El yacimiento de fósiles más controversial de la evolución humana se ha vuelto aún más desconcertante
Por Katie Hunt, CNN
En la última década, han surgido fósiles de aspecto humano de las profundas y sinuosas galerías del sistema de cuevas Rising Star, en Sudáfrica; lo que revelaron ha sacudido el campo de estudio de los orígenes humanos. Ahora, nuevos hallazgos sobre el sexo de los individuos cuyos restos se descubrieron allí ofrecen a los investigadores una perspectiva fresca, pero desconcertante, sobre este peculiar pariente humano.
En 2015, los científicos describieron por primera vez una especie de homínido diminuta y enigmática, a partir de un conjunto de fósiles extraordinariamente rico hallado en un lugar conocido como la Cámara Dinaledi, dentro del sistema de cuevas.
A pesar de tener un cerebro no mucho mayor que el de un chimpancé, los investigadores plantearon la hipótesis de que Homo naledi —nombre que recibió la especie— enterraba deliberadamente a sus muertos en los confines de la cueva. Este acto representaba una práctica sofisticada que antes se consideraba exclusiva de los humanos. Según informaron, es posible que los miembros de la especie incluso grabaran símbolos en las paredes rocosas.
La investigación más reciente añade más misterio: los científicos han recuperado proteínas antiguas de dientes pertenecientes a 20 individuos hallados en el yacimiento y han determinado que todos ellos eran de sexo femenino.
“Cuando se conocieron estos resultados, hubo muchos científicos que se pusieron bastante nerviosos. No era lo que esperábamos”, afirmó Lee Berger, paleoantropólogo y explorador residente de National Geographic, quien ha dirigido las excavaciones en el lugar y ha sido coautor de la última investigación.
“Dos laboratorios analizaron estos datos”, señaló Berger. “Repetimos el análisis dos veces porque no queríamos que se tratara de un error interno”, añadió.
La científica molecular Palesa Madupe dirigió la investigación mientras trabajaba en el Instituto Globe de la Universidad de Copenhague, centro pionero en el campo de la investigación de proteínas antiguas conocido como paleoproteómica.
Madupe, que actualmente trabaja como investigadora posdoctoral en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Alemania, analizó 23 muestras de esmalte dental. Dos de los dientes no aportaron información útil y otros dos pertenecían al mismo individuo, lo que resultó en un tamaño de muestra de 20, según el estudio.
Para determinar el sexo de los restos, Madupe analizó las muestras en busca de la versión masculina de la proteína amelogenina —que solo se encuentra en el cromosoma Y masculino—, pero dicho marcador biológico estaba totalmente ausente en todas las muestras. Entre los homínidos y otros mamíferos, las hembras suelen presentar dos cromosomas X, mientras que los machos poseen un cromosoma X y uno Y. Dado que solo los machos tienen cromosoma Y, la detección de la variante de la proteína amelogenina ligada al cromosoma Y habría revelado que un diente pertenecía a un macho. Aunque es una técnica relativamente reciente, se ha aplicado bastante en restos antiguos, incluidos fósiles de hace dos millones de años pertenecientes a especies aún más remotas emparentadas con los humanos. Los restos de Homo naledi tenían una antigüedad de entre 335.000 y 241.000 años.
En retrospectiva, se debería haber percibido antes que los fósiles parecían corresponder a hembras, , señaló Berger. Los fósiles de adultos hallados en la Cámara Dinaledi mostraban escasa variación en cuanto a tamaño, forma y otras características físicas. Por lo general, cabe esperar cierta variación entre machos y hembras, un fenómeno conocido como dimorfismo sexual.
“Cuando describimos a esos homínidos en 2015, afirmamos que se trataba de la especie de homínido antiguo con menor dimorfismo sexual jamás descubierta”, comentó Berger.
“Es una de las grandes lecciones científicas que se derivan de esto”, añadió.
¿A qué se debe que en el yacimiento solo se encontraran individuos de un solo género? Berger sostiene que se trata de un ejemplo de sesgo sexual en las prácticas funerarias. El Homo naledi “enterraba a sus seres queridos mediante rituales que los separaban en la muerte según su sexo y género”, afirmó.
Sin embargo, el estudio, publicado este miércoles en la revista científica Cell, señaló que la ausencia de indicadores masculinos en los restos analizados podría explicarse por la presencia de un gen amelogenina-Y que pudo haber mutado o haberse perdido (sufrido una deleción) con el paso del tiempo.
Enrico Cappellini, autor principal del nuevo estudio y profesor de paleoproteómica en el Instituto Globe de la Universidad de Copenhague, afirmó que la pérdida total de dicho gen se ha observado en algunos hombres vivos e incluso en el ADN de un neandertal macho.
No obstante, señaló en un comunicado de prensa que resultaría poco probable que el gen hubiera desaparecido “ni siquiera en la mitad de los 20 individuos estudiados, ni mucho menos en toda una población”.
“Cualquiera de los dos escenarios —ya sea la ausencia de machos de Homo naledi en el sistema de cuevas Rising Star o una deleción sistemática de su gen AMELY— resulta fascinante y tendría profundas implicaciones para comprender mejor la biología y la evolución de esta especie”, añadió.
Ryan McRae, paleoantropólogo del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian que no participó en la investigación, comentó que el yacimiento de Rising Star y el Homo naledi son tan “interesantes y atípicos” que siempre despertarán curiosidad e intriga, tanto en el ámbito científico como en el público general.
“Aunque se trate de una acumulación de un solo sexo, como sugieren los autores, plantea más interrogantes que respuestas: ‘¿por qué solo individuos hembras?’”
“Sabemos dónde terminaron los cuerpos de los individuos de Homo naledi, pero desconocemos cómo llegaron allí, así como dónde o cómo vivían”.
Michael Petraglia, profesor de la Universidad Griffith en Brisbane, Australia, y director del Centro de Excelencia ARC para la Transformación de la Investigación sobre los Orígenes Humanos, lleva tiempo sosteniendo que no existen pruebas suficientes para respaldar la idea de que el Homo naledi enterraba deliberadamente a sus muertos y creaba arte rupestre. Ambos comportamientos sugerirían capacidades cognitivas avanzadas.
La afirmación de que este era el primer ejemplo conocido de un lugar de entierro específico para un sexo era “más bien una exageración”, opinó. Sin embargo, no tenía motivos para cuestionar la determinación del sexo femenino, ya que, según señaló, los autores de la Universidad de Copenhague “realizan una labor científicamente rigurosa en el campo de la proteómica”. “En cuanto a su interpretación de que el sesgo hacia el sexo femenino respalda su teoría sobre el enterramiento, lo único que diría es: no vayamos tan rápido”, comentó por correo electrónico.
“Es perfectamente posible que Homo naledi, al ser un homínido de cerebro pequeño y similar a los primates no humanos, formara grupos con una alta proporción de hembras frente a machos que buscaban alimento en lugares específicos del paisaje”.
Por ejemplo, señaló que entre los chimpancés existen grupos de búsqueda de alimento compuestos exclusivamente por hembras, y los primatólogos han observado que los grupos pequeños —incluidas hembras con crías— a veces utilizan abrigos rocosos o entradas de cuevas para buscar sombra, protegerse del calor o resguardarse de la lluvia.
Sin embargo, Berger argumenta que, si los adultos de Homo naledi hubieran llevado vidas segregadas por sexo, cabría esperar encontrar restos de individuos varones jóvenes en el yacimiento; sin embargo, esto no ocurrió, a pesar de que se han desenterrado los restos de varios niños.
“Creo que incluso nuestro crítico más minucioso tendrá que detenerse a reflexionar sobre esto, ya que la probabilidad de que se trate de un fenómeno natural es de una entre un millón”, afirmó Berger.
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