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No solo de petróleo se vive: los otros problemas que necesitan atención para poder “administrar Venezuela”

Análisis por Dinorah Rosas, CNN

Administrar Venezuela es mucho más que reconstruir la industria petrolera, algo que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sostiene que las empresas de su país podrían hacer en menos de 18 meses.

El deterioro social, económico e institucional ha sido tan grande en 26 años que lograr el objetivo principal de Washington depende también de factores que están, necesariamente, a primera vista. Y que no se resuelven con una orden desde Mar-a-Lago.

En primer lugar, la infraestructura energética venezolana, especialmente a la escala que necesitan las grandes instalaciones, tendría que funcionar plenamente. Para ello hace falta recuperar varias turbinas y otros componentes de la represa del Guri, en el río Caroní del sureño estado Bolívar. Se trata del principal sistema hidroeléctrico del país y data de los años 60. La idea era que terminara suministrando energía incluso a varios países de la región, pero las sequías, la falta de mantenimiento y otros problemas técnicos, entre otras razones, han mermado la capacidad de generación.

Los apagones resultantes tuvieron su peor episodio en 2019, con el más largo de la historia en Venezuela.

El sistema de respaldo es el termoléctrico, con varias plantas regionales a diésel y a gas, pero no alcanzan a cubrir la demanda regular, mucho menos un alza súbita que provendría de la industria.

Venezuela figura entre los 15 países con más reservas de agua dulce del mundo. Comenzando con el Orinoco, los ríos y lagos podrían satisfacer las necesidades de los poco más de 31 millones de venezolanos (sin contar los que se han ido).

Pero, además de que muchos de estos recursos hídricos están en zonas de difícil acceso, los consumidores sufren una fuerte escasez desde hace décadas y se enfrentan al suministro de agua contaminada. Igual que en el sector eléctrico, la falta de inversión (incluso antes del chavismo) y el empleo de personal no necesariamente preparado influyen en la crisis.

De la mano de la electricidad y el agua van las telecomunicaciones. La modernización de las redes y servicios fue decayendo a partir de los 80, cuando la devaluación del bolívar y la baja de los precios del crudo comenzaron a encarecer toda inversión en Venezuela.

El Gobierno de Carlos Andrés Pérez privatizó CANTV, la empresa telefónica nacional. En los 90 llegaron los celulares y se dieron otros avances. Todo ello se detuvo cuando Hugo Chávez la compró de nuevo. El acceso a internet de alta velocidad va a paso de tortuga o es muy costosa.

En esta área, además, se ha documentado el bloqueo sistemático de servicios internacionales con mensajes contrarios al Gobierno, así como el monitoreo de quienes sean considerados opositores.

Las calles de Venezuela se volvieron cada vez más peligrosas desde mediados de los años 80. Los índices de pobreza y inflación mostraron su peor cara y también el crimen. Esto no se detuvo con Chávez ni con Maduro y los barrios más marginales se han llevado la peor parte, especialmente en las principales ciudades.

Hay un componente adicional, surgido luego del intento de golpe de Estado de 2002: las bandas paramilitares llamadas “colectivos”. Funcionan como una fuerza informal de control ciudadano. Responden, en última instancia, al Ministerio de Relaciones Interiores. ¿Podrá la administración de Trump garantizar la seguridad del personal estadounidense?

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