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Las intrigas y desencuentros detrás de la enredada relación de Sheinbaum, Chihuahua, la CIA y Trump

Análisis por Mario González, CNN en Español

Hace 43 años, el periodista Manuel Buendía publicó el libro “La CIA en México”, que cimbró a la sociedad mexicana y sus círculos políticos. En el libro, Buendía expone la forma en que operaba la agencia de inteligencia estadounidense en territorio mexicano en labores contrainsurgentes, estableciendo alianzas con actores políticos, sociales e incluso criminales para conseguir sus objetivos y, como regla general, de manera encubierta. Sin duda, un libro de cabecera para periodistas y personas interesadas en estos temas.

El 30 de mayo de 1984, un año después de la publicación del libro, Buendía fue asesinado al salir de su oficina, por órdenes del entonces director de la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS), José Antonio Zorrilla Pérez, quien fue sentenciado a 35 años de prisión. La DFS era el principal órgano de inteligencia del Estado mexicano y, por obvias razones, uno de los enlaces más importantes con las agencias de inteligencia estadounidenses.

Todo esto lo traigo a colación porque me parece importante exponer que, en el contexto actual, cuando la relación de México y Estados Unidos pasa por un desencuentro en materia de seguridad por la presencia de agentes de la CIA en una operación encubierta, existen antecedentes en el pasado reciente y remoto que demuestran que el tema no es nuevo y tampoco los encuentros y desencuentros.

La muerte de dos agentes de la CIA en las remotas montañas de Chihuahua, en el norte de México, en un accidente automovilístico, ha desatado una fuerte tensión entre el gobierno de Claudia Sheinbaum y Chihuahua, estado gobernado por la opositora María Eugenia Campos, con repercusiones en la relación con Estados Unidos.

La tragedia, en la que también fallecieron dos agentes de la Fiscalía de Chihuahua, supondría un extraordinario ejemplo del compromiso y la cooperación de ambos países en el combate al narcotráfico porque, horas antes del accidente carretero, los cuatro agentes participaron, supuestamente, en el desmantelamiento de un complejo de laboratorios de drogas sintéticas. Fue uno de los golpes más grandes que se hayan realizado a estas instalaciones clandestinas en México, un país que hasta hace no mucho tiempo negaba que existieran estos laboratorios en su territorio.

Pero los hechos, en lugar de provocar palabras de reconocimiento al trabajo de los agentes fallecidos, derivaron en una serie de intrigas, tropiezos, versiones encontradas y silencios, que hablan de algo más grande que una simple falta de comunicación entre autoridades federales y estatales dentro de México, y entre el gobierno de Sheinbaum y el de Estados Unidos.

Y es que, al parecer, la operación encubierta de la CIA quedó exhibida por el accidente y la tragedia.

La madrugada del domingo 19 de abril, el vehículo en que viajaban los cuatro agentes, que era parte de un convoy de al menos seis automóviles, habría perdido el control y caído a un acantilado en la carretera de la Sierra Tarahumara. Los cuatro agentes eran parte de un gran operativo estatal y federal, en el que habrían participado más de 60 efectivos entre estatales y federales, entre ellos, del Ejército mexicano.

Una de las primeras reacciones ante la tragedia fue la del embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson. Pocas horas después del accidente, el diplomático escribió en X: “Estamos profundamente entristecidos por la trágica pérdida de dos miembros del personal de la Embajada de Estados Unidos, el director de la Agencia Estatal de Investigación de Chihuahua (AEI) y un oficial de la AEI en este accidente. Honramos su dedicación y sus incansables esfuerzos por enfrentar uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo. Nuestros pensamientos y oraciones están con ellos y sus seres queridos. Esta tragedia es un recordatorio solemne de los riesgos que enfrentan esos funcionarios mexicanos y estadounidenses dedicados a proteger nuestras comunidades. Fortalece nuestra determinación de continuar con su misión y avanzar en nuestro compromiso compartido con la seguridad y la justicia, para proteger a nuestra gente”.

Sin embargo, el lunes 20 de abril, la presidenta Sheinbaum aseguró en su conferencia matutina que su gobierno no estaba enterado de la presencia de agentes estadounidenses en el operativo antinarcóticos en Chihuahua. Expresó su pesar por la muerte de los agentes, pero destacó que la presencia de agentes de la CIA es un tema delicado porque estas acciones están expresamente prohibidas en la Constitución mexicana, donde se establece que estos asuntos son un tema de soberanía y seguridad nacional, ejes fundamentales para los estatutos del movimiento de la llamada “cuarta transformación” que gobierna México.

Para el mismo lunes, la versión del fiscal de Chihuahua, César Jáuregui, contradecía la supuesta intervención de los agentes de la CIA en el operativo. Según su versión, los agentes habían participado en un curso a nueve horas de distancia de los operativos contra los laboratorios clandestinos en la Sierra Tarahumara. ¿Y por qué iban en el convoy accidentado? Porque se encontraron en algún punto para llevarlos al aeropuerto para tomar un vuelo, aseguró.

Al día siguiente, Sheinbaum lo refutó. Dijo que los agentes sí participaron en el operativo antidrogas e insistió en que su gobierno no tuvo información al respecto. Para el miércoles, la mandataria dijo que había enviado una nota de extrañamiento a la embajada de Estados Unidos para que explicara por qué los agentes de la CIA participaron en el operativo sin informar a sus contrapartes en el gobierno federal y después agregó que llamaría a la gobernadora de Chihuahua para pedir una explicación, ante la posibilidad de que el gobierno estatal haya acordado por su propia cuenta la presencia de los agentes estadounidenses y se pudiese haber cometido una violación al marco constitucional.

Según Sheinbaum, la llamada a la gobernadora se hizo, pero no le contestaron. En todo caso, Campos se reunió con el secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, el jueves 23, sin que se ofrecieran detalles sobre el encuentro.

Entre las tantas declaraciones sobre el tema, Sheinbaum ha insistido en que no se trata de un asunto político contra la gobernadora, pero el tema ha generado muy intensos debates en el Congreso mexicano: el miércoles 22, la mayoría oficialista en el Senado aprobó citar a comparecer a Campos. Sin embargo, se trata de una “invitación” a comparecer porque el Senado no tiene las facultades para citar a un gobernador, de tal forma que Campos puede o no asistir.

Dentro de la discusión, el oficialismo ha puesto sobre la mesa llevar a juicio político a la gobernadora por posible violación a la Constitución y delitos tan graves como traición a la patria. La oposición ha respondido argumentando que hay otros gobernadores de Morena que deberían comparecer para explicar las acusaciones sobre sus presuntos vínculos con el narcotráfico.

Preguntada sobe este incidente, en entrevista con la cadena Fox News, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, declaró que al presidente Donald Trump le hubiese gustado una mayor empatía de la presidenta de México con los agentes caídos en el cumplimiento de su deber.

Para México es delicado porque precisamente esta semana ambos países comenzaron las negociaciones formales para la revisión del tratado comercial al que pertenecen junto con Canadá, el T-MEC.

Uno pensaría que el tema de seguridad no tiene que ver con una negociación comercial, pero desde el primer mandato de Trump está claro que todos los temas pueden mezclarse: migración, aranceles, seguridad y combate a las drogas son variables que pueden usarse indistintamente como fichas de negociación, según la doctrina de Trump. Y eso representa un enorme riesgo para los negociadores mexicanos. Sobre todo, cuando Trump ha reclamado reiteradamente que México no colabora de manera suficiente en el combate al narcotráfico y ha cuestionado la actitud tibia de Sheinbaum. Son muchas veces las que Trump se ha referido a la presidenta como una gran mujer y persona, pero que tiene miedo a los carteles de la droga que, según él, gobiernan México.

La colaboración contra el narcotráfico entre México y Estados Unidos se ha desarrollado bajo un muy delicado marco de protocolos y acuerdos para evitar violar las leyes de los países vecinos. También, por supuesto, se han registrado momentos de desconfianza entre gobiernos y agencias.

El episodio de la detención del líder del Cartel de Sinaloa, Ismael “Mayo” Zambada, es un buen ejemplo de esas desconfianzas que han provocado grandes fisuras y problemas de seguridad que hasta hoy tienen consecuencias. Y es que la detención de Zambada, el 25 de julio de 2024, se habría logrado gracias a un acuerdo entre las agencias de inteligencia de Estados Unidos y la familia de su exsocio y compadre, Joaquín “Chapo” Guzmán, según la versión del propio Mayo. En esta operación de “secuestro” de Zambada, como lo define el propio líder del cartel, las autoridades mexicanas no fueron informadas y no participaron de ninguna manera.

Sin duda, esa detención fue una de las más importantes de la última década, pero generó una ola de violencia en el norte del país que hasta ahora no tiene control, por la confrontación entre las dos fracciones del poderoso Cartel de Sinaloa.

Al iniciar su segundo mandato, Trump ubicó el combate al narcotráfico y particularmente el fentanilo en el centro de sus políticas. Declaró a los carteles de la droga como actores terroristas y más tarde al fentanilo como un arma de destrucción masiva. Esto tuvo implicaciones importantes en el marco legal estadounidense porque abrió la posibilidad de emprender acciones extraterritoriales contra las drogas, lo que anteriormente no se permitía. Por extensión, el mandato de la CIA de combatir el terrorismo se extendió al narcotráfico, relegando a la DEA en muchas operaciones.

Por supuesto, las acciones legales de Estados Unidos no tienen jurisdicción en México o en cualquier otro país soberano, pero para Washington estas acciones forman parte de su marco de actuación.

Sin duda, los tiempos y objetivos han cambiado pero, como vemos, hay cosas que se mantienen como hace más de 43 años, cuando Buendía describió las operaciones de la CIA en México. Y a pesar de todo esto hay cosas positivas que destacar: los golpes más importantes de los últimos años en materia de seguridad se han dado precisamente por la colaboración entre los gobiernos de Sheinbaum y Trump. Decomisos y capturas que han resultado en menos asesinatos en el lado mexicano y menos muertes por sobredosis en Estados Unidos.

Al final, más allá de los discursos, los resultados son los que hablan y hablarán.

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