Curtin, en Perth (Australia).
“Lo más fascinante no es solo lo que hemos descubierto en este dinosaurio, sino que ahora contamos con métodos que pueden aplicarse a otros fósiles para investigar cuánta información biológica original podría permanecer aún oculta en su interior”, afirmó Grice en un correo electrónico.
No obstante, no todos los expertos están convencidos de que dichas estructuras microscópicas sean, en realidad, glóbulos rojos.
Si los investigadores logran hallar pruebas similares de glóbulos rojos en otros especímenes fósiles, esto “podría ayudarnos a plantear cuestiones mucho más complejas sobre la fisiología de los animales extintos”, señaló Grice.
El fósil corresponde a una parte de la extremidad posterior de Aratasaurus museunacionali, un dinosaurio terópodo que vivió durante el Cretácico inferior. Los paleontólogos desenterraron el hueso de una pata en 2008 en el yacimiento geológico Mina Pedra Branca, en el noreste de Brasil, dentro de la Formación Romualdo, una zona rocosa conocida por sus fósiles excepcionalmente bien conservados. Los científicos creen que las aguas estancadas limitaron la presencia de oxígeno y ralentizaron la descomposición de los restos enterrados en esta región.
Dentro de los canales vasculares del hueso —tubos microscópicos que contienen vasos sanguíneos y fibras nerviosas—, los autores del estudio hallaron una gran cantidad de microestructuras de forma ovalada, que se asemejaban a glóbulos rojos. El equipo empleó entonces una combinación de técnicas de imagen y análisis químicos para determinar si dichas estructuras presentaban características propias de los glóbulos rojos.
Aunque investigaciones anteriores ya habían descrito, por separado, estructuras similares a glóbulos rojos y posibles vestigios de la química sanguínea en fósiles de dinosaurios, este estudio integra diversas líneas de evidencia —como la ubicación, el aspecto, la composición mineral y las señales químicas asociadas a estas estructuras—, señaló Grice.
Los investigadores sugieren que las condiciones de enterramiento con bajo contenido de oxígeno en el yacimiento pudieron limitar la degradación de la materia orgánica, favoreciendo la supervivencia de estas estructuras. Además de grupo hemo, los autores del estudio descubrieron que el hueso contenía trazas de óxidos de manganeso, minerales que podrían haber contribuido aún más a estabilizar y preservar las células.
“Los huesos proporcionan información extraordinaria sobre la anatomía, el crecimiento, la locomoción y la evolución. Sin embargo, la preservación a nivel celular y molecular nos permite acceder a un plano distinto de información biológica: la química del animal vivo y de sus tejidos”, afirmó Grice.
Sin embargo, subrayó que es demasiado pronto para sacar conclusiones sobre la fisiología de Aratasaurus basándose en un solo espécimen.
“Una de las primeras cuestiones es si se trata de un hecho extraordinariamente inusual o si, sencillamente, se ha pasado por alto una conservación similar en otros fósiles”, señaló. “Por tanto, es posible que en las colecciones de museos de todo el mundo existan fósiles que contengan información molecular y celular que, hasta ahora, nunca se ha investigado”.
Grice y su equipo planean ampliar su investigación a otros fósiles de distintas especies, periodos geológicos y entornos, con el fin de comprender mejor hasta qué punto podría estar extendido este tipo de evidencia molecular bien conservada.
En el futuro, más pistas moleculares podrían ayudar a los investigadores a estudiar cómo transportaban el oxígeno los dinosaurios por su organismo, cómo funcionaban sus tejidos y cómo se comparaba su biología con la de los animales actuales.
Pero ¿acaso el hallazgo de glóbulos rojos de un dinosaurio acerca a los científicos a la posibilidad de recrear su ADN, tal como se muestra en libros y películas como “Jurassic Park”? No necesariamente, afirma Timothy Cleland, científico físico del Instituto de Conservación de Museos de la Institución Smithsonian. El grupo hemo y el ADN son moléculas distintas y, al fosilizarse dentro de los huesos, lo hacen de formas diferentes, explica. Encontrar pruebas de la presencia de uno no implica que el otro haya sobrevivido.
“Este estudio abre nuevas vías de investigación para explorar la conservación del grupo hemo B en los huesos, especialmente en yacimientos excepcionales como este”, comentó Cleland en un correo electrónico, refiriéndose a la forma más común de grupo hemo. “Además, el estudio plantea una pregunta: ¿se extiende este tipo de conservación más allá de este dinosaurio, abarcando otras especies de la Formación Romualdo u otros lugares con una conservación excepcional?”.
Los autores señalan en el estudio que las estructuras halladas también diferían, tanto en tamaño como en forma, de los glóbulos rojos de las aves y los cocodrilianos actuales. No obstante, advierten que las especies modernas quizá no sean el mejor término de comparación para los dinosaurios no aviares, y añaden que las células encontradas en Aratasaurus museunacionali podrían no conservar la forma que tenían cuando el animal estaba vivo. Cleland, quien no participó en el nuevo estudio, señaló que futuras investigaciones podrían ayudar a los científicos a comprender mejor cómo cambian los glóbulos rojos tras la muerte de un animal, lo que tal vez explicaría las inusuales formas celulares observadas en el Aratasaurus.
También es posible que dichas estructuras no sean, en realidad, restos de glóbulos rojos.
Según Mary Schweitzer, profesora emérita del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad Estatal de Carolina del Norte —quien no formó parte del estudio—, los hallazgos no cumplen con los estándares establecidos para la identificación de células sanguíneas fosilizadas.
Schweitzer cuestionó si la forma y el tamaño de las estructuras coinciden realmente con los glóbulos rojos de los parientes vivos de los dinosaurios; asimismo, puso en duda la relevancia de la hausmannita, un tipo de óxido de manganeso que los autores del estudio encontraron de forma predominante. Schweitzer señaló que esta sustancia no se detecta en los glóbulos rojos de los organismos vivos.
No obstante, Grice explicó que el equipo no considera la hausmannita como un componente original de las células. Más bien, sostienen que se formó durante el proceso de fosilización y que pudo haber contribuido a preservar tanto las estructuras como la evidencia molecular asociada.
Aun así, Schweitzer indicó en un correo electrónico que el empleo de diversas técnicas analíticas por parte de los autores representa un avance prometedor para el campo. A la luz de los datos, expresó su esperanza de que algunas moléculas pertenecientes al propio dinosaurio se hayan conservado en el hueso.
“La posibilidad de aprovechar moléculas fósiles preservadas a lo largo de eras geológicas apenas comienza a explorarse, ya que la creencia convencional sostiene que tal preservación es imposible”, afirmó Schweitzer. “Cuantos más estudios realicemos sobre fósiles muy antiguos, más podremos aprender acerca de la interacción entre los entornos de enterramiento y el organismo en proceso de degradación”.
Las investigaciones futuras podrían, con el tiempo, ayudar a los científicos a responder interrogantes de mayor envergadura, como qué pueden revelar las moléculas prehistóricas sobre las enfermedades, los procesos biológicos y la evolución molecular a lo largo del tiempo, añadió.
“Si logramos superar el planteamiento de ‘es imposible’ para pasar al ‘¿y si fuera posible?’, ¡quién sabe qué descubrimientos nos aguardan!”, concluyó Schweitzer.
The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.
Taylor Nicioli es una periodista independiente con sede en Nueva York.
