Trump quiere volver a centrar la atención de los votantes en la economía. Quizás se arrepienta
Análisis de Allison Morrow, CNN
El presidente Donald Trump, que enfrenta una creciente reacción negativa por el comportamiento de sus agentes de inmigración, viajó el martes a Iowa con la esperanza de cambiar el tema de la conversación. Tal vez sus asesores concluyeron que la mejor estrategia es volver a lo básico y recordarles a los votantes por qué lo reeligieron: ¡la economía!
Fue un momento de “hey, miren hacia acá”, en el que Trump se apegó en gran medida al guion y declaró una victoria inequívoca, repitió su falsa afirmación de que los precios de los alimentos han bajado y, en general, se quejó de lo injusto que es que no todos estén de acuerdo con él sobre lo bien que marcha su economía.
Y quizá eso se deba a que esta economía no tiene mucho sentido.
Consideremos que todas estas cosas son ciertas al mismo tiempo:
- Las acciones cotizan en máximos históricos.
- La confianza del consumidor está por los suelos.
- El dólar estadounidense se debilita, mientras que el oro y la plata han superado récords.
- La contratación está estancada y la inflación, pese a lo que afirma el presidente, está prácticamente en el mismo nivel que hace un año, cuando Trump asumió el cargo.
Históricamente, estas cosas no suelen ocurrir al mismo tiempo. Si las acciones están en máximos históricos, el oro suele ser barato. Si la contratación está paralizada, las acciones normalmente no alcanzan niveles récord. Y el factor más importante detrás de todo ello es el estilo de gestión, digamos, único de Trump.
Tomemos como ejemplo el mercado de valores.
La tendencia de Trump a retractarse de sus amenazas arancelarias más extremas dio origen a la llamada operación T.A.C.O, un acrónimo en inglés de “Trump Always Chickens Out” (“Trump siempre se acobarda”). Trump lanza una amenaza, el mercado cae, y los inversores más inteligentes quedan aún mejor posicionados cuando el mercado inevitablemente se recupera después de que él retrocede. Voilà: la operación TACO.
Y no es la peor apuesta del mundo. Un análisis de Bloomberg Economics concluyó que el presidente cumple sus amenazas arancelarias aproximadamente una cuarta parte de las veces, mientras que el 43 % han sido retiradas o pospuestas indefinidamente. La lección para Wall Street es bastante simple: ignorarlas. Los inversionistas tienen muchos otros factores que considerar al decidir dónde colocar su dinero.
Por ahora, el S&P 500 sigue en alza pese a la política arancelaria cambiante de Trump.
Sin embargo, fuera del mercado de valores es donde la ansiedad del mercado es palpable. El dólar estadounidense cotiza cerca de su nivel más bajo en cuatro años, impulsado en parte por cambios erráticos en la política (véase también: Groenlandia) que han desconcertado a los inversionistas globales.
Un dólar débil no es necesariamente algo negativo: puede hacer que las exportaciones estadounidenses sean más competitivas y dar un impulso a los fabricantes nacionales. Pero eso no es exactamente lo que está ocurriendo. La manufactura en EE.UU., el sector que Trump prometió fortalecer, se ha estado contrayendo de forma constante, con la pérdida de unos 63.000 empleos el año pasado, ajustados por estacionalidad.
La rápida depreciación del dólar indica que los inversionistas de todo el mundo están reduciendo su exposición a la volatilidad de la política estadounidense. Por eso la plata y el oro han estado alcanzando máximos históricos consecutivos.
Ese repunte no es una típica “operación de seguridad”, señaló Peter Boockvar, economista independiente y estratega de mercado, en una nota. “Refleja un cambio tectónico en dónde los participantes globales se sienten más cómodos colocando su dinero”.
En Main Street, el caos trumpiano está teniendo un efecto similar. La confianza del consumidor, según al menos un índice publicado por la organización sin fines de lucro Conference Board, se encuentra en su nivel más bajo desde 2014. El mercado laboral ha estado prácticamente estancado durante el último año, mientras las empresas esperan ver cómo y en qué medida los aranceles afectan a la economía.
El número de puestos de trabajo disponibles en EE.UU. en noviembre alcanzó su nivel más bajo en más de un año, una tendencia que se repitió en casi todos los sectores, con excepción del comercio minorista y la construcción.
En resumen: cuando las acciones están en alza, suele ser un reflejo de una economía sólida, en la que las empresas se expanden y los trabajadores se sienten confiados en su capacidad para pagar sus cuentas, ahorrar para el retiro o tomar vacaciones.
Pero nuestros indicadores de referencia actuales están distorsionados por la incertidumbre que impregna las salas de juntas, las salas de negociación y las innumerables conversaciones sobre presupuestos en las mesas de cocina.
Trump puede estar ansioso por desviar la conversación nacional de lo que ocurre en Minnesota. Pero la economía no es precisamente la historia optimista que él parece creer.
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