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Un bote, 45 días y un océano: el equipo mexicano que cruzó el Atlántico para inspirar a más mujeres

Por Karen Esquivel, CNN en Español

Durante 45 días, el Atlántico fue horizonte y adversario. Cuatro mujeres, mexicanas, avanzaron a pulso sobre una franja infinita de agua salada, turnando el remo mientras el sol quemaba y la noche traía lluvia y viento. No solo buscaban llegar al otro lado, querían demostrar que la fuerza, la resistencia y el valor tienen voz femenina.

Ana Lucía Valencia, Andrea Gutiérrez, Eugenia Méndez y Lucía Muriel completaron una travesía que convirtió a Oceanida, su equipo, en el primero femenino de México y América Latina en cruzar el Atlántico a remo. Una hazaña deportiva que llevó consigo una bandera más poderosa: la equidad de género.

“Nuestra motivación principal es poder inspirar y apoyar a que más mujeres crucen sus propios océanos en equidad de oportunidades. Porque sabemos que no todas empezamos en la misma línea de salida”, dice a CNN Ana Lucía Valencia.

El reto que las llevó a hacer historia es la carrera El Cruce, organizada por la compañía española Atlantic Campaigns SL, en la que participan equipos de todo el mundo con la isla La Gomera, en las Islas Canarias, como punto de partida hasta Antigua y Barbuda, en el Caribe, como la meta.

Es uno de los desafíos físicos y mentales más duros del mundo. Los participantes reman más de 4.800 kilómetros, enfrentan jornadas extenuantes, olas que alcanzan hasta seis metros de altura, vientos, aislamiento total y temperaturas extremas con un bote sin motor como su único hogar.

La idea de aventurarse a una prueba de esa magnitud nació de un documental sobre seis mujeres que cruzaron el océano Pacífico en nueve meses. Al verlo, se encendió en Eugenia Méndez –25 años– una chispa que la llevó a investigar si era posible y cómo hacerlo. Entonces decidió formar su propio equipo para cruzar el Atlántico.

A pesar de que ninguna de las cuatro había remado antes, ninguna dudó en unirse a la aventura.

Eugenia y Ana Lucía se conocieron durante una visita al Nevado de Toluca en la que la segunda era guía de senderismo, hablaron sobre el proyecto y Ana Lucía –30 años– no dudó un segundo en aceptar. “Fue un ‘sí’ instantáneo muy claro, muy poco racionalizado y más desde la intuición”, recuerda.

Andrea Gutierrez –26 años– se unió unos meses después. Ella y Eugenia eran amigas de la infancia y cuando conoció el plan, aceptó sin pensarlo. “¿Dónde te firmo?”, le preguntó a Eugenia.

Con ellas tres comenzó Oceanida, nombre que eligieron en referencia a los dioses grecorromanos conocidos como “oceanidas” que eran los guardianes del agua. “Fue una analogía que nos gustó porque parte de nuestra misión es el cuidado del océano”, señala Ana Lucía.

Lucila Muriel –34 años– se enteró de Oceanida por redes sociales y personas en común con Eugenia, pero entonces el equipo ya tenía a sus cuatro integrantes y fue hasta un par de años después que una de ellas salió y se abrió la oportunidad de ser parte del equipo.

En 2023, con las cuatro a bordo, comenzó la preparación física y mental que incluyó horas en el gimnasio y la máquina de remo, expediciones en el agua, sesiones de terapia grupal y talleres de comunicación asertiva para afrontar el desafío: una prueba que exigía convivir con el cansancio, el estrés y la fuerza del mar.

El proceso de entrenamiento en agua fue de prueba y error debido a que no tenían experiencia previa en remo ni un entrenador que pudiera guiarlas porque nadie en México había hecho una travesía similar.

Andrea, Ana Lucía y Lucila cuentan a CNN que la primera vez que se subieron a “La Chalupa” –el bote en el que hicieron el cruce trasatlántico– dieron vueltas en círculos por horas porque tenían el timón al revés, pero después de aciertos y errores sumaron horas de práctica en el mar y expediciones que les dio confianza en sí mismas y en sus compañeras.

El tiempo de preparación, dicen, las unió como equipo. Después de difíciles trámites burocráticos, conseguir patrocinios y reunir el dinero para cumplir su propósito, se dieron cuenta del aprendizaje y la experiencia que acumularon.

Otro objetivo de Oceanida era cuidar su impacto en el océano y para lograrlo contaron con patrocinios para llevar su comida en empaques compostables, comida a granel, reciclaje de empaques, intentaron minimizar la basura que llevaban, y consiguieron equipo de segunda mano.

La travesía inició el 14 de diciembre de 2025 y terminó el 27 de enero pasado. Las primeras horas en el mar fueron una combinación de diversión, adaptación y hermandad.

“A todas nos fue fatal el primer día –dice Lucila– fuimos cayendo como soldaditos uno tras otro. Ana tenía mareo y vómito, a Andrea le dio un cansancio que terminó dormida en donde estaban los paneles. Luego Eugenia y yo cambiábamos turno para vomitar, parecía una fiesta de vómito. Fue muy divertido”.

Andrea detalla que las lágrimas la acompañaron por días: “La primera semana y media yo lloraba todas las mañanas y las noches las amaba porque mi cuerpo entraba en modo supervivencia: entonces yo remaba y disfrutaba mucho, pero cuando amanecía otra vez lloraba.

Con el transcurso de los días, las cuatro lograron acoplarse a su nueva realidad y apoyarse entre sí. Durante los 45 días de travesía cada una remaba 12 horas diarias. Dormían en turnos, enfrentaron tormentas, viento, cansancio y dolor físico que las pusieron a prueba mentalmente. Convivir en una pequeña embarcación, el aislamiento y la inmensidad del mar pusieron a prueba su cuerpo y carácter.

Pero hubo también momentos que recuerdan con una sonrisa: para Ana Lucía fue la luna llena de enero. “Nunca voy a olvidar esa luna, ese momento porque era una luna gigantesca”, detalla.

Para Lucila fue la noche de Navidad con olas enormes y la primera vez que vio un pez volador: “Estaba remando y de repente sale del mar una cosita y empieza a volar, yo estaba sorprendida. Fue algo increíble”.

Entre los muchos aprendizajes y sentimientos de su aventura, Ana Lucía destaca el orgullo de ser las primeras mujeres mexicanas y latinoamericanas en terminar El Cruce y la responsabilidad que eso conlleva.

“Muchas veces las mujeres tenemos que empezar mucho más atrás que los hombres o tenemos muchos más obstáculos que sobrellevar en nuestros caminos y ser ese referente para que otras mujeres se avienten a soñar con lo imposible, me llena el corazón”, dice Ana Lucía.

Lucila agrega que se siente honrada de saber que están inspirando a que otras mujeres sigan sus sueños o salgan de situaciones difíciles. “También queremos llevar el mensaje de que no necesitas ser alguien extraordinario para hacer algo extraordinario.
Puedes ser cualquier persona y lograrlo”.

En América Latina la conversación sobre equidad de género avanza, pero las brechas persisten con fuerza estructural. Tan solo en el ámbito deportivo, las mujeres enfrentan una mayor brecha salarial, desigualdad en inversión y patrocinio y una cobertura mediática inferior a la del género masculino, según Unicef.

En este contexto, la hazaña de Oceanida es importante en una región donde cada avance femenino implica remar contra la desigualdad y recuerda el llamado a transformar normas, instituciones y prácticas para garantizar la igualdad de género y asegurar que solo el talento y esfuerzo definan las posibilidades de cada mujer.

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