Un Maduro más delgado permaneció en silencio durante su segunda audiencia en Nueva York. CNN estuvo ahí y esto es lo que vio
Por Alfredo Meza, CNN en Español
Cuando Cilia Flores entró a la sala del piso 26 de la Corte del Distrito Sur de Nueva York se escuchó un murmullo generalizado. Fue un impulso que ninguno de los presentes pudo reprimir a pesar de las serias advertencias que hizo en la víspera uno de los funcionarios del U.S. Marshalls Service, el servicio de alguaciles de Estados Unidos, minutos antes de que comenzara la segunda comparecencia de ella y de su esposo, el derrocado presidente venezolano Nicolás Maduro, en un caso de juicio por cargos de narcoterrorismo: “No whispering”.
Siempre con una sonrisa, Flores dio pasos cortos, estrechó las manos de los representantes legales de Maduro y se sentó al lado de Mark Donelly, su abogado defensor. Cuando los primeros murmullos cesaron apareció su esposo, menos sonriente aunque igualmente cordial. Vestía el traje color caqui de los presidiarios encima de una franela de color anaranjado.
El hombre que condujo a Venezuela entre 2013 y 2026 lucía más delgado, pero no demacrado. No tenía Nicolás Maduro la actitud desafiante de la noche que llegó a Nueva York, cuando alzaba los pulgares y decía “Happy New Year” delante de las cámaras de varios teléfonos celulares. Mientras caminaba hacia su asiento, Maduro miro brevemente a la concurrencia, asintió, dio los buenos días y luego estrechó la mano de su abogado Barry Pollack.
“Estás muy elegante”, le dijo Maduro.
Maduro y su esposa, que se han declarado inocentes de los cargos imputados, estaban sentados de espaldas al público, compuesto en su gran mayoría por representantes de la prensa acreditada en Nueva York y periodistas llegados de otras ciudades de Estados Unidos. Parte de esa delgadez de Maduro podía notarse en su cuello, mucho más esbelto si se compara con las fotos tomadas durante sus años como presidente de Venezuela. “Lo verán en la sala del tribunal”, había dicho poco antes Pollack mientras llegaba a la corte y en respuesta a dos preguntas de CNN sobre los comentarios de su hijo, el diputado Nicolás Maduro Guerra —quien había asegurado a principios de semana que su padre se mantenía “con mucho ánimo y con mucha fuerza”— y sobre las condiciones de detención en el Centro Metropolitano de Brooklyn.
Pollack también descartó los informes periodísticos que sugieren que Maduro podría estar sufriendo problemas de ansiedad, que, supuestamente, grita con frecuencia desde su celda que ha sido secuestrado y que sigue siendo el presidente legítimo de Venezuela. “Yo no estoy allí por las noches, pero no le daría mucha credibilidad a eso”, dijo. El Buró Federal de Prisiones (BOP, por sus siglas en inglés) no ha dado detalles de sus condiciones de detención del depuesto mandatario.
A diferencia de la primera audiencia, Maduro y Flores permanecieron en silencio y atentos a la traducción simultánea provista por el tribunal. A veces tomaban nota, otras se limitaban a escuchar mirando a sus abogados, al juez, algún punto de la sala, o se movían en la silla para cambiar de posición.
Desde sus lugares, siempre sentados, siguieron el intenso debate sobre si el Gobierno de Venezuela debe pagar o no los gastos de la defensa de la pareja (el juez Hellerstein prometió emitir pronto una decisión sobre si ordenará al Gobierno de Trump permitir que el país sudamericano pague los honorarios). También escucharon al magistrado designado por el expresidente Bill Clinton rechazar de momento la propuesta de la defensa de desestimar el caso por esa situación irresuelta de los fondos, pero también la afirmación del juez de que probablemente considerará que el derecho a contratar al abogado de la elección de ambos prevalece sobre los asuntos invocados por los fiscales para oponerse a que el gobierno de Venezuela se haga cargo de los honorarios.
Fue un debate que el público siguió tomando notas, en silencio, o simplemente escuchando lo que cada una de las partes aportaba para intentar convencer a Hellerstein. Al abogado venezolano Pedro Rojas le habría encantado estar presente físicamente en la sala, pero no se lo permitieron, según comprobó CNN. Rojas fue conducido a una segunda sala y siguió la audiencia a través de un monitor, según contó a la salida de audiencia
No era su plan original. Para evitar volver a reaccionar como en la primera audiencia, Rojas le dijo a CNN que tomaría notas para llevar una minuta detallada de lo que estaba ocurriendo. “Ya me advirtieron que no lo volviera a hacer, así que agradezco que al menos me permitan estar. Quiero ser uno más de los que ayuden a reconstruir a Venezuela. Hoy está pagando alguien que le ha hecho mucho daño al país”.
En la primera audiencia celebrada tras la captura de la pareja, Rojas decidió increpar a Maduro porque le resultó intolerable, según dijo, que el gobernante denunciara haber sido secuestrado y ser el presidente de Venezuela. Entonces gritó: “Nicolás Maduro, eres un criminal y vas a pagar por todo el daño que le has hecho al pueblo venezolano y a los Estados Unidos de Norteamérica”. Las crónicas periodísticas de la primera audiencia reseñaron la respuesta de Maduro: “¡Soy un presidente secuestrado! ¡Un prisionero de guerra!”.
“Fue un instinto, era el sentimiento de un país, un sentimiento genuino. Siempre he sido respetuoso de la ley estadounidense”, dijo a CNN este jueves.
El abogado de Cilia Flores apenas intervino en la audiencia. Pero hacia el final de la sesión tomó la palabra para solicitar que se atienda un padecimiento cardíaco de su clienta, que describió como un prolapso de la válvula mitral.
De acuerdo con la Clínica Mayo, se trata de una enfermedad de las válvulas cardíacas que afecta a la válvula entre las cavidades izquierdas del corazón. Por esa razón, Donelly solicitó que se le practique un ecocardiograma a Flores.
Al terminar la sesión, Flores y Maduro se levantaron de sus sillas y repitieron el ritual de la entrada. La exprimera dama de Venezuela besó a Donelly, a una de las asistentes de Pollack y se retiró dando pasos cortos. Maduro estrechó la mano de sus representantes legales y nunca se volteó a ver a los asistentes. Ambos desaparecieron detrás de una puerta lateral hasta la próxima audiencia, que aún no tiene fecha.
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