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La temporada temprana del virus del Nilo Occidental preocupa a los CDC

Por Brenda Goodman, CNN

Gran parte de Estados Unidos soporta temperaturas récord, pero el Dr. Peter Hotez, especialista en enfermedades infecciosas de Houston, sale a caminar temprano por la mañana lo más cubierto posible: lleva una camiseta, una sudadera con capucha, un sombrero, pantalones deportivos, medias y calzado deportivo.

No es el calor lo que más le preocupa, sino los mosquitos.

“Mis vecinos me miran como si estuviera completamente loco por la forma en que voy vestido con este calor, pero no quiero contraer lo que tuvo Tony, que es una enfermedad bastante grave si tienes más de 65 años y te infectas con el virus del Nilo Occidental”, dijo Hotez, director del Centro para el Desarrollo de Vacunas del Hospital Infantil de Texas.

Ese “Tony” es el Dr. Anthony Fauci, exdirector del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, quien escribió que estuvo “más enfermo que nunca” después de contraer el virus del Nilo Occidental por la picadura de un mosquito en el patio de su casa en 2024.

Hotez tiene motivos para ser precavido. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), el país registra el inicio más temprano de la temporada del virus del Nilo Occidental en más de dos décadas.

En un año habitual, los casos comienzan a aumentar en julio y alcanzan su punto máximo en agosto y septiembre.

Sin embargo, este año, hasta el 30 de junio, los estados habían notificado 48 casos del virus del Nilo Occidental a los CDC y 38 de ellos —casi el 80 %— correspondían a enfermedad neuroinvasiva, una forma grave en la que el virus llega al cerebro. La última vez que la temporada comenzó tan temprano fue en 2004, año que terminó con más de 2.500 casos y 100 muertes.

Aunque esa cifra pueda parecer baja, la mayoría de los casos nunca se diagnostican porque muchas personas no desarrollan síntomas lo suficientemente graves como para buscar atención médica. Por ello, las cifras oficiales suelen reflejar únicamente los casos más graves.

“Básicamente, se puede multiplicar ese número por 30 y esa sería la cantidad real de personas enfermas”, explicó el Dr. Lyle Petersen, director de la División de Enfermedades Transmitidas por Vectores del Centro Nacional de Enfermedades Infecciosas Emergentes y Zoonóticas de los CDC.

Este año se ha detectado actividad del virus del Nilo Occidental en 23 estados, la cifra más alta registrada para esta época del año en una década, según los CDC. El indicador de “actividad” incluye pruebas positivas en mosquitos y otros animales.

Los adultos mayores de 60 años tienen un mayor riesgo tanto de contraer la infección como de desarrollar sus complicaciones más graves, entre ellas la inflamación de los tejidos que rodean el cerebro y la médula espinal.

“Estamos bastante preocupados por lo que pueda ocurrir”, afirmó Petersen. “Queremos que la gente piense desde ahora en el virus del Nilo Occidental y en cómo prevenir las picaduras de mosquitos, porque la situación no tiene buen aspecto”.

Petersen no solo es un experto en el seguimiento del virus del Nilo Occidental. También conoce de primera mano la enfermedad. Contrajo el virus mientras dirigía la respuesta de los CDC al brote de esta infección, detectada por primera vez en Estados Unidos en 1999, lo que le valió el apodo de “West Nile Lyle”.

“Estuve realmente enfermo; de verdad, muy enfermo. Ha sido la peor enfermedad que he tenido”, recordó Petersen.

“Durante unos 10 días estuve prácticamente en cama. Después de eso sufrí alrededor de seis meses de un agotamiento extremo”, contó.

“Fue terrible porque, en ese momento, realmente no sabíamos que el virus del Nilo Occidental podía provocar eso. Aunque yo corría maratones, apenas podía subir las escaleras de mi casa durante meses”.

Con el tiempo logró recuperarse. “Tuve suerte”, agregó, al señalar que muchas personas sufren complicaciones derivadas del virus del Nilo Occidental durante años.

El virus del Nilo Occidental tiene un comportamiento cíclico. Los casos en humanos suelen aumentar aproximadamente cada tres años, aunque resulta muy difícil predecir cuándo ocurrirá. Como las aves son el principal reservorio del virus que infectan a los mosquitos, que posteriormente pueden transmitir la enfermedad a las personas mediante sus picaduras, los científicos creen que la actividad del virus depende en gran medida de los periodos en que las poblaciones de aves tienen inmunidad frente al virus y de aquellos en que no la tienen.

La zona más afectada de Estados Unidos este año parece ser el condado de Maricopa, en Arizona, donde se han confirmado 29 casos, incluidos cuatro fallecimientos. Para la misma fecha de 2025, el condado había registrado solo 13 casos y una muerte, según el Departamento de Salud Pública del condado.

“A quienes viven en Arizona, especialmente en los alrededores de Phoenix, les diría que se tomen muy en serio la prevención de las picaduras de mosquitos”, afirmó el Dr. Daniel Pastula, jefe de enfermedades neuroinfecciosas y neurología global de la Universidad de Colorado Anschutz y de la Escuela de Salud Pública de Colorado.

Pastula explicó que no existen tratamientos específicos contra el virus del Nilo Occidental. Sí hay varias vacunas autorizadas para caballos y algunas vacunas para humanos se han evaluado en ensayos clínicos de fases iniciales con resultados prometedores, pero ninguna ha avanzado a ensayos clínicos de fase avanzada en personas.

En lugar de un tratamiento específico, la mejor protección sigue siendo la prevención, afirmó Pastula. Entre las principales recomendaciones se encuentran:

  • Eliminar las fuentes de agua estancada alrededor de la vivienda y el jardín, ya que sirven como criaderos de mosquitos.
  • Tratar con larvicidas el agua que no pueda eliminarse, como estanques y desagües pluviales.
  • Utilizar trampas para atraer y capturar mosquitos adultos.
  • Mantener la vivienda fresca con aire acondicionado y, de ser posible, mantener las ventanas cerradas.
  • Reparar los mosquiteros o mallas dañadas de puertas y ventanas.
  • Tratar la ropa y el equipo para actividades al aire libre con permetrina, un compuesto que repele y elimina mosquitos y garrapatas.
  • Utilizar repelentes de insectos registrados por la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), especialmente al amanecer y al atardecer, cuando los mosquitos están más activos.
  • Cubrir la piel expuesta con pantalones largos y camisas de manga larga cuando se permanezca al aire libre.

Por último, Pastula señaló que el Gobierno federal también puede desempeñar un papel importante mediante un mayor apoyo financiero a los programas locales de control de mosquitos y al desarrollo de vacunas.

“Mejorar el apoyo y el financiamiento para el desarrollo de vacunas, particularmente contra el virus del Nilo Occidental, es fundamental para ayudar a reducir la carga de esta enfermedad”, concluyó.

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