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De cara a un panorama electoral incierto, los republicanos del Senado hacen un último intento para abordar el costo de vida

Por Sarah Ferris, Alison Main y Ted Barrett, CNN

El miércoles, en la sede de campaña de los republicanos del Senado, decenas de miembros del partido se reunieron para una sesión estratégica durante los que se suponía serían sus últimos días en Washington antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre.

El senador Jon Husted, de Ohio —uno de los republicanos con mayor riesgo de perder su escaño en el país—, hizo un llamamiento urgente a sus colegas. Les pidió que permanecieran en la capital y exigió que hicieran “algo real y tangible sobre la asequibilidad”, según una persona presente en la sala. Entre quienes apoyaron firmemente la propuesta estaba la senadora Susan Collins, de Maine, quien también se encuentra en una de las contiendas senatoriales más reñidas y ha hecho peticiones similares en reuniones recientes, según una persona familiarizada con las deliberaciones internas del Partido Republicano.

Poco después, los líderes republicanos llegaron a un acuerdo: el Senado sería convocado la próxima semana para abordar un proyecto de ley destinado a proteger a los estadounidenses de los aumentos en las tarifas eléctricas en medio del auge de los centros de datos.

Esta iniciativa representa un último intento de dotar a los republicanos de un mensaje más sólido sobre la economía, justo cuando se enfrentan a algunos de los vientos en contra políticos más fuertes de la última década. A menos de 40 días de las elecciones, los republicanos temen en privado que su mayoría en la cámara alta esté en peligro debido al fuerte aumento de los precios de la gasolina y los alimentos, según varias personas al tanto de las deliberaciones internas. Han visto cómo se erosiona la confianza de sus propios votantes en el partido, ya que tanto la guerra como la economía han perjudicado las campañas republicanas desde Alaska hasta Maine, pasando por Iowa, Ohio y Kansas.

Sin embargo, es probable que este intento fracase: se espera que los demócratas bloqueen la medida, argumentando que el proyecto de ley es insuficiente.

En Washington, ha crecido la frustración entre muchos senadores republicanos que consideran que su partido ha hecho poco para reactivar la economía desde la aprobación de su importante paquete de recortes fiscales el año pasado. Algunos —como el senador John Kennedy, de Louisiana, representante de un estado republicano que últimamente se ha mostrado sorprendentemente crítico con su propio partido— están alzando la voz cada vez más.

Esta semana, Kennedy arremetió contra su propia conducción por priorizar un proyecto de ley que impone nuevas normas al deporte universitario, en lugar de situar las cuestiones económicas en el centro del debate.

“He estado persiguiendo a mi amigo, el senador Thune —como si hubiera robado el Día de Acción de Gracias—, desde que aprobamos aquel ‘gran y hermoso proyecto de ley’, para que hagamos más sobre el problema del costo de la vida, porque no hemos hecho ni una maldita cosa. Y eso nos está pasando factura ahora mismo”, declaró Kennedy a la prensa el jueves.

Los estadounidenses de a pie, señaló, “no se preocupan por si los entrenadores de fútbol americano están contentos… se preocupan por el costo de la vida”.

La próxima semana, se espera que el Senado continúe trabajando en el proyecto de ley sobre deportes universitarios, proceso que culminará con una votación final. También se prevé que aborde una iniciativa para restringir la compra de acciones por parte de los legisladores —la cual incluye disposiciones sobre la identificación de votantes—, una medida que no aborda las preocupaciones sobre el costo de vida.

Por otro lado, los críticos del proyecto de ley de Husted sobre centros de datos sostienen que la medida hace poco para proteger a los usuarios frente a los aumentos de tarifas. La iniciativa establece una norma federal que obliga a los operadores de centros de datos a cubrir los costos de las mejoras en la infraestructura energética necesarias para sus operaciones; sin embargo, solo exige a las comisiones estatales de servicios públicos —organismos que generalmente regulan las tarifas en sus respectivos estados— que “consideren” adoptar dicha norma.

El proyecto de ley fue aprobado por una abrumadora mayoría en la Cámara de Representantes la semana pasada. No obstante, cuando los republicanos intentaron acelerar su tramitación en el Senado, los demócratas bloquearon su consideración, argumentando que la medida es insuficiente.

En privado, los republicanos del Senado creen que aún pueden conservar su mayoría, especialmente dado que los “super PAC” del partido están destinando a sus campañas recursos económicos propios de una elección presidencial. Aun así, reconocen que hay media docena de contiendas muy reñidas cuyo resultado es incierto, siendo el costo de vida y la guerra las principales preocupaciones de los votantes.

Algunos republicanos, como el senador Josh Hawley, están dispuestos a considerar un enfoque integral para reducir los precios, que abarque desde la suspensión del impuesto federal a la gasolina hasta la prohibición de las exportaciones de diésel; sin embargo, al Senado se le agota rápidamente el tiempo, ya que solo le queda una semana de actividad en Washington. Por su parte, la Cámara de Representantes ya ha suspendido sus sesiones para que sus miembros regresen a la campaña electoral.

“Lo mejor que podríamos hacer con el tiempo actual sería buscar la manera de suspender el impuesto federal a la gasolina para bajar los precios, limitar el costo de la insulina para reducir los gastos médicos y tratar de hacer todo lo posible por disminuir cualquier componente del costo de vida antes de que concluya el mandato de este Congreso. Me parece que esto es algo sumamente urgente para los votantes”, declaró Hawley el miércoles, añadiendo que también está abierto a la idea de prohibir las exportaciones de diésel, una medida que ha despertado el interés del presidente Donald Trump.

“Debemos votar iniciativas que realmente ayuden a la gente. Me preocupa que no lo estemos haciendo”, afirmó. “No sé cómo se le puede explicar eso a los votantes en noviembre. Realmente no lo sé”.

Ni siquiera existe consenso dentro del partido sobre qué medidas adoptar para mejorar la asequibilidad. Los republicanos del Senado están divididos respecto a la prohibición de exportar diésel —una medida que, según advierten algunos expertos, podría generar más caos en el mercado energético—, y los líderes del partido se muestran escépticos ante la posibilidad de una solución legislativa sencilla para el aumento de precios que sufren los consumidores.

El líder de la mayoría del Senado, John Thune, se mostró reticente cuando se le preguntó si el Senado debería aprobar alguna medida para ayudar a bajar los precios de la gasolina; argumentó que la mayoría de las propuestas que circulan no tendrán un impacto significativo a menos que se reanude el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz.

“Se han planteado algunas ideas, pero creo que la mayoría no influirá gran cosa en los precios de la gasolina. Insisto: la mejor manera de mejorar la situación de los precios es reactivar las actividades y garantizar el libre flujo del comercio mundial, algo que actualmente no ocurre en el estrecho”, señaló.

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