En la cima de la colina de Sebastia, israelíes y palestinos luchan por la posesión del pasado y el control del presente
Por Tal Shalev, Jeremy Diamond y Zeena Saifi, CNN
Desde una remota colina al norte de Nablus, la vista se extiende por la Ribera Occidental ocupada. Asentamientos israelíes, aldeas palestinas y las sinuosas carreteras y puestos de control que los conectan —y dividen—.
Dispersos entre los olivares, yacen miles de años de historia: los restos de un antiguo palacio, un teatro romano y columnas erosionadas que han sobrevivido a imperios.
Sebastia es uno de los yacimientos arqueológicos más complejos de Medio Oriente. Y en la actualidad, es un punto álgido en la disputa entre las autoridades israelíes y palestinas por la tierra, el patrimonio y la narrativa histórica.
Durante el último año, Israel ha tomado medidas para expropiar aproximadamente 202 hectáreas de tierras palestinas de propiedad privada en los alrededores de Sebastia, una pequeña aldea palestina con un rico yacimiento arqueológico.
El Gobierno destinó US$ 10 millones para convertir el sitio en una atracción turística.
La Autoridad Palestina, por su parte, se esfuerza por lograr que Sebastia sea reconocida urgentemente como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, una candidatura que la organización debate este mes en Corea del Sur.
Ambas partes creen que la tierra —y su historia— les pertenece.
La historia de Sebastia se remonta al menos a 3.000 años. Los arqueólogos la identifican como la antigua Samaria, capital del reino bíblico de Israel.
Herodes el Grande la reconstruyó posteriormente, la rebautizó como Sebastia y añadió estructuras monumentales que perduraron durante los periodos romano, bizantino, árabe y de las Cruzadas.
En la localidad vecina, la tradición local también la sitúa como el lugar de sepultura de Juan el Bautista.
Hoy en día, todas estas capas están entrelazadas en el conflicto israelí-palestino, donde convergen la batalla por el territorio y la historia.
El yacimiento arqueológico de Sebastia se encuentra en la zona C de la Ribera Occidental, bajo el control civil y de seguridad israelí total según los Acuerdos de Oslo, mientras que la ciudad adyacente y su infraestructura turística se ubican en la zona B, bajo jurisdicción mixta palestino-israelí.
Esa línea divisoria preocupa cada vez más a los habitantes de la ciudad, cuya economía depende en gran medida del turismo y la agricultura.
Los lugareños afirman que ya se les ha impedido realizar trabajos básicos de conservación en las ruinas de la zona controlada por Israel. Temen que la reciente expropiación de tierras les impida por completo el acceso a estas áreas.
“Para nosotros, este lugar es nuestro corazón y nuestra memoria a la vez”, declaró Zaid Azhari, promotor turístico local. “Con esta orden de expropiación, perdemos lo que nos define: perdemos el acceso a nuestra tierra y al sitio arqueológico. No puedo imaginar Sebastia sin el yacimiento”, comentó a CNN. “Es como tener hijos: no puedes abandonar a ninguno”.
Azhari, uno de los líderes de la campaña “Salvemos Sebastia”, afirmó que la fricción con los soldados y los colonos ha dificultado la vida cotidiana durante años, y advirtió que la orden de confiscación podría paralizar la economía del pueblo, desde el turismo hasta la cosecha de aceitunas. “Si no podemos acceder a ellas, todo el ciclo económico de Sebastia quedará destruido”.
Sebastia es solo una pieza de una iniciativa más amplia. Desde 2023, el Gobierno de derecha del primer ministro Benjamin Netanyahu ha invertido más de US$ 82 millones en yacimientos arqueológicos de la Ribera Occidental a través de un programa llamado “Camino, Tierra, Patrimonio”, supervisado por el ministro de Patrimonio, Amichai Eliyahu, del partido de extrema derecha Otzma Yehudit.
El programa se centra en yacimientos con importancia histórica judía, entre ellos la Cueva de los Patriarcas de Hebrón y Herodium, el palacio fortificado en el desierto de Herodes el Grande, mientras que los yacimientos de patrimonio islámico y cristiano en las mismas zonas quedan en gran medida excluidos.
“Casi cada piedra y sitio patrimonial contiene miles de años de historia judía”, afirmó Netanyahu en mayo, cuando su Gobierno aprobó otra ronda de financiación. “Estamos invirtiendo en preservar nuestro pasado para asegurar nuestro futuro”.
Netanyahu fue más allá y propuso la creación de una “Autoridad del Patrimonio de la Ribera Occidental” que transferiría el control arqueológico de la Administración Civil militar a su propio ministerio.
Sin embargo, funcionarios israelíes informaron a CNN que Netanyahu archivó la legislación ante la preocupación por la posible reacción internacional.
Eliyahu presenta esta iniciativa como un intento de preservar y rescatar sitios patrimoniales abandonados, que, según él, han sufrido décadas de saqueo, daños y destrucción por parte de los palestinos.
“No estoy dispuesto a que la historia del pueblo judío sea destruida, desmantelada o borrada”, declaró Eliyahu a CNN, describiendo su trabajo como la restauración de la “verdadera historia” de Sebastia y otros sitios de la Ribera Occidental.
Eliyahu, conocido por haber barajado un ataque nuclear contra Gaza en 2023 como “una opción”, rechazó la premisa de que el territorio en cuestión sea palestino. “Es territorio israelí. Pertenece al pueblo judío”, afirmó. “Los hechos son irrefutables. ¿Acaso pretenden que permitamos que borren nuestra herencia? Esta es la tierra de nuestros antepasados”.
Los grupos de vigilancia israelíes cuentan una historia diferente.
“El único interés del Gobierno es el patrimonio judío, borrando miles de años de existencia humana en esta zona”, declaró Alon Arad, director de la organización israelí Emek Shaveh, que realiza un seguimiento de la arqueología en la Ribera Occidental.
Arad sostiene que la política no se centra tanto en la preservación como en el control territorial. “A Eliyahu no le importan las antigüedades. Quiere la anexión. Las antigüedades son solo una excusa, parte de un proceso mucho más serio, que crea una correlación entre patrimonio y soberanía”, declaró a CNN. “La arqueología se utiliza como una herramienta”.
Desestimó las afirmaciones de Eliyahu sobre el abandono sistemático de las antigüedades por parte de los palestinos, calificándolas de “argumento sumamente cínico”, y afirmó que no existen datos que las respalden.
La Autoridad Palestina está presionando para que Sebastia pase de la lista provisional de la UNESCO, donde figura desde 2012, a la lista definitiva del Patrimonio Mundial, y Arad espera que la inscripción en la UNESCO pueda frenar nuevas acciones israelíes.
Por su parte, Eliyahu afirmó: “La UNESCO puede decir lo que quiera. Si intenta ir en contra de la verdad e inventar narrativas, no lo conseguirá”.
La Ribera Occidental alberga miles de yacimientos arqueológicos —las estimaciones varían entre 2.600 y hasta 6.000—, lo que refleja su larga historia como encrucijada de civilizaciones.
Sebastia es un ejemplo de una lucha que no solo gira en torno al pasado, sino también al presente y al futuro del territorio y de las personas que viven cerca de sus piedras históricas.
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