Arabia Saudita se ve arrastrada a una guerra que ha intentado desesperadamente evitar
Análisis de Tim Lister y Nic Robertson, CNN
Arabia Saudita ha pasado cinco meses intentando evitar verse arrastrada a un conflicto regional. Ha mantenido abiertos los canales de comunicación con Teherán incluso mientras drones iraníes atacaban su industria petrolera.
Ahora parece estar acorralada y enfrenta enemigos en tres frentes: Irán y los grupos respaldados por ese país en Iraq y Yemen.
En la última semana, el reino ha enfrentado ataques con misiles de los hutíes respaldados por Irán en Yemen, ataques con drones de milicias proiraníes en Iraq y nuevas amenazas de Teherán.
A primera hora del martes, hora local, quedó claro que la contención ya no era una opción: aviones de combate saudíes, junto con aeronaves estadounidenses, llevaron a cabo ataques en el este de Iraq.
Pero hay mucho en juego.
Involucrarse en un conflicto más amplio sería una decisión arriesgada y potencialmente costosa para Riad. Durante la última década, el reino se ha centrado en atraer inversión extranjera y convertirse en la principal potencia económica regional. Ese objetivo impulsó en parte su política de distensión con Irán antes de la guerra y condujo a un acuerdo mediado por China en 2023.
Esa estrategia ahora pende de un hilo mientras Arabia Saudita se encuentra en el ojo de la tormenta. Enfrentar desde tres direcciones a adversarios impredecibles y experimentados en la guerra asimétrica es la pesadilla de cualquier estratega militar.
Arabia Saudita ha gastado decenas de miles de millones de dólares en modernizar sus fuerzas armadas y adquirir sistemas de defensa antimisiles de última generación. Sin embargo, tiene un territorio enorme —aproximadamente una quinta parte del tamaño de Estados Unidos—, extensas costas que defender y una infraestructura petrolera muy dispersa.
El fin de semana, los hutíes dispararon misiles contra dos complejos petroleros saudíes en la costa del mar Rojo. Imágenes satelitales y videos geolocalizados indican que una de esas instalaciones, ubicada en Jazan, cerca de la frontera con Yemen, sufrió daños considerables.
Los ataques con misiles ocurrieron después de que los hutíes atacaran dos petroleros saudíes en el mar Rojo y anunciaran un bloqueo contra los buques saudíes que atraviesan el estratégico estrecho de Bab el-Mandeb. Los hutíes también se atribuyeron otro ataque contra un buque saudí el lunes.
El bloqueo representa una escalada importante para Arabia Saudita, que ha desviado buena parte de sus exportaciones de petróleo hacia puertos del mar Rojo, como Yanbu, mientras el estrecho de Ormuz continúa paralizado.
El reino planea ampliar sus exportaciones de petróleo a través del mar Rojo hasta alcanzar unos 9 millones de barriles diarios durante los próximos tres años. No obstante, los petroleros que parten de Yanbu hacia los mercados asiáticos deben atravesar Bab el-Mandeb. Esto deja expuestas a posibles interrupciones hutíes cerca de tres cuartas partes de las exportaciones que transitan por el mar Rojo, según analistas.
Arabia Saudita pasó siete años intentando desalojar, sin éxito, a los hutíes del norte de Yemen, después de lanzar una ofensiva a gran escala contra el grupo armado en 2015. El conflicto provocó una de las peores crisis humanitarias del mundo.
En 2022 se acordó una tregua, pero esta nunca se convirtió en un acuerdo de paz. Arabia Saudita mantuvo un bloqueo económico y aéreo sobre las zonas controladas por los hutíes.
A principios de este mes, los hutíes acusaron a Arabia Saudita de bombardear el aeropuerto de Sana para impedir el aterrizaje de un vuelo directo procedente de Teherán que habría ignorado las advertencias para cambiar de rumbo.
El vuelo transportaba a una delegación hutí que regresaba del funeral del exlíder supremo de Irán Alí Jamenei. Sin embargo, “la atención también se centró en qué más podría haberse transportado a bordo de la aeronave”, dijo Nawaf Obeid, del Departamento de Estudios de Guerra del King’s College de Londres.
Eso desencadenó un nuevo ciclo de violencia que culminó con los ataques con misiles del fin de semana.
“Se han cruzado todas las líneas rojas y se ha agotado la paciencia saudí”, dijo el analista Mohammed al Basha.
Una numerosa fuerza de combatientes yemeníes contrarios a los hutíes se está concentrando en los desiertos del este de Yemen, según dijo el lunes a CNN una fuente regional. Si avanza, contaría con el respaldo de la Fuerza Aérea saudí, incluidos helicópteros de ataque Apache.
No obstante, por ahora es más probable que la respuesta saudí consista en ataques aéreos, de acuerdo con los analistas. El viernes, la Fuerza Aérea saudí atacó el puerto de Hodeidah, el mayor de los que están bajo control hutí, en represalia por los ataques contra los petroleros.
La Fuerza Aérea saudí tiene mucha más capacidad que hace 10 años para detectar, rastrear y atacar amenazas militares dispersas, según Obeid. Ha integrado sus sistemas de una manera que “reduce drásticamente el tiempo entre la detección y el ataque”.
También existe la posibilidad de que Arabia Saudita intente aplacar a los hutíes mediante incentivos económicos. El grupo ha exigido en varias ocasiones dinero para cubrir su enorme nómina de empleados públicos y milicianos.
“Los hutíes parecen estar siguiendo el modelo de Corea del Norte: utilizan ciclos recurrentes de provocación para obtener concesiones políticas y económicas y convierten sus territorios al sur de Arabia Saudita y el mar Rojo en su escenario de operaciones”, dijo Basha.
No está claro si estarían dispuestos a dar la espalda a sus patrocinadores iraníes a cambio de dinero saudí.
Desde las zonas de palmerales del sur de Iraq, milicias proiraníes lanzaron el lunes y el martes dos oleadas de drones contra infraestructura esencial saudí y contra la capital, Riad, de acuerdo con el Ministerio de Defensa saudí. Los hutíes podrían haber proporcionado asistencia técnica a esas milicias, según analistas.
La paciencia de Riad se agotó. A primera hora del martes, Arabia Saudita “llevó a cabo ataques precisos y selectivos” contra milicias del este de Iraq “vinculadas con los ataques contra instalaciones petroleras del reino”, informó el Ministerio de Defensa.
Había una nueva línea roja. “El reino subraya que no busca una escalada, pero responderá a cualquier ataque”, agregó el ministerio.
“Varias personas” murieron o resultaron heridas en los ataques, según las Fuerzas de Movilización Popular, la organización que agrupa a esas milicias.
El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM, por sus siglas en inglés) calificó la operación conjunta como “una respuesta contundente” a más de 30 ataques con drones que, según dijo, fueron dirigidos por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC, por sus siglas en inglés).
En las primeras semanas de la guerra, cientos de drones fueron lanzados desde Iraq contra instalaciones estadounidenses en Arabia Saudita, de acuerdo con el CENTCOM. Pese al alto el fuego, en mayo se produjeron algunos ataques adicionales.
Los funcionarios saudíes no han olvidado el preciso y devastador ataque contra la refinería de Abqaiq en 2019, que dejó fuera de servicio casi la mitad de la producción petrolera del reino.
Los hutíes se atribuyeron ese ataque, pero fuentes de inteligencia dijeron entonces a CNN que probablemente se había originado en Iraq. En aquella ocasión, Arabia Saudita decidió no responder militarmente, aunque responsabilizó a Irán.
En marzo y abril, las autoridades saudíes se apresuraron a invertir en tecnología antidrones mientras drones Shahed iraníes atacaban instalaciones petroleras en la costa oriental del país. El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, visitó Riad para ofrecer un sistema integrado de defensa contra los enjambres de drones iraníes.
Pero un sistema de esa naturaleza no puede instalarse de la noche a la mañana. Arabia Saudita todavía enfrenta la doble amenaza de drones iraníes y misiles balísticos de corto alcance lanzados desde el otro lado del golfo Pérsico.
Aunque Irán no ha atacado directamente a Arabia Saudita desde abril, su Ministerio de Relaciones Exteriores volvió a declarar esta semana que “algunos países del golfo Pérsico participaron por cuenta propia en ataques militares contra Irán. Estados Unidos es responsable de los ataques, pero no puede ignorarse el papel de algunos países de la región”.
Arabia Saudita llevó a cabo algunos ataques aéreos contra Irán al comienzo del conflicto, pero fueron cuidadosamente calibrados, de acuerdo con un diplomático familiarizado con los hechos.
Fue una respuesta proporcional destinada a demostrar que el reino podía defenderse “si Estados Unidos no estaba presente”, dijo el diplomático a CNN en mayo.
Si Arabia Saudita volviera a sufrir ataques iraníes con misiles y drones, podría enfrentar una decisión difícil: responder directamente, con el riesgo de involucrarse más profundamente en la guerra, o abstenerse de hacerlo y envalentonar a un gobierno iraní que muchos consideran más intransigente que antes del conflicto.
Arabia Saudita ya enfrenta un impacto económico considerable debido a la guerra. En los primeros tres meses del año registró su mayor déficit trimestral desde 2018, después de aumentar el gasto para contrarrestar los efectos del conflicto y la desaceleración económica.
El déficit se ha compensado parcialmente con el aumento de los ingresos derivado del encarecimiento del petróleo. No obstante, nuevas interrupciones de la producción y las exportaciones petroleras pondrían esos ingresos en riesgo. Muchos de los megaproyectos del reino ya han sido reducidos.
En definitiva, Arabia Saudita se encuentra en medio de una región más amenazante y volátil que el 28 de febrero, cuando comenzó la guerra.
Los funcionarios saudíes han quedado desconcertados por los bruscos cambios de rumbo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en sus políticas sobre Irán y Gaza.
Aunque la cooperación militar entre Arabia Saudita y Estados Unidos sigue siendo estrecha, en Riad existe una preocupación más amplia ante la posibilidad de tener que enfrentar en solitario a un Irán más beligerante y decidido cuando disminuya el interés de Washington.
El reino y sus aliados están en una encrucijada. Tampoco ayuda que Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos apenas estén comenzando a reparar unas relaciones deterioradas por la salida repentina de Emiratos Árabes Unidos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, las diferencias sobre el conflicto con Irán y el desacuerdo sobre qué fuerzas apoyar en la lucha contra los hutíes en Yemen.
Arabia Saudita ha decidido claramente que solo puede soportar cierta cantidad de ataques antes de responder.
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