Trump ahora afirma que Irán ya fue desnuclearizado. Entonces, ¿cuál fue el propósito de la guerra?
Análisis de Aaron Blake, CNN
Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió declarar la guerra con Irán en febrero, justificó la ofensiva al señalar una supuesta amenaza nuclear inminente. Sin embargo, esa explicación siempre tuvo un problema: durante los ocho meses anteriores había sostenido que el programa nuclear iraní ya había sido “destruido por completo” el año pasado.
De hecho, apenas dos semanas antes del inicio de la guerra, Trump aseguró que los ataques de Estados Unidos e Israel de junio de 2025 habían dejado a Irán sin siquiera una “capacidad potencial” para desarrollar armas nucleares.
Ahora, mientras busca poner fin a una guerra cada vez más impopular, Trump está enviando señales aún más contradictorias sobre el estado de la amenaza nuclear iraní.
Después de más de cuatro meses de conflicto y de importantes costos para Estados Unidos y la economía mundial —todo ello con el objetivo, aún no cumplido, de obtener el material nuclear iraní y alcanzar un acuerdo que impida permanentemente que Teherán desarrolle un arma nuclear—, Trump sugiere ahora que nada de eso es realmente necesario.
El presidente sostiene que la guerra ya fue un éxito porque Irán ya fue desnuclearizado.
Según esa versión, el programa nuclear iraní habría vuelto, de forma casi automática, a estar “destruido por completo”, precisamente cuando los esfuerzos de Trump por alcanzar un acuerdo parecen estar desmoronándose.
Trump repitió ese argumento este miércoles durante la cumbre de la OTAN en Turquía.
Consultado sobre si la guerra había llegado a un “callejón sin salida estratégico”, respondió que no, porque ya había cumplido su objetivo.
“Fui allí por una sola razón: que Irán no pudiera tener un arma nuclear. Yo lo llamo desnuclearizar a Irán”, dijo Trump. “Y eso ya ocurrió; nunca tendrán un arma nuclear”.
El presidente afirmó que el material nuclear iraní está ahora “tan profundamente enterrado bajo una montaña” que resulta prácticamente imposible recuperarlo. También aseguró que Estados Unidos puede vigilar permanentemente las instalaciones nucleares mediante sistemas de monitoreo y verificar que nadie tenga acceso a ellas.
“No hay ninguna posibilidad de que tengan un arma nuclear”, añadió.
En otro evento, fue consultado sobre cómo planeaba obtener el material nuclear iraní. Trump respondió que, en la práctica, Estados Unidos ya lo tiene bajo control.
“Ya tenemos el material nuclear, porque está tan profundo bajo tierra”, afirmó. “Nadie podrá acceder a él excepto nosotros”.
Luego agregó: “Ellos no pueden obtenerlo”.
“Creo que es un éxito enorme”, insistió.
Hay dos aspectos importantes. En primer lugar, estas declaraciones constituyen una nueva señal de que Trump podría estar preparando el terreno para retirarse del conflicto con Irán sin haber alcanzado sus principales objetivos.
El Gobierno ha sostenido reiteradamente que obtener el material nuclear iraní era una condición indispensable. Hace apenas seis semanas, el secretario del Departamento del Tesoro, Scott Bessent, calificó ese objetivo como una “línea roja”.
Sin embargo, Trump también ha planteado de manera cada vez más evidente que quizá ya no sea necesario obtener ese material, dado que Irán no puede acceder a él y las instalaciones pueden ser vigiladas desde el espacio.
Pero quizá la cuestión más importante es que estas declaraciones vuelven a plantear serias dudas sobre las justificaciones originales para comenzar la guerra y sobre si el conflicto comenzó —y continuó— bajo argumentos que no se sostienen.
Las explicaciones de Trump ya eran contradictorias desde los primeros días del conflicto, y no únicamente por sus afirmaciones de que el programa nuclear había sido “destruido por completo”. El Gobierno también ha ido modificando constantemente los objetivos de la guerra, llegando a plantear hasta cuatro metas distintas. Además, las primeras amenazas de Trump de iniciar una guerra, formuladas en enero, no estaban centradas en la amenaza nuclear, sino en un cambio de régimen, un objetivo que posteriormente también aseguró haber logrado tras la muerte de determinados líderes, aunque eso no equivale realmente a un cambio de régimen.
Ahora, la afirmación de Trump de que Irán ha quedado desnuclearizado de manera permanente resulta aún más difícil de conciliar con los hechos.
Es posible que los ataques realizados durante esta guerra hayan dificultado todavía más el acceso al material nuclear.
Sin embargo, los ataques más importantes contra las instalaciones nucleares iraníes ocurrieron en junio de 2025, cuando Trump afirmó por primera vez que el programa nuclear había sido “destruido por completo”. Además, las principales operaciones militares de esta guerra concluyeron hace tres meses, cuando se anunció el primer cese del fuego el 7 de abril.
Si el material nuclear iraní está ahora tan profundamente enterrado que el programa prácticamente ha quedado inutilizado y ya no hace falta un acuerdo, ¿por qué esa situación no existía hace tres meses? ¿Por qué el Gobierno dedicó todo este tiempo a negociar un acuerdo nuclear y sostuvo que aún necesitaba obtener ese material? ¿Por qué no limitarse a seguir atacando las instalaciones nucleares para enterrarlo todavía más, si eso bastaba para alcanzar el objetivo?
Nada de eso parece tener sentido.
Todo apunta a una posibilidad mucho menos convincente: que Trump haya perdido la paciencia con la guerra y reconozca que difícilmente logrará un acuerdo favorable. Irán, de hecho, no parece mostrar interés en negociar, a juzgar por las reiteradas violaciones del alto el fuego que se le atribuyen. En ese contexto, podría resultarle conveniente comenzar a presentar su salida del conflicto como un éxito, pese a que muchos de sus objetivos no se hayan cumplido.
Pero también vale la pena preguntarse qué significaría eso para el resultado de la guerra.
No solo implicaría que Trump no alcanzó sus objetivos, sino que el conflicto habría generado costos muy elevados con escasos beneficios.
Además de la muerte de 13 integrantes de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos durante el conflicto, entre las principales consecuencias figuran el impacto económico registrado en los últimos meses y la capacidad demostrada por Irán para controlar el estrecho de Ormuz. Este último factor, en particular, podría tener profundas repercusiones para el futuro de Medio Oriente y de la economía mundial.
Y, a juzgar por las declaraciones más recientes de Trump, cada vez parece más probable que ese termine siendo el legado más importante de esta guerra.
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