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¿Cuánto daño ha causado la guerra con Irán a la economía de EE.UU.?

Por David Goldman, CNN

La economía de Estados Unidos parece estar en problemas.

La guerra con Irán ha llevado los precios del petróleo y la gasolina a sus niveles más altos en cuatro años. Eso reavivó la inflación y borró los aumentos salariales que los estadounidenses habían tenido durante el último año. La confianza del consumidor está en mínimos históricos.

Pero la economía de EE.UU. es una enorme maquinaria de US$ 31 billones. A pesar de las crecientes preocupaciones por el costo de vida, que han llevado a los consumidores estadounidenses de la frustración al enojo, la guerra con Irán no ha afectado de manera significativa sus hábitos de consumo ni sus perspectivas laborales.

Hay que mirar con lupa para encontrar daños en los indicadores económicos más amplios y tradicionales de Estados Unidos. Aun así, el panorama sigue siendo incierto. El estrecho de Ormuz no muestra señales de reapertura y algunos estadounidenses podrían estar llegando a su límite.

Comencemos con el indicador más amplio de la economía: el producto interno bruto, que sigue creciendo con solidez. El problema es que se trata de un indicador rezagado. La cifra más reciente corresponde al primer trimestre del año, que incluyó apenas un mes completo de la guerra con Irán.

El empleo creció de manera constante durante los dos primeros meses de la guerra y la tasa de desempleo se mantuvo baja. De hecho, el crecimiento del empleo en marzo fue el más alto en dos años, desafiando las expectativas de los economistas. Los analistas han señalado que el mercado laboral se ha desacelerado recientemente y que los datos de los últimos dos meses estuvieron distorsionados por la recuperación tras el cierre del Gobierno y otros efectos temporales, incluidas grandes huelgas laborales.

Las ventas minoristas crecieron de forma significativa en marzo, impulsadas por el aumento de los precios de la gasolina, que luego se estabilizaron en abril. Pero cada mes, incluso excluyendo los precios de la gasolina, los consumidores siguieron gastando un poco más de lo esperado. De hecho, en abril el llamado grupo de control —que excluye categorías volátiles como la gasolina— creció casi un 0,5 %. Eso muestra que los consumidores siguen comprando pese a los altos precios del combustible.

Aquí es donde comienzan a aparecer algunos problemas: la inflación alcanzó en abril su nivel más alto en tres años. Esto estuvo impulsado principalmente por los precios de la gasolina, pero la inflación comienza a extenderse al resto de la economía. Los precios de los alimentos aumentaron un 3,2 % en el último año y las tarifas aéreas subieron un 20,7 %.

Los estadounidenses acaban de atravesar la peor crisis inflacionaria en cuatro décadas, por lo que no sorprende que muchas personas sigan descontentas con la economía, aunque la inflación esté lejos de los niveles de 2022. Aún no nos hemos acostumbrado a ese impacto: sigue resultando incómodo pagar US$ 15 por un sándwich, incluso si durante los últimos tres años los salarios habían crecido más rápido que la inflación.

Eso cambió el mes pasado: la inflación aumentó más rápido que el salario promedio de los estadounidenses durante el último año. En otras palabras: la inflación se comió el aumento salarial por primera vez desde 2023. Eso significa que muchas personas deben recurrir más a sus ahorros o endeudarse para pagar la misma canasta de productos que hace un año. Sin embargo, esto afecta principalmente a los estadounidenses de ingresos bajos y medios. Los salarios de las personas con mayores ingresos siguen creciendo muy por encima de la inflación: sus aumentos salariales anuales compensaron 17 veces el incremento del precio de la gasolina, mientras que los salarios de las personas de menores ingresos apenas alcanzaron para cubrir el alza del combustible, según el Instituto Bank of America.

La fuerte demanda relacionada con la inteligencia artificial y las ganancias corporativas han llevado las acciones a niveles récord, pero los bonos han caído por las crecientes preocupaciones sobre la inflación. Eso llevó el rendimiento de referencia de los bonos del Tesoro de EE.UU. a 10 años a su nivel más alto en más de un año. Tasas más altas podrían elevar aún más los intereses hipotecarios, mantener congelado el mercado de la vivienda e impedir que muchas personas puedan acceder al llamado sueño americano.

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