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Trump dice que EE.UU. dialoga con una figura “respetada” en Irán. Podría ser alguien con historial de reprimir la disidencia

Por Tim Lister y Leila Gharagozlou, CNN

El funcionario iraní del que se habla como un posible interlocutor con el Gobierno de Trump alguna vez se jactó de que personalmente golpeó a manifestantes cuando era un joven comandante policial en la República Islámica.

Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del parlamento iraní, nunca ha sido tímido respecto de su papel en la represión de los desafíos a la República Islámica.

“Hay fotografías mías disponibles que me muestran en la parte trasera de una motocicleta… golpeando (a los manifestantes) con palos de madera… Yo estaba entre quienes llevaban a cabo golpizas a nivel de calle y estoy orgulloso de eso”, se escucha decir a Ghalibaf en una grabación de audio de 2013 sobre protestas de años anteriores.

En las últimas semanas, mientras la campaña bélica estadounidense-israelí ha matado a muchos de los principales líderes de Irán, él ha surgido como una de las figuras civiles sobrevivientes de más alto rango, parte de un grupo cada vez más reducido de funcionarios que ahora dan forma a la respuesta del país.

Para Ghalibaf, de 64 años, la seguridad de la República Islámica siempre ha sido la prioridad. Sus declaraciones públicas enfatizan la resistencia, la fortaleza nacional y la necesidad de enfrentar la presión externa en lugar de llegar a compromisos.

No sorprende entonces que ahora emita declaraciones casi a diario a través de las redes sociales en desafío a Estados Unidos e Israel.

El presidente Donald Trump dijo el lunes que EE.UU. mantenía “conversaciones muy fuertes” y que estaba “tratando con el hombre que es más respetado” en Irán, pero se negó a nombrarlo.

“Lidiamos con algunas personas que me parecen muy razonables, muy sólidas”, le dijo Trump a Kaitlan Collins de CNN. “La gente de adentro sabe quiénes son, son muy respetados, y tal vez uno de ellos sea exactamente lo que estamos buscando”.

Algunos reportes dijeron que se refería a Ghalibaf, quien a las pocas horas negó que hubiera negociaciones entre Teherán y Washington.

Publicó en X: “No se han llevado a cabo negociaciones con EE.UU., y se utiliza información falsa para manipular los mercados financieros y petroleros y escapar del atolladero en el que EE.UU. e Israel están atrapados”.

A lo largo del conflicto, ha utilizado con frecuencia las redes sociales para provocar a Trump y demostrar una línea dura sobre las condiciones de Irán para poner fin a la guerra.

“Sin duda no estamos buscando un alto el fuego. Creemos que el agresor debe ser castigado y recibir una lección que lo disuada de atacar a Irán nuevamente”, dijo en X el 10 de marzo.

Ghalibaf también fue prominente antes de que estallara la guerra, advirtiendo que un conflicto así se extendería por toda la región.

“Cualquier guerra en la región no sería de corta duración y no se limitaría a una sola parte ni a una geografía específica”, le dijo Ghalibaf a Frederik Pleitgen de CNN a finales de enero.

Los expertos dicen que tiene conexiones en todos los centros de influencia del régimen que le otorgarían un papel crucial en cualquier acuerdo negociado.

“Él es el tipo que dirige el espectáculo”, dijo Hamidreza Azizi, del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad.

Ghalibaf está menos interesado en la ideología que en el poder y a veces muestra un toque maquiavélico, agregó Azizi. “Para él, el fin justifica los medios”, le dijo a CNN, señalando sus perspectivas cambiantes durante años sobre asuntos económicos y otros temas.

A lo largo de una vida de servicio a la República Islámica, Ghalibaf se ha convertido en el consumado hombre del régimen, invariablemente leal a la Revolución Islámica de 1979 y partidario de sus ambiciones regionales.

Cuando era adolescente, se unió al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés) durante la guerra Irán-Iraq en la década de 1980.

Eso marcó el inicio de una asociación de por vida con el IRGC, que ha evolucionado hasta convertirse en una fuerza poderosa para reprimir la disidencia en el país y proyectar la influencia de Irán en el extranjero.

Ghalibaf luego comandó la fuerza aérea del IRGC y se ha jactado de sus habilidades como piloto. Un video de octubre de 2024 lo muestra a los mandos de una aeronave que se aproxima a Beirut en medio de ataques aéreos israelíes.

Azizi lo describió, ante todo, como un funcionario de “seguridad primero”.

Ghalibaf participó en la represión de las protestas estudiantiles a favor de reformas en 1999 y estuvo entre los comandantes del IRGC que advirtieron al entonces presidente Mohammad Khatami, un reformista, que los disturbios amenazaban la seguridad nacional y podrían obligar a los Guardianes a intervenir. Supervisó la represión de nuevas manifestaciones estudiantiles en 2003 como jefe de la policía y ocupó un alto cargo de seguridad durante las protestas generalizadas que siguieron a las disputadas elecciones de 2009.

Sin embargo, Ghalibaf también tiene fama de ser un gerente eficaz gracias a un periodo de 12 años como alcalde de Teherán, durante el cual modernizó la infraestructura de la capital y supervisó ambiciosos programas de vivienda, así como la creación de espacios verdes.

Azizi, que vivía en Teherán en ese momento, dijo que Ghalibaf proyectaba una imagen de competencia gerencial.

Pero su gestión como alcalde estuvo marcada por frecuentes acusaciones de corrupción, que resurgieron hace cuatro años cuando su familia quedó bajo escrutinio por importantes activos declarados en el extranjero.

Ghalibaf ha albergado durante mucho tiempo ambiciones de ocupar un cargo más alto. Se postuló sin éxito a la presidencia varias veces, pero terminó dividiendo el voto conservador. En las elecciones del año pasado, quedó en un distante tercer lugar, con alrededor del 14 % de los votos.

Su base de poder, en cambio, se ha convertido en el Parlamento de Irán, donde se ha desempeñado como presidente desde 2020, gracias en parte al apoyo del líder supremo Ali Jamenei, quien murió en un ataque aéreo el primer día de la guerra iniciada por EE.UU. e Israel.

En su carrera, Ghalibaf se ha mantenido estrechamente alineado con Jamenei y el IRGC, y en ocasiones ha chocado con otras figuras conservadoras, incluido el expresidente Ibrahim Raisi. Fue uno de los primeros partidarios del hijo de Jamenei, Mojtaba, quien ahora ha sucedido a su padre, incluso cuando se consideraba que el Jamenei más joven tenía pocas posibilidades de asumir el cargo.

Ghalibaf también está vinculado al nuevo líder supremo por lazos familiares. Es pariente de la madre de Mojtaba, quien murió a causa de las heridas sufridas en el ataque israelí que mató a su esposo el 28 de febrero.

Si efectivamente asume el papel de negociar en nombre de Irán, su historial muestra que buscará la disuasión y la fortaleza, más que el compromiso.

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