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El método de un profesor mexicano para enseñar física a sus alumnos con “One Piece”

Por Karen Esquivel, CNN en Español

Una tarde de julio de 2024, Oliver Castro abrió su cuenta de TikTok y advirtió un aumento inusual de “likes” y comentarios en distintos idiomas. Al principio se sorprendió e incluso pensó que podía tratarse de bots, pero no era así.

Las fotografías que previamente había compartido de sus pizarrones, en los que explicaba física a sus alumnos con dibujos de “One Piece”, se volvieron virales. Sitios especializados en el cómic japonés, así como medios nacionales e internacionales, difundieron sus imágenes y elogiaron la creatividad con la que este ingeniero civil enseñaba a sus estudiantes.

Una de las fotos más difundidas fue la del pizarrón en el que explica el tiro parabólico con el personaje de Sogeking disparando una bandera. En ese esquema también incluyó vectores, ecuaciones y algunas bromas.

Castro es una muestra de que el conocimiento no siempre entra por la puerta solemne de los libros. A veces lo hace de manera inesperada: a través del trazo de una mano, de la chispa de una imaginación compartida y de la emoción de descubrir que el mundo también puede explicarse desde el asombro.

Castro tiene 30 años, es docente y fanático de One Piece. Trabaja en una escuela de Chilpancingo, Guerrero, en el suroeste de México, donde imparte matemáticas y física a estudiantes de preparatoria de entre 15 y 18 años.

El ingeniero civil cuenta en entrevista con CNN que la idea de volver la física una materia más accesible y menos compleja surgió, en gran medida, del rezago educativo que percibió en las escuelas donde trabajaba, un problema que afecta a más de 27 millones de personas en México y cuyas brechas más profundas se concentran en los estados de Chiapas, Michoacán y Guerrero, según datos del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA).

Entonces comprendió que debía recurrir a los dibujos para volver más claras algunas ideas. Al comienzo eran trazos sencillos de objetos cotidianos, como una pelota o un cohete.

“Al inicio los dibujos eran muy feos, lamentables, pero poco a poco fue una autoexigencia que el pizarrón tenía que verse bien, los chicos debían entender el diagrama que estaba ahí, porque si no iba a salir contraproducente”, recuerda.

Comenzó a dibujar para sus estudiantes hace poco más de ocho años —de los 10 que lleva como profesor— y, con el tiempo, mejoraron los diagramas, los colores y la distribución en el pizarrón. Sin embargo, con los años esa fórmula le pareció monótona y decidió incorporar algo nuevo.

“Pensé: ‘quiero hacer algo padre, algo distintivo’”, dice Castro. “En aquel momento estaba súper clavado con One Piece […] y un día que no hubo clases aproveché para ver la serie. Llegó un momento clave en el que dije: ‘guau, lo que estoy viendo es una belleza, quiero que los demás chicos lo vean’”.

Pero no podía pedirles que vieran los más de 1.000 episodios de la serie, así que empezó a tomar personajes y escenas relevantes para explicar fenómenos físicos e integrarlos en sus pizarrones. Una semana después, llegó el momento de explicar el tiro parabólico.

El profesor, originario de Guerrero, detalla que de los 45 alumnos del grupo apenas cinco o seis identificaron al personaje de Sogeking, pero muchos otros se interesaron por el dibujo y le dijeron que estaba bonito.

Agrega que busca que la enseñanza y el aprendizaje sean genuinos, que sus estudiantes no sientan que lo hace solo para agradarles. “A mí me gusta dar física, amo dar física y la parte de ciencia”, afirma.

Castro asegura que la difusión de su trabajo ha traído varios beneficios. Quizá el más importante, dice, es que sus estudiantes llegan a clase con mayor interés, se esfuerzan y prestan más atención.

“Hay muchachos que me reconocen, que han visto mis videos, los enseñan a otras personas, y llegan con ganas, ponen atención, se esfuerzan. La respuesta de ellos ha sido muy linda”, comenta.

Sin embargo, añade que después de la pandemia de covid-19 la actitud de muchos estudiantes cambió notablemente: los percibe apáticos, desmotivados y con cierto desdén hacia la ciencia, las matemáticas y los números. Por eso, explica, su manera de acercarlos a la ciencia no pasa por discursos largos, porque eso podría generar el efecto contrario.

Además de los dibujos, bromea con sus alumnos, conversa, les cuenta historias e incorpora juegos y dinámicas durante la clase.

Entre sus años como profesor, recuerda especialmente a un alumno que, según relata, era renuente a aprender física y a las clases en general.

“Era apático, era grosero, siempre estaba en su teléfono celular, tenía problemas con los maestros, y cuando empecé a darle clase veía su cuaderno, estaba bonito, tenía dibujitos, me preguntaba cosas, se emocionaba y me puse muy contento. No le puedes poner un número a eso”, cuenta con una sonrisa.

Mucho antes de que las fotografías de sus pizarrones se popularizaran en redes sociales, Castro ya las compartía como una especie de respaldo para recordar ciertos diagramas y temas que, con el tiempo, dejaba de explicar con frecuencia.

“De repente pensaba que tenía que dar una clase y no recordaba cómo era el pizarrón, entraba a mi Instagram y así podía hacerlo. Era más como una base de datos; mis pizarrones tenían 20 “likes” de mis conocidos, familia y algunos alumnos”, explica.

De tener apenas unos cuantos seguidores e interacciones en Instagram y TikTok, Castro pasó a acumular más de 70.000 seguidores y cientos de “likes” y comentarios en el contenido científico que comparte.

“A mí se me hacía una ñoñada lo que yo hacía. Me cayó de sorpresa, estaba abrumado”, dice.

Su historia llegó a distintas partes de México y a países como Estados Unidos, Brasil, España, Francia, Japón, Corea y Nepal, entre otros. Con esa popularidad también apareció el temor de quedar encasillado, de que se pensara que eso era lo único que sabía hacer. Pero no ocurrió así: se le abrieron nuevas oportunidades, incluidas invitaciones a conferencias, eventos de divulgación científica y espacios para hablar sobre su método de enseñanza.

La Copa del Mundo también le abrió una ventana para explicar conceptos como el enemigo invisible de Inglaterra en el Mundial para su encuentro con México, así como las vibraciones sísmicas provocadas por los goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez en el Estadio Ciudad de México durante el partido contra Ecuador.

Cuando se le pregunta qué imagen le gustaría dejar en sus estudiantes, Oliver Castro responde que no lo ha pensado demasiado. Sin embargo, reflexiona que no se trata tanto de él, sino de la física y de la ciencia.

“Más que recordarme a mí, me gustaría que recuerden la física, que es bellísima; con la física podría describir casi todo. Que sepan que no es una materia horrible, que no hay que tenerle miedo ni odio, y que si tuvieron una mala experiencia eso no los va a definir”.

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